PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 25 de juliol de 2013

RESEÑA: la crisis de la historia (1998)

Reseña mía del libro de Gérard Noiriel, Sobre la crisis de la historia (Madrid, Cátedra, 1997), publicada en Lateral, junio de 1998.



Josep Fontana se plateaba hace unos años que el pronóstico de Fukuyama sobre el fin de la historia se refería tanto al discurrir de los hechos que llamamos históricos como a la ciencia que los estudia. Pues bien, el presente ensayo pretende ser un examen detallado de los aspectos que ilustran la crisis de la historia como área de nuestro conocimiento y como actividad profesional, aunque combina este análisis con un discurso más teórico centrado en la relación de la historiografía con otras disciplinas y en el valor científico del conocimiento que surge de la actividad de los historiadores.





Pero el autor es siempre cauteloso respecto de la supuesta crisis que vive la historia (extendida en el resto de las humanidades y en la misma reflexión sobre la contemporaneidad). Se habla de crisis precisamente en un momento es que la historia goza de gran prestigio incluso entre el gran público. Los que defienden la idea de la crisis son fundamentalmente quienes ven peligrar su hegemonía académica por la aparición de nuevas corrientes de investigación, basadas en una mayor interdisciplinariedad y una liberalización de las metodologías, sometidas desde el positivismo a criterios cuantitativos más propios de las ciencias naturales que de las humanidades. Detrás de una verdadera crisis de sucesión entre los historiadores hay también un reajuste de la función de la enseñanza universitaria, así como una profunda revisión del concepto de ciencia aplicado a las humanidades, que puede conducir a una recuperación de metodologías cualitativas de las que se hacen eco otros autores, como Fontana y Lyotard.




dimecres, 24 de juliol de 2013

Un libro de José Luis de Vilallonga (1998)

Reseña mía del libro de Vilallonga, Cartas desde París a mis paisanos los íberos (Barcelona, Plaza & Janés, 1998). Fue publicada en Lateral, no recuerdo la fecha.




Hay en el diario barcelonés La Vanguardia dos estrellas de la crónica de opinión: Indro Montanelli, que sorprende al lector sin avisar de su llegada, y Vilallonga, todos los lunes desde hace varios años. El libro que ha editado Plaza & Janés reúne en cinco secciones temáticas buena parte de sus "Cartas de París" publicadas en este periódico, saltándose todo orden cronológico para enlazar un tema con otro.

Vilallonga es un personaje polifacético, que despierta grandes adhesiones y también grandes antipatías. En su personalidad se sintetiza una increible mezcla de aristocracia y elitismo, liberalismo y acraísmo, escepticismo hacia la clase política y extrema admiración hacia algunos políticos de ahora y del pasado. Es a la vez monárquico por razones biológicas, y simpatizante del socialismo, aunque desengañado de cómo el socialismo ha ejercido el poder en España. Actor consumado y buen conocedor del ambiente de Hollywood en sus mejores años, fue portavoz de la oposición democrática al franquismo en París, donde estaba exiliado, y a la vez enlace con los partidarios de Juan de Borbón.

Conoce al dedillo los intríngulis de la política española desde los últimos años de la dictadura hasta la actualidad, y en algunos de sus artículos lo demuestra sobradamente. Este libro está cargado de detalles y anécdotas sobre los personajes y personajillos que intentaron mover los hilos de la política española; su pertenencia a la alta sociedad le daba acceso a ciertas informaciones y su organizada memoria le ha permitido transmitírnoslas. La edad de Vilallonga, roza casi los ochenta, le permite además escribir sin censura previa, con ironía y disposición de decir en voz alta lo que otros susurran en sus círculos reducidos.

Estos artículos son también una crónica mundana, cargada de reflexiones sobre la vida y las gentes del gran mundo, hechas desde un punto de vista caballeresco y elitista, en munchos sentidos ya caduco pero que no deja de ser interesante para los que estamos _afortunadamente_ fuera del círculo mágico. Vilallonga conoce bien este teatrillo donde se mueve la nobleza europea, no solo por su ascendencia, sino también por sus vínculos matrimoniales, pues estuvo casado con la ya fallecida Priscilla Scott-Ellis, hija de lord Howard de Walden, enfermera voluntaria en el bando franquista y autora de un Diario de la guerra de España, publicado en 1997 también por Plaza & Janés.









