PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 27 de febrer de 2014

LOS ANCESTROS DEL TEA PARTY (1987)

Hace ya décadas que el anarcocapitalismo sirve de sustento ideológico al neoliberalismo, sobre todo al que vino de Estados Unidos y sedujo a Thatcher y luego a Aznar. De ello se hizo eco El País hace ya unos años, y publicó varios artículos dedicados a adesentrañar las claves de una ideología tan atractiva a la vez que tanimprudente, porque la emergencia del estado natural, evidente en los últimos desarrollos de la economía, así como la manifestación de la figura de Heracles personificada en los atrevidos gestores del mercado, no generan confianza entre los débiles. Ya lo dijo Berlin: dar libertad a los lobos supone la muerte de las ovejas. En eso estamos.

Los textos fueron publicados en El País, sección de Libros, el 5 de febrero de 1987.





ANTES DE LA REVOLUCIÓN

SITUACIÓN DE LA NOBLEZA FRANCESA A FINALES DEL XVIII



Dentro de la aristocracia feudal debemos considerar tanto a la nobleza como al alto clero, puesto que comparten funciones e incluso provienen de las mismas familias. Es en conjunto el grupo social dominante, pero la nobleza ha perdido posiciones en el equilibrio de poderes políticos y económicos (decadencia), aunque aún conserva sus privilegios sociales y políticos. Este desajuste entre su poder económico real (menguado) y los privilegios conservados  será el desencadenante de la pugna entre nobleza y burguesía en los momentos previos a la revolución, pues la burguesía quiere conseguir privilegios políticos equiparables a la nobleza, a costa de eliminar sus privilegios fiscales (impuestos).
En este momento, la burguesía puede aspirar a competir con la nobleza porque ésta se halla en una coyuntura de decadencia. Se trata de un declive tanto político como económico, aunque conserva su preeminencia social. Sin embargo, se halla dominada por divisiones internas entre castas familiares a menudo hostiles entre sí.
Las guerras de la Fronde, batalla en 1652
Progresivamente, la monarquía ha ido privando a la nobleza de antiguos privilegios feudales (derechos de regalía): cobrar algunos impuestos, leva de soldados, administración de justicia, etc. Tras las guerras de la Fronde (1648-1653), la nobleza ha sido domesticada, aunque incorporada a las funciones de la corte, convertida en parasitaria.


En sentido estricto, a finales del siglo XVIII la nobleza representa un 1,3% de la población francesa (unas 350.000 personas). Son datos aproximados y los porcentajes varían en función de la región (hasta un 2% en Evreux).
Privilegios conservados:
  • Privilegios honoríficos: port de l’épée (llevar espada), banco reservado en la Iglesia, decapitación en caso de pena de muerte, exención de la taille (impuesto agrícola), excención de la covée des routes (impuesto sobre los caminos), excención del logement des gens de guerre (alojamiento de soldados, es decir, ellos montaban las guerras pero los costes logísticos corrían a cargo de las ciudades), derechos de caza, monopolio en el acceso a grados superiores del ejército y cargos eclesiásticos, judiciales y administrativos.
  • Privilegios económicos: percepción de impuestos (fief, feudales), propiedad agrícola (hasta un 35% del total).
  • Privilegios fiscales: excepción general sobre los impuestos aplicados por el rey.

Dentro de la nobleza se pueden distinguir varios grupos de dispares intereses:
  • Nobleza cortesana: grupo de nobles presentes en la Corte, al servició del rey. Se trata de unas 4000 personas. Llevaban un tres de vida propio de la Corte, y recibían ingresos derivados de sus funciones allí: pensiones concedidas por el rey, ingresos derivados de cargos específicos, militares o eclesiásticos, además de los ingresos que obtuviesen de sus propios dominios feudales. No obstante, debían afrontar muchos gastos para estar a la altura de las circunstancias, y acababan endeudados. La arsitocracia liberal sale de este grupo: han sido atraídos por las ideas ilustradas y sufren un cierto desclasamiento que les lleva a compartir ideas e intereses con la alta burguesía (oposición al absolutismo monárquico, son constitucionalistas).
  • Nobleza provincial. Atada a sus dominios feudales, que son su principal recurso económico. Viven cerca de los campesinos y sus penurias, y sus ganancias se resienten de las malas cosechas y del alza de los precios que sacude todo el siglo XVIII. Algunos exigen más de sus campesinos. Detestan a los nobles cortesanos por sus privilegios, y a la burguesía por su riqueza comercial. Ideológicamente son conservadores e inmovilistas.
  • Nobleza funcionarial (noblesse de robe). Son altos funcionarios judiciales (en los diversos Parlements) y administrativos. A partir del siglo XVI, la consolidación del poder centralizado del monarca lleva a desarrollar un aparato burocrático cuyos mandos se ponen a disposición de quienes puedan comprarlos. La alta burguesía accede a ellos y luego los transmite a sus herederos. Los miembros de esta casta funcionarial ocupan una zona intermedia entre la nobleza genuina (noblesse d’épée) y la alta burguesía, pero tiende a confundirse con la primera. Defiende sus privilegios de casta, así que manifiesta actitudes inmovilistas respecto de las reformas políticas que plantean tanto los nobles liberales como la alta burguesía.
La situación de la nobleza a finales del siglo XVIII es , como se puede apreciar, complicada. Reclamará la convocatoria de los Estados generales para afirmar su primacía política y conseguir que sus demandas y privilegios sean sancionados. Pero sus divisiones internas (la oposición de la nobleza provincial a toda reforma pero también al absolutismo, y la aspiración reformista de la nobleza cortesana sin poner en peligro sus privilegios) van a ser decisivas. Los Estados Generales son un error de cálculo de la nobleza, porque el pueblo llano (burguesía, pueblo llano y campesinado) van a estar unidos contra la aristocracia.

