PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

divendres, 28 de juny de 2013

CURSO DE VERANO (2013)









PARA VER EN DETALLE CLICAR SOBRE LA IMAGEN CON EL BOTÓN DERECHO

En este curso colabora mi colega y amigo Félix Pardo.

dijous, 27 de juny de 2013

CALL FOR PAPERS







Congreso Internacional

“¿LAS VÍCTIMAS COMO PRECIO NECESARIO?”
Memoria, justicia y reconciliación


29 - 31 de octubre de 2013
Proyecto de Investigación
«Filosofía después del Holocausto:
Vigencia de sus lógicas perversas»

INSTITUTO DE FILOSOFÍA
Centro de Ciencias Humanas y Sociales-CSIC


El Congreso Internacional “Las víctimas como precio necesario”: memoria, justicia y reconciliación, organizado por el Proyecto de Investigación «Filosofía después del Holocausto: vigencia de sus lógicas perversas», tendrá lugar del 29 al 31 de octubre  en el Instituto de Filosofía - Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid).
Invitamos a presentar las comunicaciones inéditas –que serán seleccionadas por un Comité Científico– que versen sobre alguno de los tres ejes temáticos sobre los que se articulan las secciones del Congreso:

1. Víctimas del terrorismo y superación de la violencia
2. Violencia política y victimación
3. Velocidad y lógica sacrificial


Los candidatos deben enviar sus propuestas de comunicación al e-mail congreso.victimas@gmail.com, indicando en el «asunto» el número y el nombre del eje temático al que se adscriben.
Las propuestas deben incluir:
• Datos personales y breve CV (max. 200 palabras)
• Afiliación (universidad o centro de origen) y e-mail habitual.
• Título de la comunicación y eje temático
.
• Un resumen de la comunicación de al menos 3 páginas (Times New Roman 12 y 1100 palabras), más la bibliografía de referencia. En su versión definitiva, la extensión de las comu­ni­ca­ciones no sobrepasará las 10 páginas (Times New Roman 12 y 3600 palabras). Cada ponencia dispondrá de máximo de 30 mi. para su presentación, seguida de un pequeño debate (máximo 15 minutos). Las lenguas admitidas para el envío de los datos y el resumen de la comunicación son el español, el portugués, el francés, el italiano, el alemán y el inglés. Para la versión final y la exposición oral de la comunicación sólo se admitirá el espa­ñol y el inglés.

Las propuestas de comunicación podrán enviarse hasta el 15 de septiembre 2013. La organización del Congreso enviará confirmación de las propuestas que sean aceptadas antes del  22 de septiembre. El texto final de cada comunicación debe ser enviado antes del 15 de octubre de 2013 para su inclusión en la web del proyecto de investigación (http://www.proyectos.cchs.csic.es/fdh/).


Víctimas ha habido siempre, pero hasta ahora eran invisibles porque se las consideraba el precio obligado de la marcha de la historia. Ahora se han hecho visibles y eso significa que entienden su situación no como algo natural o inevitable, sino como una injusticia que espera respuesta. En toda victimación se oculta una lógica instrumental que degrada aquello sobre lo que se aplica a mero sustrato, condición para un fin, a mero material de dominación o ani­quilación. Muchas las formas de victimación se fun­damentan y se justifi­can como un medio para la consecución de objetivos sociales, políticos o econó­micos, que en realidad terminan absolutizando la pura instrumentalidad que anida en la victima­ción. Un futuro reconciliado sólo puede realizarse quebrando la lógica instrumental que está en la base de la victimación. Esto obliga a pensar la justicia desde una memoria de las víctimas que las rescate una segunda muerte, las de ser vistas como “precio necesario”.

Este congreso pretende analizar críticamente la lógica instrumental de la victimación en diferentes ámbitos:

1. Víctimas del terrorismo y superación de la violencia
La violencia del terror y del crimen políticos poseen una conexión profunda e intensa con el sistema que genera y refuerza la dominación, con culturas que reproducen el clasismo, el sexismo, la xenofobia o el culto a la fuerza, con una tendencia casi ancestral a invisibilizar a las víctimas y a hacerlas irrelevantes para la construcción de comunidad social y política. El asesinato no puede tomarse como una fatalidad del destino o como un pago necesario para conseguir objetivos políticos. Las víctimas han dejado de ser el precio silencioso de la política y de la historia. Se acabó el tiempo en que matar, extorsionar, torturar o amenazar eran excesos circunstanciales que podían borrarse tan pronto como el ejecutor decidiera abandonarlos.
2. Violencia política y victimación
La respuesta a situaciones marcadas por la violencia política -dictaduras, actos de represión estatal, guerras entre Estados, conflictos armados, “ataques preventivos”- suele plantearse considerando los diferentes intereses de las partes en liza, pero muy raramente se tiene en cuenta la centralidad de las víctimas. Late en el fondo la idea hobbesiana de que la política es de los vivos, y los muertos, una vez muertos pasan a formar parte de otro negociado donde se habla de reparación  económica o del honor violado pero no propiamente de política. ¿Cómo hacer realidad la centralidad de las víctimas a la hora afrontar los procesos de violencia política, de hacer justicia y de buscar la reconciliación?

3. Velocidad y lógica sacrificial
Pese a la magnitud de las cifras, las víctimas viales apenas provocan más que una conmoción pasajera relacionada con las espectacularización mediática de los accidentes. El juicio moral en el caso de las víctimas de la carretera no alcanza el nivel de expresión y contundencia que se observa en otros fenómenos. Esto se explica porque esas muertes se ven como el precio del progreso. Unos de sus símbolos más reconocidos es el coche. Nada como él representa el triunfo y la conquista, porque lo suyo no es vencer en alguna causa menor, sino el tiempo y el espacio. El coche es velocidad. Y la velocidad se ha convertido en un fin. El ideal de velocidad que maneja el progreso puede atentar contra las condiciones de posibilidad de la existencia. Su caso es ejemplar porque revela cómo en una realidad aparentemente "ajena" a los procesos de normalización de la violencia, anida ya la lógica sacrificial que justifica a las víctimas como "precio necesario".



divendres, 21 de juny de 2013

CORINNE, de Germaine de Staël (1807)



La principal novela de Germaine de Staël fue publicada en la primavera de 1807, con un éxito inmediato. La ha comenzado a escribir en Coppet, instalada allí desde junio de 1805, después de una estancia en Italia, con August W. Schlegel y otros amigos, entre el otoño de 1804 y el verano de 1805. La acaba de redactar en 1806. La acción se sitúa a partir de 1795.