PERLAS CULTIVADAS
  • "Ser hispanista inglés es una afición tan perversa como la de coleccionar zapatos de señora."
  • "Carrillo es uno de los pocos comunistas inteligentes, pues comprendió el esencial papel del Rey en el cambio de régimen."
  • "Soy monárquico por razones biológicas; soy Grande de España y bueno estaría que fuese republicano."
  • "No hay que fiarse de alguien que pretenda ahorrarse un viaje a París."
  • Gran amante de la mujer, en su juventud sirvió en algunos cuerpos de élite _femeninos, se entiende.
  • "A los caballos de carreras no los aparean con mulos. ¿Por qué habría que hacerlo con los príncipes herederos?"
  • "Los hombres sólo sois el eco de las mujeres que habéis amado."
 

diumenge, 21 de juliol de 2013

dissabte, 20 de juliol de 2013

CALL FOR PAPERS

CONVOCATORIA DE ARTÍCULOS / CALL FOR PAPERS
DIMENSIONES DE LA CRISIS EN EUROPA; PROPUESTAS ALTERNATIVAS
Europa está en una situación caracterizada por la banalización de la democracia y el despotismo social. Los ciudadanos y ciudadanas parecen carecer de medios institucionales para incidir en la toma de decisiones que les afectan. La inocuidad de los mecanismos de representación política es especialmente clara en Portugal, Francia, España o Grecia. A ello se une que la ciudadanía está sometida a formas de poder social crecientemente despóticas, como la “dictadura” del sector financiero o los despidos arbitrarios por parte de los empresarios. El objetivo final que persiguen las élites económicas es cambiar el modelo socio-político, desmantelando lo que queda de Estado social en Europa. Esta ofensiva está siendo contestada por numerosos movimientos de protesta en cuyo seno germinan propuestas alternativas para salir de la crisis actual y también para refundar la Unión Europea.

Ante esta situación, queremos dedicar el próximo número al análisis de las diferentes dimensiones de la crisis europea, así como de los planteamientos alternativos que están surgiendo en los distintos países y el nivel europeo.


TEMAS ORIENTATIVOS

DIMENSIONES DE LA CRISIS | La banalización de la democracia en la UE; El euro y su futuro; La desaparición del proyecto socialdemócrata; Los medios de comunicación y la crisis de la eurozona; El “autoritarismo social” en la UE (los poderes discrecionales de los empresarios sobre los trabajadores, la dictadura del poder financiero); Alemania y Europa (históricamente y en la actualidad); La crisis de la UE vista desde fuera de Europa.

PROPUESTAS ALTERNATIVAS | El caso de Islandia; Movimientos constituyentes en Francia, Italia, España…; Propuestas alternativas al pago de la deuda; Aprender del sur: soluciones experimentadas en países del sur que puedan ser trasplantadas a la UE; Los nuevos partidos (ej. Syriza); Los movimientos de protesta en la UE; Visiones de alternativas de Europa; ¿Proceso constituyente europeo o recuperación de soberanía estatal?

PROPUESTAS
Los trabajos remitidos deberán ser originales, no estar en proceso de evaluación ni tener compromisos con ninguna otra publicación. Todos los artículos serán sometidos a un proceso de arbitraje ciego por pares.

NORMAS PARA AUTORES | Consultar la sección «Normas para Autores» en la web de la revista <http://revistes.ub.edu/index.php/oximora/about/submissions#authorGuidelines>

ENVÍOS | Remisión de propuestas y comunicación con la revista <oximora@ub.edu>

PLAZO DE RECEPCIÓN DE PROPUESTAS | 30 de septiembre

dimecres, 17 de juliol de 2013

EFEMÉRIDES: la masacre de Champ-de-Mars (1791)

Bailly


El 17 de julio de 1791, el pueblo de París se levanta en manifestación contra el rey, en la esplanada de Champ-de-Mars, donde ha sido convocado por los Cordeliers. Bajo el pretexto de atajar el desorden público, la Asamblea ordena al alcande de París que disperse a los manifestantes, proclamando la ley marcial.
La Fayette, ordenando abrir fuego contra la muchedumbre

La Guardia Nacional, aún de extracción totalmente burguesa (comandada por La Fayette), y por orden del alcalde de París, Bailly, reprime duramente la manifestación, abriendo fuego contra los manifestantes desarmados. 