FUENTE: Soboul, La Révolution française. Paris, Gallimard, 1996 (págs. 58-62).



dimecres, 26 de febrer de 2014

ANTES DE LA REVOLUCIÓN

LA SOCIEDAD ESTAMENTAL

EL CASO FRANCÉS



La sociedad francesa es, antes de la Revolución, una sociedad aristocrática, es decir, regulada por un sistema basado en la transmisión de privilegios a través del nacimiento, y donde la riqueza tiene un fuerte componente de propiedad territorial.

 La sociedad francesa estaba dividida en estamentos, es decir, que había una diferenciación a partir de tres órdenes, tres niveles de funciones sociales específicas, de deberes y derechos específicos, no compartidos. Esto era así en virtud de una herencia feudal aún vigente, según la cual cada estamento o estado tenía asignadas unas funciones en la sociedad medieval, sobre todo de carácter económico y político:


1º estado: clero
2º estado: nobleza
3º estado: conjunto del pueblo llano, especialmente los hombre libres de las ciudades.

Es importante tener en cuenta que el concepto de estamento o estado no es equiparable al de clase social, sino que es más amplio: dentro de cada estamento concurren grupos de intereses que desarrollan antagonismos internos y alianzas con otros grupos de otros estamentos; el concepto de clase social encajaría más bien con estos grupos de intereses dentro de los estamentos, diferenciados sobre todo a partir de sus particulares relaciones económicas y aspiraciones políticas.
El origen legal de los órdenes sociales o estamentos es antiguo:

  • Clero, el grupo de los que rezan. Es el más antiguo, y se origina por una condición particular del derecho canónico. De hecho, sólo el clero constituye un orden genuino, es decir, organizado como tal, provisto de una administración y tribunales propios, así como de una asamblea que se reunía cada cinco años.
  • Nobleza, los que luchan. La nobleza ha perdido posiciones en el equilibrio de poderes políticos y económicos (decadencia), pero aún conserva sus privilegios sociales y políticos. Este desajuste entre su poder económico real (menguado) y los privilegios conservados  será el desencadenante de la pugna entre nobleza y burguesía en los momentos previos a la revolución, pues la burguesía quiere conseguir privilegios políticos equiparables a la nobleza, a costa de eliminar sus privilegios fiscales (impuestos).
  • Pueblo o Tiers État, los laboratores, los que trabajan. Es el orden de más reciente formación, pues sólo se consolida a partir del momento en que los hombres libres de las ciudades francesas adquieren derechos electorales, en 1484, por lo que pueden elegir a sus representantes para los Estados Generales, donde deliberan y deciden colectivamente, dentro de su propio orden (voto estamental, que compite con el voto del clero y de la nobleza). Representa a la mayoría de la población. A pesar de que nobleza y clero se constituyerin como órdenes mucho antes, paulatinamente el tercer estado ha ganado fuerza social, debido sobre todo a la progresiva incorporación de sus miembros más ricos a funciones públicas de relevancia (mediante la compra de cargos públicos), y también debido a la dejadez de la nobleza en el ejercicio de sus funciones tradicionales y su entrega al ocio y al dispencio cortesano. Además, el tercer estado tomará paulatinamente consciencia de sí y de creciente poder. Cuando Sieyès escribe su panfleto ¿Qué es el Tercer estado?, a principios de 1789, responde a la pregunta: el Tercer estado lo es todo. 