En cuanto al contexto de la redacción de esta obra, Germaine parte de un conocimiento relativamente mediocre de Italia, el propio de las clases altas, que han leído a Montesquieu y a Gibbon, pero no han viajado. Hay que añadir que Italia se ha convertido en destino de muchos exiliados franceses, condición que Germaine ha acabado compartiendo, cosa que le ha impulsado a viajar, primero a Alemania y después a Italia. Germaine conoce también a algunos italianos, y algunos de sus amigos suizos y alemanes conocen el país (Bonstetten, Sismondi, Humboldt). También hay que contar con las referencias a obras pictóricas que hay en la obra, y que Germaine sitúa en diferentes lugares que ha visitado en Italia, en 1805, pero que en realidad ha visto en el Louvre de París, llevadas allá tras las guerras revolucionarias.

El interés por Italia, como si acabaran de descubrirla los románticos europeos, se debe también a la obsesión romántica por unir lo cultural con lo natural, una nueva manera de sentir: todo lo que es natural es variado, y supone un pequeño placer contemplar la variedad de las costumbres (Corinne 1, cap. IV). Es la respuesta romántica al contractualismo racionalista de la superada Ilustración. La cultura, obsesión romántica, es un producto natural y no resultado de la construcción social, de la convivencia y en última instancia de la voluntad, sino fruto de fuerzas impersonales e incontrolables.

Tras el viaje a Alemania, a partir del cual surgirá un libro esencial para entender el romanticismo europeo (De l’Allemagne, publicado en 1810), Germaine no se entrega directamente a la composición de esta obra, sino que un episodio vivido en Weimar la lleva a dirigir su atención hacia Italia, viaja allí y escribe Corinne. La redacción de Corinne se gestó en Weimar, el 1 de febrero de 1804, tras asistir a la representación de una ópera, La Saalnix, que narra la historia de una ninfa enamorada de un joven mortal quien, al descubrir su condición de inmortal, la abandona y acaba en brazos de una mujer como él, mortal y limitada. En este argumento se inspirará Germaine para componer el tema central de Corinne, que se desarrollará en Italia. Tras el viaje a Alemania, Germaine visitará Italia para ver con sus ojos lo que quiere explicar; pero del viaje a Alemania también aprovechará materiales para Corinne, dado que el ambiente intelectual alemán está dominado por la admiración hacia Italia (Goethe, para comenzar). Inicia el viaje a Italia, acompañada de August W. Schlegel y sus tres hijos, en diciembre de 1804, y regresará a Coppet en junio de 1805.




Durante el periplo italiano, Germaine hace acopio de notas e impresiones, de historias y caracteres humanos que luego aprovechará para componer Corinne. Hay un fondo de realismo en esta novela, aunque también hay el resultado de lecturas de clásicos latinos e italianos.

Germaine de Staël como Corinne (1808-1809)
Corinne trata del conflicto de una mujer de inteligencia excepcional (¿ella misma?), que no consigue encajar en un mundo dominado por hombres no siempre excepcionales, que prefieren unirse a mujeres mediocres, mucho más accesibles y moldeables, teniendo en cuenta la estrechez de los moldes sociales de la época. Pero el desenlaza de esta novela no puede ser más pesimista en cuanto a la posible resolución del conflicto amor-inteligencia-sociedad. Oswald, el protagonista masculino de quien Corinne se enamora, acaba rechazando a esta mujer excepcional y se casa con su hermanastra, Lucile, cediendo a las presiones de la sociedad inglesa y  de su padre muerto. Es el triunfo del absurdo de la sociedad sobre el amor. Es el peso de los muertos sobre las vidas de los vivos, tema recurrente en el romanticismo (Burke, Chateaubriand), contra el que Germaine se rebela. Víctima de su propia condición de mujer excepcional, Germaine sólo puede crear caracteres femeninos incomprendidos, destruidos por los prejuicios y la hipocresía de la sociedad (aquí asoma Rousseau). El genio excepcional de Corinne no le sirve en este entorno social dominado por los varones y la mediocridad (cosa que, por lo demás, tampoco ha cambiado demasiado al cabo de dos siglos). Germaine muestra aquí el abismo que hay entre la condición masculina y la femenina, un abismo que parece insuperable. Por eso no es una defensora entusiasta de la causa de la libertad de las mujeres, sólo se limita a denunciar el destino que esperas a las mujeres en una sociedad que no las admite si no se someten. Germaine no es una activa militante feminista, todavía es pronto para que esas actitudes se dejen ver. Sólo se lamenta de su propia condición de la que no puede escapar, a pesar de contar con privilegios sociales y económicos la separan de muchos otros hombres y mujeres.