Hay unos cincuenta muertos y numerosos detenidos. Es la primera vez que las fuerzas armadas de la Revolución disparan contra el pueblo. A esto se le llamó el terror tricolor.
Vista actual de la esplanada de Champ-de-Mars, en París

diumenge, 14 de juliol de 2013

X JORNADAS DE FILOSOFIA POLÍTICA DEL SFPUB (2013)





Enlace al call for papers, en castellano, catalán e inglés: aquí.


dissabte, 13 de juliol de 2013

Adieu, Germaine (1817)

14 de julio, día de celebración para todos los espíritus republicanos, tan cerca del nefasto 18 de julio. Es también la fecha del fallecimiento de Germaine Necker, más conocida como Mme de Staël. Para recordarlo, este fragmento del final de su biografía, escrita por Emmanuel Beau de Loménie, cuya traducción estoy editando y en fechas próximas convertiré en libro.



Germaine Necker, por Gérard, 1810
El 21 de febrero de 1817, en el hôtel del ministro Decazes, asistiendo a una fiesta, Germaine sufrió un ataque de parálisis. Sin embargo, siguió sin querer renunciar aún a sus afanes. Durante varios meses, desde su casa, reclamaba a sus amigos. Les invitaba a cenas en las que ella misma ya no podía participar. Fue en una de estas cenas donde Chateaubriand y Mme Récamier, que no se habían visto desde su primer encuentro en los tiempos del Consulado, volvieron a verse. Más tarde, en la noche del 13 al 14 de julio de 1817, tras haber tomado una dosis de opio demasiado fuerte para su debilitado organismo, se durmió para no despertarse más.

Es difícil resumir, como hemos intentado aquí, esta carrera agitada y febril sin que, a pesar de la indiscutible elevación de espíritu que se le adivina, el cuadro no aparezca, en más de un trazo, caricaturesco.

Víctima de una situación incómoda debida a su nacimiento en un entorno a la vez brillante pero sin sólidos cimientos franceses del salón Necker, fueron los reflejos esenciales de nuestra civilización tradicional los que su sensibilidad no pudo percibir por sí misma. Estaba condenada en cierto sentido a un entorno heterogéneo de bohemios internacionales. En lugar de encontrar el apoyo de algún espíritu firmemente equilibrado que la sostuviese y la guiase, se vio abocada a caer bajo la influencia, según muchos puntos de vista intelectualmente malsana, de ese genio maligno que fue para ella Benjamin Constant. En sus obras se puede apreciar.

Aquellas que fueron escritas para el público, envueltas de una pompa muy afectada, permiten actualmente apreciar sólo una imagen recargada. Por lo demás, la necesidad de eso que llamaba entusiasmo, esa necesidad de brillar, de ejercer un papel público que alteraba la falsedad de su posición y que ella había cultivado con una inquieta avidez, todo ello sabía que no era, en gran medida, más que una distracción. Así lo confiesa en una frase de su libro sobre Alemania, que se ha hecho famosa: “La gloria no podía ser para una mujer más que el súbito final de su felicidad”. Germaine gustaba de acusarse a sí misma de eso que llamaba la incapacidad de los hombres de sentirse bien junto a una mujer superior. Otros han insistido precipitadamente en el obstáculo que para ella representaba su físico poco agraciado. Quizás sea necesario dar cuenta de las condiciones existenciales a las que su nacimiento y su educación la condenaron.