 Desde la consolidación de los tres órdenes, fruto del empuje de las ciudades medievales, la sociedad estamental había evolucionado a partir de dos factores separados que unieron sus fuerzas: el crecimiento de las ciudades y su poder económico, y la emergencia de la monarquía nacional, aliados contra los privilegios de la nobleza-clero. Así, el sistema estamental se convierte en una especie de contrapesos de los diferentes poderes en competencia, entre monarquía y nobleza. Sin embargo, crecimiento del comercio y la actividad artesanal, en las ciudades, acaba generando una nueva clase social, la burguesía, cuya riqueza se basa en el capital, no en la propiedad agrícola. Esta clase social se convertirá en la dominante dentro del Tercer Estado.



FUENTE: Soboul, La Révolution française. Paris, Gallimard, 1996 (págs. 57-58 y 63-67).

dilluns, 24 de febrer de 2014

LAS REVOLUCIONES ENCADENADAS (2)

DEMOGRAFÍA Y REVOLUCIÓN


En esta entrada voy a considerar la relación entre el impulso revolucionario y la cuestión demográfica, a partir de las aportaciones de Godechot, en su libro Las revoluciones (1770-1799) y de Soboul en La Révolution française. Serán datos a tener en cuenta los referentes al crecimiento demográfico y la distribución por edades de la población. En el caso francés hay factores específicos que explicarían la radicalidad de su revolución, en comparación con las de otros países de su entorno. No obstante, cada uno de estos autores aporta datos en virtud de sus propias inclinaciones interpretativas.

Godechot enlaza la Revolución francesa con las rebeliones auspiciadas por la burguesía contra el régimen absolutista y aristocrátrico que limitaba sus aspiraciones de libertad, sobre todo comercial. Era necesario liquidar todo el sistema de trabas feudales y de organización tradicional de la producción artesanal y agrícola, para poder dar vía libre al comercio y la incipiente industrialización. Proceso encabezado por Inglaterra, numerosos países desarrollados de las dos riberas del Atlántico necesitan dar salida a su economía mediante las reformas liberales que la burguesía necesita, y dada la oposición de la aristocracia y a menudo de las monarquías, será por la vía de la revolución que esas reformas se llevarán a cabo. En el caso francés, dadas sus circunstancias específicas, esa revolución será más violenta. Para conocer con más detalle la postura de Godechot, véase nuestra primera entrada de este tema, en este enlace.

Hasta aquí una explicación, la de Godechot, que puede ser aceptada desde casi todas las posiciones historiográficas. Soboul no le presenta objeciones de peso: aunque asigna a la Revolución francesa un puesto clave en el proceso histórico de ascenso de la burguesía hacia posiciones de poder político, no la liga explícitamente a las revoluciones atlánticas del XVIII sino a la inglesa y la holandesa del siglo anterior. Por lo demás, generalmente coincide con Godechot en las claves esenciales del proceso revolucionario que sacude el último tercio del siglo XVIII: la burguesía, situada entre el pueblo llano y la aristocracia, ha adquirido peso social y económico, y con ello ha adquirido consciencia de sí y del tipo de sociedad en que se siente cómoda para llevar a cabo sus actividades económicas, es decir, eliminando las múltiples ataduras de la economía feudal y liquidando el Antiguo Régimen, sobre todo en Francia (Soboul, pág. 45). Diversos cambios económicos y sociales llevados a cabo con antelación explicarían, por ejemplo, que en Inglaterra no se llevase a cabo una revolución similar, a pesar del incremento del autoritarismo de George III. En Francia, la burguesía buscaba convertir sus aspiraciones en régimen político y en estructura legal, cosa que consiguió tras el régimen napoleónico y consolidó a pesar de la Restauración borbónica en 1814 y 1815.

François Guizot
 Esta interpretación, añade Soboul, es coherente con una justificación histórica de las posiciones liberales, tan temprana como los historiadores Guizot o Taine. La línea marxista de la historiografía francesa, a partir de Jaurès, pondrá el acento crítico sobre esta interpretación tan ingenuamente burguesa. En este sentido, Mathiez desarrolla una línea interpretativa que va a topar con las interpretaciones revisionistas (Godechot): la revolución francesa no fue obra exclusiva de la burguesía, y en este sentido se manifiesta su diferencia respecto de las otras revoluciones liberales que Godechot considera encadenadas a un mismo proceso histórico. Es un sí pero no. La Revolución francesa es algo más complejo que una revuelta burguesa porque abre paso a las reclamaciones sociales y las aspiraciones políticas populares, y a lo largo de su camino deja manifestarse los antagonismos presentes en todas las clases que participan en ella: burguesía y pueblo llano no son grupos uniformes, sino compuestos por facciones que representan intereses específicos, a menudo solapados; incluso hay diferencias entre los habitantes del campo, mayoritarios en Francia, y los de las grandes ciudades. Se hace evidente, pues, que un estudio de la Revolución francesa precisa de un análisis previo de la estructura social de este país, cosa que tanto Godechot como Soboul han llevado a cabo de forma minuciosa (Soboul, pág. 47).

