PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimecres, 20 de novembre de 2013

JORNADAS DE FILOSOFÍA POLÍTICA (UB) 2013

BARCELONA, 25-28 DE NOVIEMBRE DE 2013

FACULTAD DE FILOSOFÍA DE LA UB


En nuestros días marxismo y postmodernismo son las dos corrientes filosóficas que tienen algo que decir del presente y del futuro; por razones muy distintas, las dos posiciones filosófico políticas son actuales, a la altura de los tiempos. Una, bajo apariencia rupturista y transgresora, suministra representaciones ontológicas y valoraciones éticas y estéticas adecuadas a la reproducción de las formas de vida que inevitablemente determina el capitalismo global consumista; la otra, fiel a su oficio de “viejo topo”, revela los nuevos significantes de los discursos emancipatorios y las viejas máscaras de las nuevas metamorfosis. Las dos posiciones filosóficas se disputan la “muerte de dios”; las dos se debaten en torno a la “muerte del hombre”; las dos se enfrentan en torno a la posibilidad de la comunidad reconciliada, a la pérdida del sentido, al fin de la historia ambas. Con múltiples variantes de sí mismas e hibridaciones complejas y forzadas hegemonizan la escritura de la página más actual de la historia de la filosofía, de la lucha política en filosofía. […] El problema filosófico contemporáneo gira en torno a la cuestión ontológica de la “erosión del ser”. Es la tesis que une a las diversas familias del postmodernismo; el debilitamiento ontológico, la ontología de la indeterminación, está en el fondo de las apuestas ontológicas por la diseminación, la contingencia, el acontecimiento, el casualismo o la narratividad, etc. Pero, ciertamente con otro sesgo, la disolución de la ontología fuerte, de las esencias, ya fue puesta en cuestión por la filosofía de la praxis marxista, reduciendo el ser, incluso el ser de la subjetividad, a producto histórico de la actividad social de los seres humanos. Postmodernismo y marxismo, por tanto, tienen su lugar de honor en la crisis de la modernidad, en el más allá de la modernidad: ambos, aunque cada uno a su manera, nada inocente, acaban con los transcendentales, los referentes fijos, las teleologías y las determinaciones desde la transcendencia. Pero, como si fueran sus señas de identidad, el postmodernismo, que llega hasta lo “post-político”, hasta la orgía indeterminada de la política sin estado, cumple la máxima de no usar el nombre de dios en vano, no mencionando la palabra mágica, “post-capitalismo”; precisamente lo que da sentido al modelo de emancipación que configura el marxismo.
Hoy tenemos la inmediata e insoportable experiencia de la “erosión del ser”; incluso comenzamos a sentir en nuestros cuerpos el “pensamiento débil”. Existencialmente es un factum que determina cada vez más intensamente la vida cotidiana y gana reconocimiento y apología en las plumas filosóficas. La cuestión abierta es si esa flojera ontológica que nos desplaza a una concepción del ser fragmentado, líquido, precario, es la nueva verdad, la visión correcta de las cosas, que legitima e incluso “propone” –¡prohibido prescribir!– vivir en la inmediatez, diluir las oposiciones y conflictos, fluidificar los modelos y criterios, cultivar la degustación, etc., o si, por el contrario, esa erosión del ser es un efecto ontológico del triunfo brutal de la tecnología capitalista de nuestros días. Porque, bien mirado, el ser sólo puede ser pensado como indeterminación por un sujeto poderoso, que lo ve a su merced, obra suya, maleable con sus manos. Y esa forma de conciencia sólo aparece en el capitalismo, con su enorme poder para destruir el mundo o de recrearlo como un demiurgo arbitrario. […] El efecto es contundente: las cosas humanas, materiales o espirituales, pierden entidad, sustancialidad, y devienen objetos de prêt-à-porter, de usar y tirar, de funcionalidad ambigua, de consistencia dudosa. Pues bien, ese es el terreno práctico de enfrentamiento entre marxismo y post-modernismo: dos maneras distintas de vivir la crisis de la modernidad, dos maneras opuestas de afrontar la cuestión del capitalismo y las instituciones políticas y culturales desde unas posiciones ontológicas cercanas en la superficie. 

Seminari de Filosofia Política “Evelio Moreno Chumillas” de la Universitat de Barcelona (SFP-UB)

Director: José Manuel Bermudo Ávila.

Coordinadores: Xavi Cava Gómez, Juan Manuel Checa García, Rodrigo Guillermo Martínez Reinoso, Josep Maria Pérez Aubia y María Luisa Vieta Salomó.

Comité: Levy del Águila Marchena, José Manuel Bermudo Ávila, Nemrod Carrasco Nicola, Xavi Cava Gómez, Francisco David Corrales Cordón, Juan Manuel Checa García, Yodenis Guirola Valdés, Miguel Mandujano Estrada, Rodrigo Guillermo Martínez Reinoso, Martha Palacio Avedaño, José María Pérez Aubia, Lluís Pla Vargas, Emanuele Profumi y María Luisa Vieta Salomó.






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