Sólo en sus cartas se reflejan con autenticidad todos sus dones y los atractivos naturales de su sensibilidad. Cartas escritas espontáneamente, casi sin puntuación, evidentemente no revisadas, a menudo demasiado desbordantes de exaltación verbal, sobre todo las dirigidas a Mme Récamier, porque con esta amiga que, como ella misma escribió una vez, fue para Germaine una verdadera confidente, no tenía nada que ocultar ni calcular.

En ellas se aprecia no solamente espontaneidad, una delicadeza más exquisita de lo que su existencia podía llegar a manifestar, sino también un alma noble y sin bajezas. Ni en una sola ocasión en que estuvo junto a su amiga, que la aventajaba en belleza sobradamente, dio pruebas de amargura. No pasaba por alto el atractivo de Juliette, sufría por ello, se resentía con expresiones que, de venir de otra persona, podrían prestarse a equívoco; como por ejemplo cuando le escribió: “La última vez que os vi me sentí interesada como nunca lo había estado por una mujer”. Le llegó a confesar abiertamente la envidia que sentía por ella, en frases como ésta: “Si fuese posible envidiar lo que se estima, yo daría todo lo que soy por ser tú.”

Pero, en realidad, no se sentía celosa. Y el afecto tan sincero y recto que sentía le era precioso. Mme Récamier, en efecto, ganó para sí misma todo lo que la desbordante sensibilidad de su amiga hacía irradiar a su alrededor. Tanto su cultura como su posición social se transformaron. Guardó por ello un reconocimiento a Mme de Staël que el fue reconfortante y le supuso aún un último beneficio.

Como se ha dicho, fue alrededor del lecho de muerte de Mme de Staël que Mme Récamier y Chateaubriand se reencontraron, en 1817. Su larga y célebre amistad nació de este momento. Mme Récamier debió mostrar entonces a Chateaubriand la colección de cartas que había recibido de Mme de Staël, de las cuales publicamos, por primera vez, una edición completa. Y Chateaubriand, que las conoció, escribió en sus Memorias sobre estas cartas: “No hay en las obras publicadas de Mme de Staël nada que dé una idea de lo natural de esa elocuencia suya, en que la imaginación presta su expresión a los sentimientos. La virtud de la amistad de Mme Récamier debió ser enorme, ya que llevó a una mujer de genio a dar salida a todo lo que estaba escondido y aún no manifestado de su talento.”

Ésta era, sin duda, la virtud de la amistad de Mme Récamier; pero también la virtud de la generosidad de corazón de Mme de Staël, a quien las desafortunadas circunstancias de su destino no le permitieron expresarse en otro lugar con tanto encanto.

FUENTE: 
  • Emmanuel Beau de Loménie, Introduction à Lettres de Madame de Staël à Madame Récamier. París, Domat, 1952





diumenge, 7 de juliol de 2013

VARENNES: las consecuencias (1791)

El episodio de Varennes, entre el 20 y el 21 de junio de 1791, va a tener consecuencias inmediatas, pero también a medio plazo para el futuro de la monarquía francesa. En esta entrada vamos a analizar las más relevantes.  