Tal cosa es lo que nos proponemos analizar en esta entrada: las condiciones específicas de la estructura demográfica de la Francia de finales del XVIII van a incidir tanto en las dificultades económicas del momento como en el carácter radical de la Revolución a partir de 1792.

En primer lugar hay que mencionar el gran crecimiento demográfico operado en Francia y en toda Europa durante todo el siglo XVIII. Godechot destaca el gran aumento de la población, a partir de 1730, en toda Europa, gracias al crecimiento de la producción agrícola. Destaca el hecho de que la población es muy joven, más del 70% es menor de 40 años. Esto va a generar problemas sociales: no todos los países están en disposición de poder dar salida laboral a una población creciente. En la Europa Central y Oriental, hay grandes superficies agrícolas sin explotar que permiten colocar el excedente de población sin variar la estructura social ni política, lo que explicaría la estabilidad de estos países. Por otro lado, Suiza, Alemania occidental, Inglaterra e Irlanda enviaron sus excedentes de población a las colonias y allí ocuparon tierras libres que los colonos encontraban en su constante expansión hacia el Oeste. Alemania e Inglaterra, a su vez, pioneras en la revolución industrial, pudieron colocar los excedentes de población urbana al servicio de la nueva manufactura industrial (que desembocó, más adelante, en la formación de una nueva clase social, el proletariado industrial). Francia, en cambio, estaba en una situación de desventaja: carecía de nuevas tierras de cultivo en su territorio, y había perdido sus posesiones en Canadá y la Luisiana; su revolución industrial estaba en fase embrionaria, y a finales del XVIII tuvo que soportar un desarrollo demográfico insostenible, con más de un 30% de población menor de 20 años y un 70% menor de 40 (Godechot, págs. 7-8)



DATOS DEMOGRÁFICOS
Evolución de la población francesa (según Soboul, págs. 53-54):
·             En 1700:  20,8 millones
·             En 1784:  24,7 millones (cifra aportada por Necker)
·             En 1790:  27,6 millones
·             La variación entre 1700 y 1790 es del 32,6 %.
·             La esperanza de vida al nacer, en 1789: 29 años
·             Natalidad, durante el periodo 1700-1790: 38 ‰
·             Mortalidad en 1750: 35 ‰, aunque sometida a variaciones

Es importante tener en cuenta que el crecimiento demográfico francés se sostiene a pesar de que la natalidad ni varía, pero sí disminuye la mortalidad, hasta ser superada por la natalidad. Las crisis demográficas del siglo anterior (debidas básicamente a hambrunas asociadas a las malas cosechas y a las epidemias asociadas a una pobre alimentación) se han atenuado. A partir de 1741, disminuye la mortalidad asociada a tales fenómenos y es sobrepasada la por la natalidad, sobre todo en las clases populares y en las ciudades, más que en el campo.



Las dificultades para dar empleo a esta población acaban relegando a la gran mayoría a la indigencia y el vagabundeo. Se trata de jornaleros del campo que en momentos de baja actividad estacional, o por las malas cosechas, se desplazan a las ciudades buscando oportunidades de trabajo, que en ocasiones consiguen en la construcción o en las manufacturas. Pero la cosecha de 1788 es pésima, y en ese momento la manufactura francesa está en recesión por el aumento de los precios, que ha provocado la caída del consumo interno, del que dependía porque la exportación es imposible a causa de la competencia inglesa (Soboul, págs. 76 y 89-90). En algunas zonas de Francia se llega a una tasa de pobreza absoluta del 90%. Esto explicaría la especial radicalidad de la Revolución francesa: una población muy joven y desempleada sirve para crear una masa de adictos disponible para las revueltas, e incluso un ejército que acabará conquistando Europa (aunque también la contrarrevolución se sirvió de ellos). Como ejemplo, la crisis agrícola de 1788, la más violenta del siglo: “durante el invierno [de 1788 a 1789], el hambre hizo su aparición; la mendicidad y el desempleo se multiplicaron: estos desempleados hambrientos constituyeron uno de los elementos de las masas revolucionarias” (Soboul, pág. 79). 
El crecimiento demográfico fue favorecido por el significativo aumento de la producción agrícola. Pero al crecer la población aumento la demanda de alimentos, y algunos países como Francia no pudieron satisfacer plenamente tal incremento. Consecuencias: alza de los precios de los alimentos (granos, harinas y pan), y descontento social. La inflación afectó de forma desigual según los productos, aunque fue mucho más importante sobre los alimentarios que sobre las manufacturas, dado que la mayor demanda se centraba sobre los primeros. Entre los alimentos, fue mucho mayor en los cereales, de gran peso en la dieta popular, que en las carnes, porque además estaban sujetos a las fluctuaciones estacionales y a la calidad de las cosechas, así como a las dificultades en la importación de grano (Soboul, pág. 55).
Durante el período 1785-1789, previo a la Revolución, la subida de precios siguió estas pautas (la base 100 es de 1726):
o            Harina de trigo, 66% (71% acumulado desde el inicio del siglo).
o            Carnes, 67%.
o            Leña, 91%.
o            Vino, 14%.
o            Lana, 29%.
o            Hierro, 30%.