En el despliegue de los principales personajes de esta novela se puede apreciar la mezcla de realidad y ficción que hay en la mente de Germaine:
  • Corinne representa las nuevas ideas estéticas alemanas, el romanticismo, el arte por el arte. La belleza deriva de lo útil, sino que vale por sí misma. La contemplación de lo bello puede elevar moralmente al individuo. Es una poetisa y crítica, una poetisa improvisadora, en el sentido italiano. Posee un poder creativo inmediato, que se apoya sobre sus vastos conocimientos, meditación y entusiasmo creativo, que le procuran una especia de poder mágico. Corinne es la imagen que Staël desea transmitir de Italia, como símbolo, reuniendo en ella el genio del Norte y el genio del Medirerráneo (Midi). Sólo ella es capaz de provocar una trasformación en el taciturno Oswald. El personaje va más allá de la realidad italiana. Se postula que en buena medida reúne todo aquello que Germaine quiso ser y no fue, una Germaine idealizada que reivindica su poder creativo fruto de sus facultades excepcionales. Para Sainte-Beuve, Corinne representa el ideal de Mme de Staël, su obra culminante, su Capitolio, su Colina Capitolina; es un roman-poëme. A Germaine no le importan las críticas de los medios afines al régimen. Su libro sobre Italia será la llave de su gloria literaria, más allá de la popularidad momentánea. Corinne es, según Sainte-Beuve, la imagen de la independencia soberana del genio, incluso en momentos de opresión, pues el conquistador que ha exiliado a su autora no podrá evitar su coronación literaria en toda Europa. Corinne es, como personaje, todo lo que Germaine hubiera querido ser, aunque se dice que se inspiró más bien en la figura de Juliette Récamier, su gran amiga, de la que envidiaba su gran belleza y capacidad de atraer a los hombres. Ciertamente, Corinne baila una tarantela, que se inspira en la estancia en Nápoles, y hay una carta en la que Germaine confiesa haberse inspirado en un baile ejecutado por Mme Récamier. El problema de fondo de Corinne es
    Oswald y Corinne
    precisamente éste, la tensión entre la belleza y la inteligencia, la dificultad de ser un genio creativo en medio de una sociedad centrada en hombres mayoritariamente mediocres que reservan estrechos espacios a la mujer. Y esto es extensible tanto a la sociedad francesa como la inglesa (como Germaine tuvo ocasión de comprobar en 1793). Esta tensión será la causa de la ruptura entre Oswald y Corinne, y fue la fuente de las desgraciadas experiencias sentimentales de Germaine con los hombres.
  • Oswald, el noble escocés que ha perdido a su padre. Se postulan semejanzas entre él y Pedro de Souza, el diplomático portugués que Germaine conoce en Roma y con quien, habiendo perdido ambos al padre recientemente, establece un vínculo sentimental. Sin embargo, hay también semejanzas con Constant, y se aprecian muy bien cuando Constant se manifiesta en su propio personaje, Adolphe. En realidad, Oswald aparece como una amalgama de los hombres que Germaine ha estimado, aun sin éxito, o al menos sin haber conseguido de ellos una plena correspondencia a su amor. Ahí encaja también Prosper de Barante, hijo del prefecto de Ginebra, a quien conoció en el verano de 1805, a la vuelta de Italia, aunque otras fuentes hablan de François de Pange como inspirador de este personaje. Oswald lo ve todo a través de la moral, de la utilidad pública y social, y a través del rigor histórico y arqueológico. Realiza el tópico de que el ser reflexivo es a la fuerza melancólico y taciturno, mientras que el hombre de acción vive la vida al día, aprovechando cada momento, como el vividor Erfeuil, su contrapartida narrativa.
  • Lord Neville, padre de Oswald, adquiere los rasgos de Jacques Necker, padre de Germaine, cuya muerte en ausencia de la hija, de viaje por Alemania, se traslada a la acción en la figura de este personaje. Oswald y su padre representan lo que Germaine ve como modelo político aplicable a Italia, por ejemplo, la democracia y el progreso político, aunque no para la Francia de 1795. De hecho, Staël pasa en esa época por una fase republicana hasta que vuelve la vista a su padre, Montesquieu y el modelo inglés (en Considérations, publicada en 1818 pero escrita hacia 1813).
  • Conde d’Erfeuil, noble francés que representa la vanidad francesa y la potencia de sus ideas en Europa. Es un aristócrata honesto y bondadoso pero también vividor, frívolo, utilitarista, egoísta, vanidoso e ignorante, con un fondo de tradicionalismo; es una figura característica de los salones, un tipo que se siente superior en el extranjero simplemente porque habla un francés perfecto. Es, al cabo, un enemigo de la libertad de las mujeres que se rebelan contra las imposiciones sociales (Corinne 1, cap. III).

Oswald
En el texto no faltan referencias políticas, como las críticas de Oswald a los gobiernos italianos, la pobreza de los Estados de la Iglesia, la miseria del medio rural romano y la ignorancia del pueblo. Donde más se arriesga Germaine es al tratar cuestiones religiosas. Oswald es protestante; Corinne, católica. En este terreno, Germaine habla más por boca de Oswald, aunque Corinne intenta hacer comprender al protestante que en las formas del culto católico hay un fondo profundo.
El tratamiento que Germaine hace de las cuestiones más sensibles (política, religión, condición de la mujer), conlleva el descontento de las autoridades. El descontento que produce la obra en Napoleón es suficiente para paralizar cualquier amago de crítica positiva hacia esta obra en la prensa. En este momento, la libertad de prensa había casi desaparecido y la censura amenazaba a los autores que desafinaban respecto de las líneas marcadas por el régimen imperial. Sólo en Le Publiciste aparecen tres reseñas elogiosas, firmadas por D. D., que Sainte-Beuve atribuye a Mlle de Meulan, o lo que es lo mismo, Mme Guizot.
En este punto se hace evidente la necesidad de contar con un grupo de amigos o con buenas relaciones con el poder, para poder entrar en el círculo literario dominante, que entonces estaba en posesión de Chateaubriand y compañía. En eso no han cambiado mucho las cosas. Al parecer, el mismo Napoleon se animó a escribir una reseña sobre Corinne en el Moniteur, una reseña que Sainte-Beuve califica de amarga, pero que dice no haberla encontrado en las hemerotecas, así que pide a los admiradores de la literatura napoleónica del momento (estamos en 1835, y cita a Thiers, Hugo) que se afanen en ello, aunque cree que no es necesario que los intelectuales se dediquen a ponerle a Napoleon más coronas de las que le corresponden.