  • A partir de este momento, la monarquía comienza a ser contemplada como un poderoso enemigo de la Revolución. Las masas reaccionan contra la aristocracia, compañera de los reyes en su resistencia a la revolución.
  • Surgen movimientos republicanos hasta entonces inexistentes o sólo latentes. La Asamblea Nacional, compuesta por nobles y burgueses, nunca había cuestionado la legitimidad del monarca y la viabilidad del régimen monárquico, aunque deseaba limitarlo en un régimen constitucional (que venía diseñando desde el 89). En todo caso, la situación tras Varennes da alas también a los monárquicos constitucionalistas, que tienen la posibilidad de presionar al rey para que firme la Constitución que limitará su poder hasta ahora nominalmente absoluto.
  • En el seno girondismo se gesta una deriva desde el realismo inicial hasta el republicanismo, a través del sector jacobino, deriva desencadenada precisamente a partir del episodio de Varennes, ya que el jacobinismo interpreta esta huida como una traición.
  • Además, la clase obrera parisina, incipiente proletariado urbano, acabará emparentándose con el jacobinismo republicano, tomando conciencia de su potencial político. Es una fuerza nueva con que no contaban los iniciadores de la Revolución, nobleza, clero y burguesía. A partir de Varennes, este sector social se organizará de la mano del jacobinismo y dará un giró radical a la Revolución.
  • La nobleza realista, representada en los emigrados y encabezada por el conde de Provenza, hermano del rey y futuro Luix XVIII, también contribuye a crear tensión. El conde de Provenza consiguió alcanzar la frontera y llegar a Bruselas. Allí se declara regente, manifestando así su deseo, largamente oculto, de ocupar el trono. Con su acción aumenta la agitación realista y alimenta el peligro de una guerra abierta contra Francia, y genera una situación de inseguridad en torno a la familia real, incluido el Delfín, futuro Luis XVII (sólo reconocido por los realistas). Provenza juega la baza del interés de las monarquías europeas en detener todo avance del republicanismo, y presiona para que se declare la guerra a Francia con absoluta indiferencia hacia la persona de Luis XVI. Esta indiferencia constará la vida a Luis XVI y María Antonieta.
  • La reina seguirá un doble juego, apoyándose en Barnave, para intentar ganar tiempo y conseguir el mantenimiento de los privilegios ahora discutidos por la Revolución. Confía en su hermano para lograr una alianza de las potencias monárquicas europeas. Pero su hermano está pendiente de cuestiones como el reparto de Polonia entre Prusia y Rusia. El rey prusiano llega a discutir con Leopoldo, sucesor de José II, ambos hermanos de la reina, la posibilidad de esa alianza, pero a la vez autoriza a su embajador en París a dar apoyo financiero a los jacobinos. Hay que resaltar, por ejemplo, las dudas de José II de Austria, hermano de María Antonieta, que mantuvo una gran cautela ante los acontecimientos revolucionarios de Francia, y sólo en agosto de 1791 se decidió a firmar la Declaración de Pillnitz (en Sajonia, Alemania), a favor de una coalición internacional para salvar a la monarquía francesa, a propuesta de los emigrados franceses en Austria. Sin embargo, esa declaración, desde el punto de vista de Leopoldo, sólo pretendía evitar la guerra. Sólo que Leopoldo muere el 1 de marzo del 92, y quien le sucede, Francisco II, sobrino de María Antonieta, verá en la guerra con Francia  una oportunidad para ganar influencia en Europa.
  • Gustavo III de Suecia, absolutista también, contempla la situación esperando intervenir en el momento oportuno y convertirse en el salvador de Francia y Europa. No llegará a tiempo: a mediados de marzo de 1792 muere asesinado.
  • El duqe de Burnswick se perfila como comandante de la supuesta alianza armada contra Francia, y a la vez es propuesto por los girondinos como posible sustituto de Luis XVI en el trono.
  • Los monárquicos constitucionalistas consiguen gran poder en la Asamblea, a partir del apoyo de la reina a su proyecto (falso apoyo, maniobra para ganar tiempo). En realidad, se encontraban atrapados entre la reacción de los aristócratas que emigraban para vencer desde el exterior (con la ayuda de las monarquías extranjeras) a la naciente Revolución, y la avidez de la burguesía funcionarial, pronta a instalarse como amante del nuevo régimen. Se movían sin un plan preciso, embriagados por sus muchas ilusiones. Pretendían, a pesar de la resistencia del rey, desencadenar una guerra que, conducida por ellos, asegurara su autoridad frente a los emigrados por un  lado, y frente a sus rivales del interior, por otro. Hasta tal punto triunfaron que Narbonne se hizo nombrar ministro de la Guerra, en diciembre de 1791, aunque tuvo que dimitir el 9 de marzo del 92, dos días después de establecerse la alianza europea contra Francia.
  • La Asamblea comienza a ver en la baza republicana la posibilidad de neutralizar al rey, pero sin tener en cuenta los riesgos del radicalismo que va a permitir activarse.