Además, el alza de precios provocó diversas crisis económicas (aunque intervinieron más factores).  En consecuencia, aumenta la pobreza y la indigencia. Francia no puede colocar los excedentes de población ni en una industria manufacturera en expansión, como hace Gran Bretaña, ni en territorios coloniales, como hacen también Gran Bretaña, Irlanda. La dinámica económica durante el siglo XVIII es muy variable. Hay crecimiento entre 1730 y 1770, pero a partir de ahí se producen grandes variaciones, sobre todo en los precios, que comienzan una escalada sometida a vaivenes relacionados con cambios climáticos, cosechas escasas o cosechas demasiado abundantes; el comercio de metales preciosos extraídos en América también influye en los precios de los productos europeos, al hacer aumentar la moneda circulante (Godechot, pág. 10; Soboul, pág. 56). Tal vez estemos ante una de las primeras crisis económicas inducidas por al economía especulativa.

Las principales víctimas de todas estas alteraciones son, naturalmente, los obreros agrícolas y urbanos. Desde este enfoque económico, las diversas revoluciones que Godechot considera encadenadas en la Europa Occidental y en América están vinculadas, de alguna manera, a sucesivos brotes de crisis social causada por el alza de precios o por malas cosechas: 1763, 1770, 1774, 1783-1784 y sobre todo 1788-1789 (Godechot, pág. 10).

Todos estos factores, sobre todo teniendo en cuenta los marcadores demográficos (edad, esperanza de vida) y económicos (tasas de desempleo e indigencia), fueron decisivos en los momentos en que las tensiones sociales estallaron y se canalizaron violentamente. La violencia del sistema económico genera una violencia contenida, pero incontrolable si se desata. Es lo que Soboul llama motines emocionales, que van dirigidos contra quienes representan el origen de todas las penurias de los obreros no cualificados empobrecidos, desempleados y hambrientos (Soboul, pág. 80).


Conclusiones
A partir de aquí se puede hacer una interpretación útil para el presente. Hay muchos optimistas que piensan que es posible una revolución que cambie las cosas en España y otros países sacudidos por la crisis. El ejemplo islandés representa un punto de esperanza. Pero atendiendo a los datos demográficos es preciso hacer una reflexión más pesimista: la pirámide de la actual población española es justamente el reverso de la francesa en 1789: abundan los ancianos y disminuye el crecimiento en las edades juveniles. Por lo demás, el índice de indigencia es relativamente bajo, aunque nos parezca escandaloso para nuestra época. El grueso de la población está descontenta, pero no hambrienta ni desesperada. No sólo no va a haber revolución, sino que desde el poder político en manos de la contrarrevolución se están activando reformas que liquidan ante nuestros ojos todos los logros del estado de bienestar. Precisamente éste es el momento apropiado para hacer sin riesgos. Habrá movilizaciones, protestas, heridos incluso, pero no una revolución, y lo saben, porque la población española no está en la edad adecuada ni en las condiciones emocionales para emprender esa aventura.








BIBLIOGRAFÍA:

  • Jacques Godechot, Las revoluciones (1770-1799). Barcelona, Labor, 1974.
  • Albert Soboul, La Révolution française. Paris, Gallimard, 1996. Es una revisión y ampliación realizada por Soboul en 1981 sobre su clásico Précis d’Histoire de la Révolution française, de 1962 y reeditado en 1972. Así, pues, es el texto definitivo de Soboul sobre la Revolución francesa, ya que este gran historiador francés murió el 11 de septiembre de 1982.






dissabte, 22 de febrer de 2014

HISTORIA: visita al Museo Marès de Barcelona (2012)



Hace un par de años estuvimos en el Museo Marès de Barcelona. Revisando las fotografías, parece que sólo las de exterior han quedado bien. Serà una muestra del exterior del edificio.