Bibliografía
  • Germaine de Staël, Corinne ou l'Italie. Paris, Nicolle, 1807. Edición original, varios volúmenes, digitalizada, en este enlace al primer volumen. Hay una edición moderna, publicada por Gallimard, en 1985. En español hay una edición editada por Funambulista, 2011 (en este enlace).
  • Beau de Loménie, E., Introduction à Lettres de Madame de Staël à Madame Récamier. Paris, Domat, 1952.
  • Sainte-Beuve, Portraits de femmes. Paris, Gallimard, 1998. El texto relativo a Mme de Staël, escrito en 1835 (original publicado en Revue des Deux Mondes, 1 y 15 de mayo de 1835), está en las págs. 125 a 216 del volumen. 

Información complementaria
  • Necker de Saussure, Albertine, Notice sur le caractère et les écrits de Mme de Staël. París, Treuttel & Würtz, 1820. Edición digital en este enlace.



diumenge, 16 de juny de 2013

HISTORIA: las dobleces de Mirabeau (1749-1791)

Apuntes para una biografía de Mirabeau, aristócrata partidario de las primeras reformas revolucionarias, en favor de una monarquía constitucional. Era hijo del economista fisiócrata Victor Riqueti (1715-1789).

Castillo de Bignon-Mirabeau




Mirabeau, por J. Boze, 1789
Infancia y juventud infelices, su carácter desmesurado ya marcó esta etapa. Su padre confiaba en que una formación militar contribuiría a enderezarlo, pero fue en vano, su mala conducta le llevó  la prisión de Île de Ré, por una lettre de cachet (una orden escrita que permitía el encarcelamiento sin juicio previo).
Se casó en 1772 con una rica heredera. Pero su conducta siguió por los mismos derroteros, como iba a ser a lo largo de su vida: gastos desmesurados le llevan a endeudarse y es de nuevo encarcelado. Acaba escapando junto a su amante, Sophie (en realidad, la marquesa de Monnier). Escapan a Suiza, y luego pasan a Holanda, donde es nuevamente detenido, en 1777.



Es condenado a muerte, pero la sentencia es revocada por otra lettre de cachet que le lleva a la cárcel nuevamente. Ingresa en el castillo de Vincennes, cerca de París. Allí escribirá sus obras Lettres à Sophie y Des lettres de cachet et des prisons d’état.
En agosto de 1782 queda enteramente libre de cargos, pero su mujer le demanda para separarse de él y pierde el juicio, aunque el caso le proporciona una gran popularidad en París. El rechazo de su padre le lleva a renegar de su entorno aristocrático.
A partir de 1783 lleva una vida de aventurero y vividor, y de agente secreto. Es amigo de Calonne (uno de los ministros de hacienda de Luis XVI), pero no de Necker (el último ministro de hacienda de Luis XVI). Estancias en Londres, Lieja y viaja a Berlin en misión secreta, en 1786. Cuando en 1789 publica su Histoire secrète de la cour de Berlin, aireando material derivado de esta misión, se genera un gran escándalo en París.
En la convocatoria de los Estados Generales, intenta ser elegido por Provenza, sin éxito. Entonces se suma al Tercer estado, y consigue la elección como diputado por Aix. Llega a los Estados Generales sin tener ideas políticas concretas, salvo su oposición al despotismo y unas leves nociones de constitucionalismo monárquico. Su ascensión en la cámara se debe, sin embargo, a su gran capacidad oratoria y su conocimiento directo de las debilidades humanas. Es un aristócrata tránsfuga, es decir, que están en el bando que apoyará las reformas iniciales de la revolución. Pero sufre la falta de recursos económicos, lo que le convertirá en un político manejable por unos y otros, cosa que le llevará a jugar varios papeles a la vez en un futuro próximo. Su necesidad de capital y poder le lleva a ofrecerse a todas las instancias del momento: Necker, Orleans, el hermano del rey e incluso, más adelante, a María Antonieta aún en Versailles, que le detesta profundamente y en ese momento rechaza sus servicios. Tiene el poder, pero está ligado a numerosas deudas, y necesita estar rodeados de lujo, mujeres, secretarios y criadas. Sólo puede desplegar su actividad en la abundancia (Zweig, págs. 300-301).
Mirabeau es un tipo de personalidad exultante, vive rodeado de escándalos embarazosos, necesita vivir bajo un volcán, o es capaz de provocar él mismo una revolución para sentirse en su medio (Zweig, págs. 299-300).
Mirabeau, par Lacauchie
Hay que considerar su crucial papel en la transformación de los Estados Generales en Asamblea Nacional, pues fue él mismo quien llamó a los diputados del Tercer Estado a la desobediencia de la orden real de separar las deliberaciones según cada estamento (23 de junio de 1789). Con su carácter autoritario, domina la Asamblea con una elocuencia fulgurante, y la somete a su voluntad.
Su papel en los acontecimientos de julio de 1789 le procuró gran popularidad en París, a pesar de no aceptar todas las resoluciones de la Asamblea, como la abolición del régimen feudal (4 de agosto de 1789).
En las jornadas del 5 al 6 de octubre de 1789, su actitud fue también ambigua, y se ganó la desconfianza del rey (ya contaba con la de María Antonieta) (Zweig, págs. 239-240). Ese doble papel siguió dando resultados durante el resto de su vida política. Aparentemente apoyaba a Necker, pero en realidad contribuyó a su caída definitiva, el 4 de septiembre de 1790. Con los monarcas confinados en las Tullerías desde el 6 de octubre de 1789, intensificó su actividad conspiratoria, pues de cara al público era un fiel partidario de la revolución, pero a la vez se comprometió con María Antonieta para intentar salvar a la monarquía de su reclusión física y política, a cambio de una ingente cantidad de dinero que Mirabeau necesitaba para saldar sus deudas y seguir con su disoluta existencia.
Es cierto que María Antonieta no lo soporta, pero las circunstancias han cambiado y ahora es el único intermediario entre la monarquía y la revolución, dispuesto a hacer alguna cosa por salvar ambas instituciones. Por eso, desde las Tullerías, la reina está dispuesta aceptar sus servicios. Por este motivo, Mirabeau comienza a apoyar a los realistas en la Asamblea, aunque en la calle seguirá siendo un revolucionario. No obstante, pronto advierte que el rey no cuenta nada y que habrá de rendir cuentas ante María Antonieta (Zweig, págs. 301-303).
A mediados de 1790 comienza a flaquear su posición, pues ha de oponerse al avance de los jacobinos, y su actitud levanta las primera sospechas de su doble juego. Corre un panfleto titulado Trahison découverte du comte de Mirabeau.
Maqueta del castillo de Saint-Cloud, destruido por un incendio en 1870
La segunda mitad de 1790 es crucial. El 3 de julio, tras mucho insistir, María Antonieta acepta entrevistarse con él en secreto, en los jardines del palacio de Saint-Cloud, cerca de París. Es una entrevista a solas, por lo que se desconoce el contenido de la misma, salvo que Mirabeau decide poner todo su esfuerzo en ayudar a los reyes (Zweig, pág. 304-306).
A partir de aquí habrá de llevar con mucha discreción su doble papel de cabeza de la revolución y cabeza del realismo, y se ve obligado a realizar verdaderas acrobacias. Pero esta duplicidad no puede mantenerse intacta durante mucho tiempo, aunque Mirabeau no se inmuta, actúa como un Júpiter, intrépido en medio de la tormenta, creyendo ser el maestre de las tempestades, escribe Zweig, y con toda la fuerza de su ser se enfrenta a todos creyendo poder modificar el destino y dar la vuelta a la Revolución que él mismo contribuyó a poner en marcha (Zweig, págs. 306-307).
La propuesta de Mirabeau es audaz: provocar desde los sectores realistas una política de tensión, llevar al país al caos, el hambre y la guerra civil, para generar en el pueblo tal deseo de orden y paz que se restaure la confianza en la monarquía. Sus propuestas para salvar a la monarquía no son aceptadas por los reyes porque son demasiado osadas y los reyes prefieren esperar (Zweig, págs. 308-309).
En enero de 1791, dado el rechazo del rey a sus propuestas, Mirabeau da muestras de no querer arriesgar más su popularidad pública. Sus trabajos en la Asamblea irán en ese sentido, al tiempo que acaba siendo nombrado presidente de la cámara, con capacidad para controlar los debates. Pero por poco tiempo, porque su oposición a los decretos contra los emigrados intensificará la presión de los jacobinos contra él, y a partir de marzo perderá posiciones.
No dispuso de más tiempo, sin embargo. Enfermo desde hacía dos meses, tuvo que guardar cama desde el 27 de marzo, y murió el 2 de abril de 1791. El pueblo siguió en masa su funeral y su cuerpo fue uno de los primeros inquilinos del Panthéon, recién construido.
La primera consecuencia de su fallecimiento fue la determinación de los reyes de poner fin a su reclusión en las Tullerías, mediante una huida planificada y llevada a cabo en junio de 1791, pero abortada en Varennes por la Guardia Nacional. Este episodio será determinante en el desarrollo posterior de los acontecimientos: caída de la monarquía en agosto de 1792, ejecución de los reyes en enero y octubre de 1793, respectivamente.
La insurrección popular del 10 de agosto de 1792 dejó al descubierto la correspondencia secreta entre Mirabeau y los monarcas, hallada en una caja metálica que se encontró en las Tullerías. Mirabeau caerá en desgracia post mortem. Por ello, sus restos mortales fueron sacados del Panthéon por orden de la Convención, el 21 de septiembre de 1794.