Zweig califica así la situación de caos que se produce tras el episodio de Varennes: todos actúan con desconfianza, todos contra todos, esperando conseguir algo para beneficio del propio partido. Todos quieren sacar provecho del desorden y contribuyen al desorden mismo, a la inseguridad; nadie quiere quemarse los dedos pero todos juegan con fuego, y ese juego conducirá a una guerra que implicará a 25 millones de europeos. Esa atmósfera de desconfianza, sigue Zweig, se parece mucho a la que hay cuando escribe estas líneas, en 1932, pero se podría añadir que también se parece mucho a la que hay en nuestros días, en 2013.
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
Beau de Loménie, E., Introduction à Lettres de Madame de Staël à Madame Récamier. París, Domat, 1952, pp. 11-67.
 
Zweig, S., Marie-Antoinette. Paris, Grasset, 1933 (15ª adición, julio de 2010). 
 
 
 
 
 

dimecres, 3 de juliol de 2013

VARENNES, 20-21 de junio de 1791

Desde octubre de 1789, la familia real francesa reside en París, en el palacio de las Tullerías. Es una reclusión forzosa, aunque causada por la falta de motivación del rey en la consolidación de la Revolución. Sus enemigos, aristócratas incluidos, quieren tenerlo cerca.
La pugna entre constitucionalistas y realistas genera tensiones. Mirabeau había intentado ayuda a conciliar estas dos posturas (información sobre el papel de Mirabeau), pero su repentina muerte dejó a los reyes sin aliados de peso en la Asamblea. El emperoramiento de la situación y las indecisiones del rey, que prefiere esperar en lugar de tomar alguna iniciativa audaz, como recomendaba Mirabeau, lleva a María Antonieta a pensar en la necesidad de huir para conseguir libertad de maniobra y recuperar las posiciones perdidas. La acción de los emigrados, a cuya cabeza estaba uno de los hermanos de rey, el conde de Artois (futuro Carlos X), también contribuía a empeorar la situación del rey en París, porque se le contemplaba como un aliado de las potencias absolutistas, que amenazaban a Francia. Todo ello hizo acuciante la necesidad de huir.

A partir de la muerte de Mirabeau a primeros de abril de 1791, que había sido el último aliado de los reyes ante la Asamblea, aunque sólo un aliado oculto e interesado, comienza a planificarse la operación con sumo cuidado, a cargo de Fersen, que jugó un papel clave en la organización de la huida, haciéndose cargo de todos los detalles de la intendencia, buscando por su cuenta los carruajes, los caballos, el dinero para sobornos, los disfraces que iban a usar en la huida, etc. Y todo ello llevado con una gran discreción, porque el entorno de las Tullerías estaba plagado de espías, hasta en el personal de cámara de los reyes.

El plan es llegar a la frontera, donde los austriacos darían protección a la familia real. A medio camino, un regimiento francés, bajo las ordenes del leal general Bouillé, les esperaría para darles escolta. Toda la operación ha de coordinarse en secreto, evitar que un solo mensaje sea interceptado, y poner a todos los implicados de acuerdo. Todo ello será obra de Fersen, que actúa por el amor que siente hacia María Antonieta (más información sobre Fersen).

Por otro lado, para justificar la huida del rey a ojos de la realeza europea, hay que forzar la situación y provocar la ira de los revolucionarios de manera que parezca evidente que el rey huye porque su seguridad personal y su libertad están en peligro. Por ello, el rey anuncia que desea pasar las Pascuas a Saint-Cloud, es decir, abandonar las Tullerías. El 19 de abril se disponen a trasladarse a este castillo cercanoa París, pero los jacobinos movilizan a las masas y lo impiden.


Ya hay, pues, una excusa para justificar una honorable huida, y los planes comienzan a ponerse en marcha inmediatamente. En este punto, Zweig considera que se cometieron numerosos errores que desembocaron en el fracaso de la operación. Los preparativos se prolongaron demasiado tiempo. Con dos coches sencillos y poco equipaje, esa misma noche hubieran podido haberse evadido discretamente y con rapidez. Pero los reyes no podían realizar un viaje así de sencillo, necesitaban asistentes, ropa, vajilla, cava de vinos. Y son catorce personas en total, por lo que los dos carruajes son grandes, pesados y tirados por muchos caballos; es decir, nada de discreción. Además, a modo de enlace, han enviado nada menos que a Léonard, el peluquero de María Antonietta, que es el tipo menos indicado para la diplomacia.