dijous, 20 de febrer de 2014

MATERIALES: los herederos de Descartes


La primera idea que encontramos referente a la escuela cartesiana es que no hay tal cosa, que, en rigor, Descartes no podía crear escuela. Sus seguidores, que desde luego los tuvo, o bien simplemente retomaban el camino trazado por él sin aportar nada nuevo, o bien acababan separándose paulatinamente de las conclusiones ontológicas cartesianas, aun siguiendo pendientes de muchos de sus principios. A los primeros de estos seguidores se les llama pequeños cartesianos (podemos considerarlos ortodoxos), y grandes a los segundos, aunque no cabe englobarlos en un sistema común salvo dentro del amplio margen del racionalismo del siglo XVII. Estos grandes son: Malebranche, Spinoza y Leibniz. Estos tres autores se separan de Descartes, pero sin Descartes ninguno hubiese sido lo que fue. Sus planteamientos se desarrollan a partir de conceptos elaborados por Descartes y frente a problemas que Descartes no dejó resueltos (sobre todo el referente a la relación entre las tres sustancias).



El dualismo cartesiano


El sistema cartesiano es dualista, pero en su tratamiento del problema de la relación entre las sustancias deja muchos aspectos sin resolver que el cartesianismo deberá hacer frente. De hecho, “toda su problemática es tributaria de la distinción entre el espíritu y la materia” (Rodis-Lewis): desde el dualismo original (Malebranche), desde una perspectiva monista (Spinoza) y desde una perspectiva pluralista (Leibniz). Todos estos sistemas se construyen a partir de la correlación entre las ideas y las cosas, con Dios como clave de bóveda para explicar de forma inteligible la interacción entre espíritu y materia, dos sustancias que son de diferente naturaleza y, por tanto, separadas.



La cuestión de la duda metódica


Uno de los asuntos que incumben a los autores cartesianos es la cuestión de la duda, con mayor precisión, la pérdida de fuerza de la duda como método. Los cartesianos siguen a Descartes en tanto que aceptan una serie de principios esenciales para una ontología racionalista, pero se separan de él en algunos aspectos del desarrollo de esa ontología. Uno de esos aspectos es la duda. La duda metódica fue una parte esencial de la crítica de Descartes a la filosofía aceptada, y sin ella no puede entenderse cabalmente la fuerza con que Descartes establece sus postulados positivos: si la duda es tan radical que me conduce a examinar rigurosamente las condiciones de la verdad hasta los límites de la racionalidad misma (argumento del genio maligno), entonces todo aquello que encuentre capaz de superar las condiciones de la duda gozará de una certeza capaz de resistir los ataques de los especuladores, y podrá fundarse así la ciencia sobre algo seguro.

Sus seguidores, al recibir como adquiridas las conclusiones del sistema cartesiano, pierden precisamente la fuerza de la duda metódica. Sólo Descartes comprometió la necesidad interna de certeza. Los postcartesianos partieron directamente de la plataforma construida por Descartes, principalmente los tres grandes. Ninguno de ellos revisa las verdades heredadas, como sí hizo Descartes. En este sentido, al debilitar el alcance de la duda y del cogito, estas formulaciones se separarán de Descartes. Carentes del revulsivo de la duda, dan al método matemático su mayor empuje. Ninguno de ellos conserva el momento de la duda, sino que parecen instalarse directamente en el terreno de la verdad. Pero no solamente eluden ese momento, sino que realizan una crítica explícita contra el mismo.

Para Malebranche, el punto de partida no es la duda metódica, pero tampoco se apoyará en un estricto formalismo lógico, sino que reclama el derecho a la digresión. No obstante, la deducción matemática es para él el prototipo del pensamiento claro y seguro. Tal seguridad puede manifestarse en las ciencias exactas, pero no en lo relativo al hombre: no tenemos una idea clara del alma, sino tan sólo un sentimiento confuso de sus modificaciones.

Para Spinoza, la convicción de andar por el camino de la verdad no es la duda metódica, sino la geometría, el análisis euclidiano de la metafísica expuesta en forma de encadenamientos de definiciones y axiomas. Mientras que Descartes ha partido de la afirmación del cogito, Spinoza lo hace directamente de la certeza de la existencia de Dios (o Naturaleza), pero este comienzo absoluto supone, sin embargo, que ya se admite la validez del método geométrico sin discusión previa.

Leibniz también sobrepasará los planteamientos cartesianos sobre la duda, apoyándose en la matemática, el cálculo universal. Para él, le método formal lógico siempre será más satisfactorio que el método de la duda. Leibniz parte de verdades indemostrables establecidas como premisas y fundamento de toda demostración ulterior. A su manera, reconduce y manipula el concepto cartesiano de la duda, originalmente terapéutico, para convertirlo en una relación de grados de asentimiento y disentimiento, con un sentido más retórico que metodológico.