Bibliografía
Diversas fuentes, entre las que destaca el libro de Stefan Zweig, Marie-Antoinette (1932). Paris, Grasset, 2010.







dimarts, 4 de juny de 2013

CALL FOR PAPERS de la revista CONSTELACIONES (2013)




CALL FOR PAPERS para el volumen 5 (2013)

Teoría crítica de la subjetividad: dominación, integración, resistencias

FECHA LÍMITE DE RECEPCIÓN DE ORIGINALES: 31 de agosto de 2013
Para la Teoría Crítica, el análisis de las estructuras y procesos sociales que caracterizan el capitalismo moderno es inseparable del análisis de la constitución social de la subjetividad. Esta relación fundamental tiene múltiples expresiones, desde el desciframiento social de las grandes categorías del idealismo (identidad, subjetividad, autonomía, etcétera) hasta los trabajos empíricos sobre mentalidades y disposiciones de carácter de los diferentes colectivos, pasando por las aportaciones teóricas a la relación entre la psicología (psicoanálisis) y la teoría social, la crítica de la producción de pseudo-individualidad en la industria cultural, la producción de yoes expresivos (redes sociales y nuevos medios de comunicación), así como la relación entre la dimensión expresiva del arte y la estetización de la vida cotidiana.

Las formas de dominación específicamente capitalistas, decisivas para los procesos de subjetivación, parecen dotarse de un carácter abstracto e impersonal, y encuentran expresión en las dinámicas de la economía psíquico-libidinal y moral de los individuos, en gran medida a través de los conflictos que tienen lugar en su interior. Estos procesos tienen un notable carácter coactivo y podrían conducir hacia la aniquilación de los individuos o, al menos, frustrar su humanización. Sin embargo, su carácter coactivo revela ciertos límites somáticos y psíquicos que apuntan también hacia la imposibilidad de una integración total, abriendo la posibilidad de resistencias y, quizás, de procesos de liberación.

En este horizonte, y desde la perspectiva de la Teoría Crítica, nos preguntamos si no será necesaria hoy una actualización de la crítica del conformismo y de la adaptación que fomentan las exigencias de autonomía, individualidad y flexibilidad características de la reestructuración neoliberal del mercado de trabajo y de las relaciones sociales. ¿Cómo abordar teóricamente la diversificación y pluralización de estilos de vida? ¿Cómo plantearse la crítica de las nuevas formas de cosificación del yo en su proyección laboral o en su creatividad social y estética? La subjetivación del trabajo, ¿esconde la promesa de una superación de la relación social capitalista o la amenaza de una cooptación total de los individuos? ¿Qué papel desempeña en la formación de las nuevas subjetividades el tecnofetichismo que acompaña a los artefactos comunicativos y a la permanente comunicabilidad a la que sirven? ¿Qué queda del concepto de mundo administrado en un capitalismo que se presenta desregulado, flexibilizado y estructurado en red? ¿Se ha superado el autoritarismo o se ha enmascarado hasta volverse irreconocible por los sujetos sometidos a él, quizás porque se ha convertido en la médula del principio de individuación? La panoplia de ofertas de terapia, acompañamiento, supervisión, asesoramiento, etcétera, ¿han producido nuevas formas de socialización que pudieran tener efectos totalitarios? ¿Existen nuevas formas de subjetivación que cuestionen los mecanismos de socialización tardo-capitalistas? ¿Dónde y cómo encontrar hoy perspectivas que posibiliten y alimenten los repertorios de acciones posibles de los individuos?