Zweig dice que, dado que la familia real ha vivido de espaldas a la realidad, fracasa estrepitosamente en su primer contacto serio con la realidad, porque ignora absolutamente cómo gestionar esa situación.


Finalmente, se establece el 19 de junio como fecha para la huida. Pero un artículo de Marat airea la posibilidad de un complot para sacar al rey del país. Cuando ya está todo preparado y coordinado, una de las camareras de los reyes, amante de un revolucionario, podría estropear todos los preparativos, así que se decide salir la noche del 20, en que esta camarera libra; pero eso supone volver a coordinarse nuevamente con Bouillé.

 
La noche del 20 al 21 de junio de 1791, el rey huye con su familia a Varennes. Fersen dirige la operación, disfrazado de cochero. Salen a escondidas de las Tullerías sobre las once de la noche, todos disfrazados. Por otro lado, el hermano del rey, el conde de Provenza, huye por otra vía, con la intención de coincidir una vez pasada la frontera. Atraviesan París en un coche ligero, y una vez fuera de los límites de la ciudad tomarán una carroza más grande, que les espera, y en la que harán el viaje con todas las comodidades que necesitan. En esta primera operación pierden dos horas.
En Bondy, Fersen deja el mando de la operación y se separa del grupo. No se sabe si es por decisión del rey, que no desea tenerlo cerca. Se reunirán al cruzar la frontera.

Sobre las 4 de la tarde entran en Châlons. En la población llaman la atención, se les toma por nobles que huyen. Pero cruzan sin problemas, aunque poco después se extiende por la villa el rumor de la huida del rey. Cuatro leguas más allá deben encontrarse con un regimiento de húsares, que les ha de servir de escolta. Pero no hay nadie, comienzan los problemas.

Cae la noche. En Saint-Menehould les ha de esperar un grupo de dragones alemanes, pero los mensajes de Léonard, el peluquero, han confundido a los enlaces y creado descoordinación entre ellos, y los dragones les esperaban en otro punto cercano de la ciudad. En esta población llaman la atención de las gente y del dueño de la estación de postas, que es jacobino. Un poco más tarde, los dragones alcanzan la posición de la carroza, pero la población no permite que escolten a la carroza. Prosiguen el viaje, pero la noticia sobre la verdadera identidad de los ocupantes del coche les sigue de cerca.

El jefe de la estación de postas, Drouet, sospecha en firme que se trata del rey y su familia, así que toma un caballo y, campo a través, se dirige a Varennes, con la esperanza de adelantarse a la lenta carroza y avisar a las autoridades de esta ciudad, para conseguir detener la huida. En las afueras de Varennes se había planeado hacer un recambio de los ocho caballos, pero nadie espera. Nuevamente los mensajes de Léonard no han sido correctos.

Esperan poder recambiar los caballos dentro de la ciudad, pero al entrar en ella son detenidos por la muchedumbre. Drouet ha llegado diez minutos antes y ha dado la alarma. Son llevados a un albergue, regentado por el procurador (alcalde), que les pide el pasaporte y lo da por vákido. Pero Drouet insiste en identificar al rey e impedir la huida. El procurador invita a los detenidos a pasar la noche en Varennes, en su albergue, pensando que al día siguiente todo se solucionará por sí solo. El rey también lo espera, confía en la inminente llegada de los dragones, aunque  ha de ser antes que el cercano acuartelamiento de la Guardia Nacional sea avisado.

Llegan los dragones. El jefe del grupo ofrece al rey una huida rápida, aunque arriesgada. El rey duda. Pasa el tiempo y la población ya se ha preparado, hay barricadas en las calles, la Guardia Nacional está alerta. Es imposible huir de Varennes.