Cartesianos ortodoxos


  • Robert Desgabets (1610-1678), teólogo cartesiano interesado en estudios médicos (pionero en temas como la transfusión de sangre). Cercano al empirismo. Divulgó el cartesianismo en París y Toulouse. Autor poco estudiado, sus obras no fueron impresas hasta 1983.
  • Reticus (Regis, pseudónimo de Sylvain Leroy) (1632-1707). Era teólogo, médico y profesaba la filosofía cartesiana a raíz de sus inclinaciones hacia la fisiología mecanicista. Iniciado en el cartesianismo por Rohault. Fue uno de los defensores de Descartes en Utrecht, en cuya universidad enseñaba. Por lo demás, la relación entre ambos no fue afortunada: mientras que Descartes lo consideraba como su mejor alumno, el médico malinterpretaba sus ideas (hombre como ser por accidente), y acabaron rompiendo y Regis inclinándose hacia el empirismo.

  • Jacques Rohault (1617-1672). Se le considera el mejor especialista en física cartesiana. Pronunciaba conferencias, y en 1671 publicó un tratado de física que tuvo gran resonancia. Murió en 1675 sin resolver los problemas que la física cartesiana planteaba frente a los desarrollos newtonianos sobre la gravedad, que Descartes rechazaba como una noción oscura.
    Rohaul



Ocasionalistas


Hay una serie de autores menores que avanzaron la idea del ocasionalismo, desarrollada en profundidad por Malebranche, autor de su formulación más precisa y elaborada. Se trata de autores como: 

  • Gerauld de Cordemoy (1626-1684). Seguidor de Descartes, pero dentro de una línea que acepta el atomismo, la indivisibilidad de ciertas partículas simples y extensas. Cercano a gassendistas y libertinos. Se interesó también en el tema del animal-máquina y su diferencia con el hombre (lenguaje). Su logro más importante fue, sin duda, la formulación más temprana del ocasionalismo (Rodis-Lewis, op. cit., pág. 65).
    Cordemoy



































  • Johannes Clauberg (1622-1665). Teólogo calvinista, comentarista de Descartes en Alemania. En sus escritos se vislumbra la idea central del ocasionalismo.
    Clauberg

  • Arnold Geulincx (1624-1669). Desarrolla el ocasionalismo en los Países Bajos, concretamente en Lovaina.

Arnold Geulincx





















  • Louis de La Forgue (1632-1666). Amigo y discípulo de Descartes, es uno de los primeros ocasionalistas franceses, introductor del término causa ocasional.
    Un libro de La Forgue

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FUENTE: 


G. Rodis-Lewis, Descartes y el racionalismo. Barcelona, Oikos-Tau, 1971.


dimarts, 18 de febrer de 2014

BOUGAINVILLE EN MONTEVIDEO (1767)

Durante la estancia de Bougainville en la región del Río de la Plata, visitó Montevideo, y dejó testimonio de su experiencia al otro lado del estuario platense:


La ciudad de Montevideo, establecida desde hace cuarenta años, está situada en la ribera septentrional del río, treinta leguas por encima de su desembocadura y construida en una península que defiende de los vientos del Este una bahía de cerca de dos leguas de saco por una de anchura a su entrada. En la punta occidental de esta bahía hay un monte aislado bastante elevado, el cual sirve de reconocimiento y ha dado nombre a la ciudad; las otras tierra que la rodean son muy bajas. El lado de la llanura está defendido por una ciudadela: varias baterías protegen el lado del mar y el fondeadero; hasta hay una en el fondo de la bahía, en una isla muy pequeña, llamada isla de los Franceses.

Montevideo tiene un gobernador particular, el cual está inmediatamente bajo las órdenes del gobernador general de la provincia. Los alrededores de esta ciudad están casi incultos y no producen ni trigo ni maíz: hay que hacer traer de Buenos Aires la harina, la galleta y demás provisiones para los barcos. En las huertas, sean de la ciudad, sean de las casas de las cercanías, no se cultiva casi ninguna legumbre: se encuentran solamente melones, calabazas, higos, melocotones, manzanas y membrillos en gran cantidad. Los animales son tan numerosos como en el resto del país, lo que, unido a la salubridad del aire, hace la escala en Montevideo excelente para las tripulaciones; únicamente se deben tomar medidas para impedir la deserción. Todo incita a ella al marinero en un país donde la primera reflexión que le sorprende al desembarcar es que se vive allí casi sin trabajar. En efecto, ¿cómo resistir a la comparación de deslizarse en el seno de la ociosidad los días tranquilos, bajo un clima delicioso, o languidecer, hundido bajo el peso de una vida constantemente laboriosa, y acelerar en los trabajos del mar los dolores de una vejez indigente?
La isla de los Franceses se llama actualmente de la Libertad



Bougainville estuvo fondeado en Montevideo hasta el 28 de febrero de 1767. Quizás él también tuvo la tentación de quedarse allí, pero su punto de vista de oficial de la marina debía ser muy diferente del marinero raso.



