PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimecres, 6 de juny de 2012

NOVEDAD EDITORIAL

Acaba de salir a la luz el libro de poemas de Ester Astudillo, La semántica del día (The Semantics of the Day), editado por Devenir (Madrid, 2012). Es una recopilación de poemas escritos en dos versiones, en castellano y en inglés, cada cual con sus particulares matices.


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Texto del Prefacio

Éste que tienes en las manos es un proyecto poético que lleva largo tiempo gestándose y que incorpora, todo sea dicho, cierta dosis de excentricidad. No sólo porque recoge poemas escritos a lo largo de más de dos años y que han sido seleccionados por su relevancia con respecto al título del poemario, La semántica del día, sino también porque las lenguas de creación poética de quien suscribe estas líneas son dos, el castellano y el inglés, de modo que las versiones originales, que no fueron concebidas ni en bloque ni con la finalidad de ser publicadas en conjunto, no compartían idioma.
       A partir del deseo, mucho más reciente que el nacimiento de estos poemas, de publicar al modo tradicional –es decir, en papel– algunos de ellos, y después de organizarlos y ordenarlos con cierto hilo conductor, se hizo evidente la falta de homogeneidad lingüística. Y también, y muy meridianamente, que ello suponía un grave escollo para persistir en el proyecto: si ya de por sí resulta difícil publicar poesía en cualquier lengua, ¿qué decir tiene si le añadimos al intento el bilingüismo no acompañado de
traducción?
       Sin embargo, el deseo de ver los poemas impresos y encuadernados me hizo perseverar y vislumbré una posible solución que haría más «convencional» –editorialmente convencional– el proyecto: traducir todos los poemas seleccionados a la otra lengua; traducción directa en el caso de los originales en inglés, traducción inversa –¡todo un reto!, especialmente teniendo en cuenta que en ocasiones la traducción distaba meses del momento de escritura– en el caso del castellano. De modo que manos a la obra y... aquí está el resultado.
        Después de todo, hay un rasgo claramente distintivo en esta compilación: no es habitual que un creador se traduzca a sí mismo, y menos en lenguas tan dispares como el inglés y el castellano. Incluso en el caso de la traducción poética entre lenguas que podemos considerar «hermanas», es mucho más habitual que sea una tercera persona, un traductor literario, a quien se le haga el encargo.
          Que creador y traductor se fundan en una misma persona, ¿es una ventaja o un inconveniente a los efectos de la calidad de la traducción? No ejerzo profesionalmente de traductora literaria, de modo que mi juicio sobre la labor parte sobre todo del hecho de ser traductora literaria de mí misma. Y debo decir que la tarea ha sido ardua: el juez es exigente y sabe perfectamente cuál es el resultado deseado. Probablemente, tal y como lo veo ahora, cuanto se gana en «fidelidad íntima» por la fusión de las dos personas se pierde en «estrechez de miras» por el mismo motivo.
          Ahora bien, y eso sí cabe puntualizarlo: las traducciones aquí incluidas no son en absoluto literales, dicho sea en el mejor de los sentidos; pretenden ser fieles, sí, pero al objetivo que persigue toda la poesía, transmitir sensaciones, sensaciones diferentes con cada poema, y trasladarlas adecuadamente de una lengua a otra en el caso de la traducción.
         Sin duda, eso es lo que pretenden también todos los traductores poéticos «al uso». Lo cierto es que en el caso de este poemario os puedo asegurar que la traductora ha gozado de la máxima libertad posible: no estaba expuesta a la amenazante presencia del «autor» tras ella que pudiera acusarla de desleal o, más osadamente, tacharla de traidora, como sugiere la popular máxima Traduttore, traditore. Si el objetivo ha sido conseguido con un mínimo de dignidad, que sea el lector quien lo juzgue.

Ester Astudillo



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