La Fayette había enviado delegados por todas partes, y dos de ellos llegan a Varennes (Petion y Barnave). Presentan al rey el decreto de la Asamblea que le relega de sus funciones y le obliga a volver a París. Luis se resiste a partir, esperando que aparezca Bouillé y sus soldados. Pero no llega. Emprenden la vuelta, escoltados por el populacho. Los soldados de Bouillé llegarán media hora después de la partida.

El viaje de París a Varennes duró veinte horas. El regreso a París llevará tres días. Según Zweig, el camino de Versailles a las Tullerías, en octubre del 89, fue un paseo comparado con este retorno a París, pues en cada población que atravesaron debieron detenerse para escuchar los insultos del pueblo.
BIBLIOGRAFIA:
Stefan Zweig,  Marie-Antoinette. Paris, Grasset, 2010 (1932), caps. XXVII y XXVIII.


dilluns, 1 de juliol de 2013

DE VERSALLES A LAS TULLERÍAS: dos retratos de María Antonieta

Dos retratos de María Antonieta nos muestran el cambio ocurrido en su persona, desde la opulencia de Versailles, hasta octubre de 1789, a la toma de conciencia de su papel, tras la reclusión forzosa en las Tullerías, que terminó el 10 de agosto de 1792 con el asalto al palacio y la caída de la monarquía.

El primero de los retratos está firmado por Elisabeth Vigée-Lebrun, la genial pintora que realizó numerosos retratos de la reina.


1788



La marea revolucionaria dio lugar a las famosas jornadas del 5 y 6 de octubre de 1789, en que los reyes fueron obligados a abandonar Versailles y trasladarse a París, al antiguo palacio de las Tullerías. Era una manera de mostrar a los monarcas que su soberanía ya no era absoluto, estaban bajo el control del pueblo. Los monarcas interpretaron esta situación como un secuestro personal de su ilimitada libertad, y comenzaron una larga pugna por recuperarla, que fracasó la noche de Varennes, en junio de 1791, y culminó en la posterior aceptación de una Constitución que limitaba los poderes reales, en septiembre de ese mismo año.

Zeig, en el capítulo XXIV de su biografía de la María Antonieta, analiza con detalle los cambios operados en la reina durante ese tiempo de forzada reclusión. Es a partir del traslado forzoso a las Tullerías que la reina comienza un proceso de encierro en sí misma, de reflexión sobre su condición. No deja de ver a Fersen, pero se mantiene aislada del esto del mundo, incluso en la disposición de las habitaciones en sus Tullerías, que son independientes de las del rey y las zonas comunes a la familia y el servicio. Comienza entonces lo que Zweig considera su proceso de maduración como persona, demasiado tarde, sin embargo.
El sufrimiento hace surgir en María Antonieta algo que debía poseer pero que nunca había manifestado por falta de necesidad en aquella existencia cómoda y frívola en Versailles: inteligencia, energía y coraje. Zweig habla de una “completa transformación de su vida exterior e interior” en las Tullerías. María Antonieta transforma su cámara en una cancillería, negocia en lugar de su marido con ministros y embajadores, e inicia contactos con sus amigos en el extranjero, aprendiendo el arte de la correspondencia cifrada; y lo aprende sola, sin ayuda, sin secretarios.
Es a partir del encierro forzoso en las Tullerías que María Antonieta toma plena conciencia de su papel, y deja atrás las disputas palaciegas con otras damas de la corte para asumir de una vez sus deberes como reina e hija de una reina con un papel histórico que cumplir, quiera o no, puesto que es una Habsburgo. Sin embargo, se trata de una asunción un tanto aparente. En privado se resiente de una fortaleza que ha de ejercer en público, pero que no es enteramente suyo. Fersen, en sus frecuentes y secretas visitas a las Tullerías, casi siempre la encuentra llorando. 

De esta época hay un retrato realizado por Alexander Kucharski, un pintor polaco. Es un cuadro muy diferente de los realizados en Versailles por Vigée-Lebrun: vestimenta sencilla, sin plumajes ni diamantes, sin artificios ni opulencia. Es un signo de la transformación que la Revolución ha operado en la reina.

1791

 Bibliografía: Stefan Zweig, Marie-Antoinette. Paris, Grasset, 2010 (1932).


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