FUENTE:
Bougainville, Viaje alrededor del mundo. Madrid, Espasa-Calpe, 1966, parte I, cap. 2, págs. 36-37.


diumenge, 16 de febrer de 2014

ACTUALIZACIÓN EN PAPEL


Ya tengo lista la edición en papel de mi traducción de la biografía de Germaine de Staël, obra del francés Emmanuel Beau de Loménie. Germaine fue una persona excepcional, una mujer inteligente y por ello poco comprendida por los hombres de su tiempo. Ni siquiera su biógrafo le hace justicia, así que yo he intentado compensarlo a partir de mis notas a pie de página.














ACTUALIZACIÓN

Acabo de subir las dos ediciones digitales de mis últimos trabajos: Los huesos de nuestros ancestros y Germaine de Staël. Una viajera sentimental, ambos publicados en la pltaforma de bubok.com.


Estos son los enlaces:



Los huesos de nuestros ancestros
















Germaine de Staël. Una viajera sentimental

dissabte, 15 de febrer de 2014

BOUGAINVILLE: los indígenas platenses (1767)

Seguimos con el relato de Bougainville, todavía anclado en el Río de la Plata. Está esperando la ocasión adecuada para zarpar rumbo a la Malvinas con la misión de retornar el establecimiento francés a los españoles, que lo reclaman. Dado que los reinos español y francés son aliados, se ha llegado al acuerdo con rapidez. Más adelante dedicaremos una estrada a esta interesante cuestión. En el siguiente fragmento, Bougainville describe a los indígenas que habitan la región bonaerense:


Los naturales que habitan esta parte de América, al norte y al sur del río de la Plata, son del número de los que no han podido ser todavía dominados por los españoles, y que llaman indios bravos. Son de mediana talla, muy feos y casi todos sarnosos. Su color es muy bronceados, y la grasa con que se frotan continuamente los hace todavía más negros. No tienen otro vestido que un gran manto de piel de corzo que les cubre hasta los talones, y en el que se envuelven. Las pieles de que está compuesto están muy bien curtidas; ponen el pelo para adentro y el exterior está pintado de diversos colores. El distintivo de los caciques es una banda de cuero con que se ciñen la frente; está recortada en forma de corona y adornada con placas de cobre. Sus armas son el arco y la flecha; se sirven también del lazo y de las bolas. Estas bolas son dos piedras redondas del tamaño de una granada de dos libras, encajadas una y otra en una banda de cuero y atadas a cada una de las extremidades de una tripa retorcida de seis a siete pies de longitud. Se sirven a caballo de esta arma como de una honda, y alcanzan hasta doscientos pasos al animal que persiguen.

Estos indios pasan su vida a caballo y no tienen morada fija, al menos cerca de los establecimientos españoles. Vienen algunas veces con sus mujeres para comprar aguardiente, y no dejan de beber hasta que la embriaguez les deja completamente sin movimiento. Para procurarse licores fuertes venden armas, pieles y caballos; cuando han agotado sus recursos, se apoderan de los primeros caballos que encuentran cerca de las casas y se alejan. Algunas veces se reúnen en tropas de doscientos a trescientos para robar bestias en las tierras de los españoles o para atacar las caravanas de los viajeros, asesinan y hacen esclavos. Es un mal sin remedio. ¿Cómo domar una nación errante en un país inmenso e inculto, donde sería hasta difícil encontrarla? Además, es tos indios son valientes, aguerridos, y ya no es aquel tiempo en que un español hacía huir mil americanos.

FUENTE: Bougainville, Viaje alrededor del mundo. Madrid, Espasa-Calpe, 1966, parte I, cap. II, pág. 34.

dimarts, 11 de febrer de 2014

HEMEROTECA: más libros de Habermas (1988)

Reseña de Reyes Mate dedicada al tan esencial libro Teoría de la acción comunicativa, de Habermas (Madrid, Taurus, 1988, en dos volúmenes) y al texto de Thomas McCarthy, La teoría crítica de J. Habermas (Madrid, Tecnos, 1988). Publicada en El País, 2 de octubre de 1988.




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