Posibles temas de las contribuciones para este número:

  • Teoría crítica y subjetividades rebeldes: nuevos movimientos sociales, feminismo, indigenismo, populismo, etc.
  • Feminismo y crítica del capitalismo.
  • Flexibilidad social y construcción social del carácter.
  • Psicopolítica, diseño publicitario de las identidades, empresarización del yo: nuevas agencias de socialización y de subjetivación.
  • Sufrimiento, resistencia y emancipación.
  • Procesos de subjetivación e industrial cultural.
  • Estratificación social, miedo a la exclusión y conflictos más allá de las clases sociales.
  • Reforma educativa y futuro de la crítica.
  • Relación entre Post-estructuralismo y Teoría Crítica.
  • Fragmentación de las subjetividades y estrategias políticas.
  • Teoría crítica de la subjetividad y de la identidad.
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ENLACES DE CONTACTO

http://www.constelaciones-rtc.net/

coordinador del número / issue editor - 5 (2013): Dr. Eduardo MAURA

Redacción de la revista / journal editors: redaccion@constelaciones-rtc.net

 
 

HEMEROTECA: un artículo sobre Benjamin Constant (2013)


Artículo mío sobre el oportunismo de Benjamin Constant, a través de tres cartas enviadas a una pariente suya. Publicado en el número 14 de la revista Astrolabio, en su sección VARIA (han errado en las referencias de fecha y número), que es una especie de anecdotario filosófico.

Puede leerse en pdf desde este enlace.




ASTROLABIO núm. 14, ya en el aire (2013)


Acaba de salir el último número de Astrolabio
revista digital de filosofía, 
de libre acceso. Es el núm. 14, primero de 2013.

En este enlace, acceso al índice de contenidos.

REVOLUCIÓN FRANCESA: una historia testimonial



RESEÑA DEL LIBRO:

Grace Dalrymple Elliot,  
Diario de mi vida durante la Revolución francesa. Madrid, Valdemar, 2001.



















La memoria de los perseguidos

La historización de la Revolución francesa comienza en la memoria de las personas que tuvieron la oportunidad de asistir a tal acontecimiento, que conmovió los fundamentos del orden político y social en Europa en un momento crucial de su desarrollo económico, en los albores de la Revolución industrial. Con mayor precisión, comienza en la memoria de esas personas que tuvieron la fortuna de poder plasmar sus vivencias y sus reflexiones sobre papel. Esta circunstancia, la disponibilidad para la escritura, condiciona enormemente el sentido de los testimonios escritos que los historiadores, sobre todo los que inmediatamente después se hicieron eco de las vivencias de sus coetáneos, utilizaron para componer las primeras historiografías del evento. Eran los diarios y las memorias fuente de información de primera mano, sin duda, cargada del impacto emocional que los acontecimientos vividos dejaban en los autores de tales testimonios, algunos de los cuales dejaron sus vidas en el proceso revolucionario, victimas del poder de que participaron, o como inocentes perseguidos por el poder de otros.
La violencia desmedida acaba igualando a todos los perseguidos de la historia, sea de la condición  que sean, pero la posibilidad del acceso a la escritura condicionará decididamente su testimonio personal, en una época en que sólo una minoría privilegiada dispone de la suficiente educación para pensar en la necesidad de plasmar sobre papel sus vivencias, para sentir la necesidad personal de llevar un diario o conceder importancia a la redacción y transmisión de unas memorias. Será necesario que pasen dos siglos para que esa condición de disponibilidad se amplíe a las clases más populares, y la inquietud literaria y memorística de los perseguidos alcance los niveles de un diario como el de Anna Frank. Por esta misma razón, además, la mayor parte de la literatura testimonial de este período revolucionario tiene un matiz claramente contrarrevolucionario, con las debidas excepciones.
Grace Dalrymple, por Thomas Gainborough, 1778
En definitiva, no es posible una historia neutra ni siquiera desde ese punto inicial en que sólo hay las vivencias de los testigos, porque todos ellos pasaron los fragmentos de los acontecimientos que tuvieron ocasión de conocer directamente por el filtro de sus ideologías. El diario de Grace D. Elliot, Mrs. Elliot en adelante, es un buen ejemplo de esto último. La autora describe con gran detalle todo el proceso revolucionario desde su perspectiva de extranjera tolerada, sospechosa de espionaje, afecta a la causa monárquica y absolutista, a pesar de compartir buenas relaciones con miembros de la aristocracia liberal que ha desencadenado el proceso revolucionario en primera instancia. No hay duda de que se trata de un punto de vista sesgado, escorado hacia un extremo, tanto como lo podría haber estado el testimonio de una pescadera parisina de haber podido llevar a buen término un diario personal. Por supuesto, se trata de un testimonio perfectamente válido para los historiadores: Mrs. Elliot intimaba con el duque de Orleans, de quien había sido amante hasta que Mme de Buffon ocupó su puesto en el corazón del encantador futuro Philippe Égalité (1747-1793). Se trata, pues, de una persona privilegiada por sus contactos: el duque de Orleans era primo de Luis XVI, estaba en la cumbre de la política, y por ello Mrs. Elliot tenía las puertas abiertas de Versailles, hasta el punto de compartir mesa con los reyes. Posición privilegiada en el escenario principal de esta tragedia: el duque era el cabecilla de los conspiradores que, desde dentro mismo de la corte, se empeñan en disolver la autoridad del rey desencadenando un proceso constituyente inspirado en el modelo inglés. Pero no nos engañemos: Mrs. Elliot confía demasiado en su antiguo amante, ahora sólo amigo íntimo, y lo presenta con una candidez que, a la vista de otros testimonios, no convence al lector avezado. Es el inconveniente de estar en primera fila y filtrar la información con el corazón.
Tal es, pues, el ambiente ideológico en que se mueve Mrs. Elliot, en 1789. La mayoría de los revolucionarios de cierto peso político pertenece al poder o tiene alguna posibilidad de ejercer influencia sobre quienes lo detentan. Ni los sectores liberales de la aristocracia y el clero, unidos a la burguesía, aspiran a llevar el proceso tan lejos como llegará cuando se les escape de las manos, cuatro años después. Incluso gentes como el abogado Robespierre, que están en el ala izquierda de la burguesía, aún son monárquicos convencidos de que el proceso revolucionario puede ser breve si el rey acepta una constitución y delegue el poder en el sector de la sociedad que lo reclama, la burguesía. Ese paso crucial se dará con la Constitución de 1791, pero el tiempo de los monárquicos liberales acabará desembocando en una fase radical que tendrá lugar a partir de la caída de Luis XVI, el 10 de agosto de 1792.
Mrs. Elliot estaba tan cerca de esas posiciones liberales como cualquier noble francés imbuido del espíritu de su época. Sin embargo, se trataba de una mujer de gran amplitud de miras, que no dudaba en compartir cama con tiranos como Gustavo III de Suecia, que para ella fue un bondadoso monarca; antes fue amante del Príncipe de Gales, el futuro Jorge IV de Inglaterra, que la embarazó y provocó un buen escándalo en la familia real; luego le llegó el turno al duque de Orleans, y fue buena amiga del general Hoche, un republicano convencido, preso como ella por los jacobinos. Para Mrs. Elliot, lo que unía a todas esas personas y les convertía en miembros aceptados de su círculo, era que respetaban las formas.
Nada tan importante como las formas en este mundo convulso. La casta superior guarda las formas, pero en realidad practica el libertinismo social, sexual y económico de forma extrema, mientras impone al resto de la sociedad la más estricta vigilancia moral, bajo el manto de la ética cristiana. Tomemos a cualquier persona relevante de entre los dirigentes de la Corte, le Parlement, el alto clero, los militares o la noblesse de robe, y será fácil hallar al libertino bajo la capa de las formas externas de una moralidad exquisita pero intolerante con las necesidades humanas, que al fin y al cabo no entienden de clases sociales. Poco han cambiado las cosas desde entonces.
Mrs. Elliot no se escapa de esta fortuna. En su diario abundan las referencias al sentimiento religioso que le embarga en los momentos más difíciles, a la piedad, al honor de la nobleza, la dignidad de los monarcas e incluso la irreprochable conducta de María Antonieta (otras fuentes nos dirán lo contrario), así como a la bondad de los campesinos que adoran a los nobles, sus señores y dominadores, al tiempo que tacha de depravadas indecentes a las pescaderas de París, incapaces de guardar las formas. Pero la autora no hizo gala de esa misma moralidad que exaltaba cuando, en mejores circunstancias, cayó en brazos del heredero inglés, o se rindió al galanteo del duque de Orleans y de Gustavo III. Dicen que incluso Napoleón le pidió matrimonio. Con la excusa de tener un marido anciano, del que se divorció tras la aventura con el príncipe inglés, quizás pueda justificarse su conducta libertina, pero sin perder de vista que nunca se alejó de la primera línea de fuego del poder, siempre con figuras de primer orden, todas sus conquistas fueron principescas.
Dado que incluso las formas morales al uso daban cobertura a las conductas libertinas que condenaban, siempre que se desarrollasen discretamente, no ha de extrañar que este diario, como buena parte de los escritos testimoniales de la época, presente un cariz ideológico favorable a los perseguidos por los jacobinos, y que todos ellos sean buenos realistas, honestos, piadosos, educados. Si acaso, reprocha a algunos caballeros nobles su cobardía, que no se levanten en defensa de los monarcas insultados, injuriados, vejados por la chusma, apresados, juzgados y ejecutados. A más de doscientos años de distancia, podemos acordar que Luis XVI quizás fue injustamente tratado, que posiblemente hubiera cedido buena parte de su poder si los derroteros de la Revolución le hubieran dado las suficientes oportunidades. Era un espíritu débil y a poca presión que recibiese estaba dispuesto a hacer concesiones políticas, con tal de no derramar la sangre de sus súbditos, sangre que el entorno aristocrático que le sostenía despreciaba profundamente. No hay duda tampoco sobre los excesos de los jacobinos, que podrían haberse evitado si los moderados hubiesen tenido cierta sensibilidad hacia los problemas sociales tan cercanos a ellos.
Pero nada de todo esto aparece en el diario de Mrs. Elliot, sino la defensa a ultranza del absolutismo y una completa incomprensión del trasfondo socia del sans-culottisme. Sólo destaca la depravada violencia de la plebe, pero ni un ápice sobre la violencia legítima que la casta superior ejerce sobre los inferiores, del peso económico de los privilegios de unos pocos sobre los muchos que no tienen nada, ni siquiera la educación que permitiría dejar testimonio escrito de su propia condición. La historia de los pobres siempre ha sido escrita por otros.

Escena de la película La inglesa y el duque (2001), que reproduce el interrogatorio sufrido por Mr. Elliot

Pero aún podemos reconciliarnos con Grace D. Elliot, aún puede sacarse algo positivo de sus memorias: al cabo, Mrs. Elliot fue una perseguida política, encarcelada, interrogada, amenazada, casi a un paso de la guillotina, como tantos miles de inocentes que apenas habían esbozado una queja por el precio del pan ante un vecino despechado por alguna vieja disputa. En sus memorias hay algunas páginas que la reconcilian con la historia universal de los perseguidos por el poder, y en eso su testimonio adquiere un valor especial, porque deja a un lado los hechos más o menos retorcidos por la perspectiva ideológica para describir momentos de especial sentido trágico: las despedidas de los que van a morir, la colaboración entre los que están encarcelados sean de la condición que sean, el sentido humanitario de algunos carceleros. Son elementos comunes a la memoria universal de los perseguidos.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA:
Comentarios en inglés: enlace.
Fragmento de la película La inglesa y el duque, de Eric Rohmer, 2001, que recomendamos a pesar de las críticas recibidas:



diumenge, 2 de juny de 2013

HEMEROTECA: dos libros de Alfons Martí Bauçà (2001)

Reseña mía sobre dos libros del autor balear, Alfons Martí Bauçà, y publicada en Lateral, en septiembre de 2001.



Puristas, resentidos y fariseos

Alfons Martí Bauçà (ex-futbolista en tercera división y ahora escritor) y Oriol Malló (periodista reconvertido en editor) forman un curioso tándem. Uno escribe y el otro edita; ahora escribe éste y el otro le hace el prólogo y le lleva la dirección teórica (extraño papel). Nada que objetar salvo los resultados de esa cooperación.
 
Alfons Martí Bauçà
Martí Bauçà escribe tres libros en poco más de dos años. Primero fue El hombre que quiso ser hombre (1998), bien recibido por la crítica, y luego De la polis a la desaparición, ambos editados por Oriol Malló. El tercero corresponde a su parte en el libro escrito por Malló, En tierra de fariseos, y editado (afortunadamente para el autor) no por él mismo sino por Espasa. Si a Malló le respalda una carrera periodística en El Temps, un Premi Nacional de Periodisme  en 1992, y un par de títulos dentro del género del reportaje, al otro le respalda su amigo Malló, que cree en él, y muchos críticos que incomprensiblemente han considerado que De la polis a la desaparición es un gran libro, escrito con un estilo "expresionista" y por tanto, admisible.

La tesis que Martí Bauçà defiende aquí es que los hombres crearon la ciudad como un acto contra la naturaleza para asegurarse la libertad que no tenían en el estado natural. Los enemigos de la ciudad, de la política, que además son los resentidos de la historia, reclaman el retorno al orden natural de leyes implacables e indiscutibles. Contra ellos, sostiene Martí Bauçà, es necesario manifestar la vigencia de la ciudad, porque la alternativa no es el idílico estado natural de Rousseau, sino el infierno de Hobbes. Este discurso no es nuevo, pero podría dar pie a una interesante defensa del espíritu prometeico del hombre, más una advertencia ante el fundamentalismo ecologista que se avecina, bajo la bandera de Gaya y la Nueva Era. Se desaprovecha, sin embargo, en un farragoso escrito mal editado.


Oriol Malló
El autor tacha a los puristas de resentidos y fariseos, pero ante semejante escritura no queda más remedio que ejercer de purista recalcitrante. Hay numerosas citas entre comillas, pero ni una sola referencia bibliográfica sobre esas citas, salvo para nombrar a sus autores; pero, ¿quiénes son Georgias, Tucídedes o Gutrie? ¿Acaso se referirá al sofista Gorgias, al historiador Tucídides, y al famoso helenista inglés W. K. C. Guthrie? No, no se trata de erratas, sino de reticentes errores que se combinan con el indiscriminado uso de frases escritas en versales, en un texto repleto de párrafos de sólo tres líneas. Parece que Martí Bauçà haya convertido en libro sus apuntes de clase, que por cierto no tomó bien, pues Aristóteles no fue discípulo de Sócrates, sino de Platón. Más aún, no se entiende su arrebatado ataque contra los sofistas, esos necios resentidos, según el autor. Es incoherente ir contra ellos, que fueron los primeros defensores de la ciudad, que distinguieron claramente la condición política de la condición natural, a través de la oposición entre nomos (ley, convención) y physis (que no "phisis").

Leer a Martí Bauçà se convierte en una pantanosa trampa cuando el inocente lector, purista o no, se adentra y descubre las arenas movedizas que le impiden la percepción de un discurso comprehensivo. Si se añade el gravamen de unas páginas sin apenas márgenes, parece que autor y editor conspiran contra el lector, y el resultado es el abandono precoz y la búsqueda de algún buen cómic.

El libro de Malló está mejor documentado que el de Martí Bauçà, pero no siempre correctamente documentado, y aunque su autor escribe mejor que éste, reproduce algunos de sus defectos. El prólogo que éste escribe para aquél tiene los mismos criterios formales que De la polis a la desaparición, lo cual es flaco favor a su amigo, pues desanima a seguir leyendo; si en el prólogo, además, se supone sintetizado el corazón teórico de la investigación de Malló, peor aún. De todas formas, no hace falta tanta dirección teórica para describir las miserias del catalanismo de posguerra, vinculado más a valores religiosos (naturalistas) que políticos, y relacionarlo con la evolución del nacionalcatolicismo hasta el nacionalpujolismo, pasando por catalanismo kumbayá, mojigato, ecuménico y hasta obrerista. Sin embargo, hay en la teoría de este libro un error de base: el nacionalismo es una forma naturalista y religiosa de entender la política, y en esencia no tiene que ver con la ciudad, sino con la casa. El nacionalismo se ha politizado al verse obligado a intervenir en el juego democrático, pero su corazón es doméstico. En esencia, nada tiene que ver la nación (lugar en el que hay que ser para poder estar) con la polis democrática (lugar en el que para ser sólo es necesario estar). Catalanismo y republicanismo son conceptos antagónicos. Un repaso a Aristóteles no le hubiera venido nada mal a Malló, en lugar de dar crédito a su director teórico. Habiendo editado De la polis a la desaparición, ¿cómo se le ocurre decir que Martí Bauçà es un "filósofo clásico"?



  • Oriol Malló y Alfons Martí, En tierra de fariseos. Viaje a las fuentes del catalanismo católico: Madrid, Espasa Calpe, 2000.

  • Alfons Martí Bauçà, De la polis a la desaparición: Barcelona, Oriol Malló Editor.















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