PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 31 de juliol de 2014

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA? (1995)

La filosofía es un gran conjunto de ideas y teorías contrapuestas y rivales, entre las que se establece una pugna dialogada que sirve de acicate para conseguir ciertos avances en el conjunto de los conocimientos que puede aportar. Naturalmente, este conjunto de ideas tiene una dimensión histórica que no aparece en el terreno de las ciencias; la filosofía crece con la historia, se alimenta de ella, establece relaciones internas entre las distintas teorías a través de sus deferentes desarrollos históricos. Su búsqueda de explicación del mundo en su conjunto enlaza con la tarea de las ciencias más que las religiones. En ese sentido se explica que todas las ciencias hayan formado parte de la filosofía antes de separarse de ella.

Deleuze y Guattari
Pero, ¿qué define específicamente la actividad filosófica, y la diferencia de otras actividades intelectuales? Para Deleuze y Guattari, esta cuestión lleva a intentar definir la actividad de forma contrapuesta a la actividad misma: qué es lo que hago cuando hago filosofía, visto desde fuera. Es un error que ocurre porque la filosofía es una actividad, la única, que no puede definirse (objeto y método) desde fuera, pues intentar definirla es también una actividad filosófica. El libro mismo de Deleuze y Guattari es el mejor ejemplo de que para explicar qué es la filosofía, su objeto y método, hay que hacer filosofía y no se puede abordar la cuestión desde fuera de la filosofía, como sí ocurre con otras disciplinas, como la numismática, la física o la medicina, que se definen desde fuera de su propio ámbito.

En este sentido, la postura de Deleuze y Guattari va a intentar situarse a cierta distancia del hecho de filosofar, es decir, lo que se llama metafilosofía (ver capítulo correspondiente). Para estos dos teóricos, “filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos”. “El filósofo es un especialista en conceptos, y, a falta de conceptos, sabe cuáles son razonables, arbitrarios o inconsistentes, cuáles no resisten ni un momento, y cuáles por el contrario están bien concebidos y ponen de manifiesto una creación incluso perturbadora y peligrosa.”

Intentar definir el “concepto” como resultado de la creación filosófica supone entrar en un terreno muy resbaladizo, en tanto que Deleuze y Guattari usan un lenguaje no siempre preciso para dar cuenta de lo que quieren explicar. Lo que sigue es un intento de resumir sus ideas recurriendo a un lenguaje más natural. El concepto es una cuestión de articulación de sus componentes, de separación e intersección de los mismos. La consistencia interna de un concepto depende del grado de consistencia entre sus diversos componentes. El concepto es un punto de coincidencia, una condensación y acumulación de sus propios componentes (sus rasgos intensivos, es decir, aquellos que designan al concepto, específicamente, los elementos que lo componen; se opone al sentido de extensión o denotación, en tanto que los rasgos extensivos equivaldrían a ejemplos derivados del concepto, pero no su definición), de modo que resulta en sí mismo inalterable, una ordenación específica de los mismos, de modo que si se mueven sus componentes cambia el concepto. Pero estos rasgos no tienen relación con las variables y constantes que nutren el lenguaje científico. Esto es importante en cuanto que la filosofía es una actividad diferente de la ciencia. “Un concepto es una heterogénesis, es decir, una ordenación de sus componentes por zonas de proximidad. Es un ordinal, una intensión común a todos los rasgos que lo componen”, rasgos que no se pueden alterar sin alterar el concepto mismo. El concepto es un acto del pensamiento, un acontecimiento puro. En este sentido, su consistencia es dinámica, está sometido a los vaivenes del filósofo que lo somete a reajustes permanentes e incluso a cambios completos a partir de pequeños detalles que se hacen grandes en el seno de un concepto y acaban provocando una nueva condensación, un concepto nuevo. Pero el concepto puede plantearse a sí mismo y ante otros conceptos, es autorreferencial.

Por otro lado, afirman los autores, el concepto no es una proposición ni un conjunto de proposiciones. Esto es una confusión derivada de la ciencia y la lógica, como si hubiera una gramática filosófica, como si los conceptos fuesen proposiciones extraídas de las frases en las que estos aparecen. El concepto es una intensión, y las proposiciones son siempre extensionales, se refieren a estados de cosas. Intentar mostrar el concepto mediante proposiciones puede dar lugar a proposiciones carentes de sentido desde un punto de vista lógico o gramatical (que es precisamente la crítica de la lógica a la metafísica y la fenomenología).

Otra cuestión será el para qué crea el filósofo conceptos, su empleo posterior (para entender o explicar el mundo, quizás). En la actividad de la filosofía, ese crear conceptos, hay una finalidad, se hace para un empleo posterior. Decir que la filosofía no sirve para nada “constituye una coquetería que ya no divierte ni a los jóvenes”: la filosofía sirve para plantear problemas, y los conceptos que crea intentan explicar o resolver esos problemas. Todo concepto remite a un problema o problemas sin los cuales carecería de sentido. En filosofía, sólo se crean conceptos en función de los problemas que se consideran mal vistos o mal planteados.

Esta actividad creadora de conceptos es específica de la filosofía. Las artes y las ciencias también son creadoras, pero sólo la filosofía es creadora de conceptos, y estos conceptos creados son nuevos en tanto que están ligados a la figura de quien los crea. En este sentido, el filósofo no acepta los conceptos que encuentra a su disposición, heredados de la creación de otros filósofos, ni se limita a hacer con ellos una remodelación o a darles lustre. El filósofo comienza de cero en cada momento. De hecho, el filósofo ha de desconfiar de todos los conceptos heredados. Los conceptos son nuevos en relación con el momento, pero todo concepto tiene su historia, remite a otros conceptos anteriores e incluso a otros problemas planteados anteriormente; pero no es una historia lineal, sino que zigzaguea y discurre por otros problemas situados en diversos planos. Además, los conceptos remiten a otros conceptos aunque sean creaciones nuevas, ya que contienen trozos o componentes derivados de otros conceptos y combinados de otra forma. Los conceptos no se crean de la nada.

En cuanto a las ciencias y las artes, también pueden crear ideas, pero no son conceptos. La filosofía tiene la exclusividad como creadora de conceptos, aunque eso no le garantiza preeminencia alguna sobre las otras disciplinas (aunque la pretenda en ocasiones), “pues existen muchas más formas de pensar y crear, otros modos de ideación que no tienen que pasar por los conceptos”. La filosofía es la creación de conceptos consistentes, cuyos componentes no pueden ser alterados sin cambiar el concepto mismo. En esto se diferencia la ciencia de la filosofía. El de la filosofía y la ciencia son terrenos diferentes, incompatibles, sin interferencias posibles: el concepto es territorio de la filosofía, atribuir a la ciencia la posibilidad  de generar conceptos es erróneo, ni siquiera se considera la posibilidad de que la ciencia se ocupe de aspectos de un concepto a los que la filosofía no alcance, porque en realidad la filosofía abarca la totalidad del concepto que genera; o tampoco que la filosofía se ocupe de aquellas zonas que quedan al margen de la ciencia o de los conceptos que la ciencia pretenda generar, porque en realidad la ciencia no genera conceptos, sino funciones, prospectos. “El concepto pertenece a la filosofía y sólo pertenece a ella.”

La ciencia formula proposiciones, elementos extrínsecos (extensivos) definibles en relación a unos ejes de referencia (funciones, prospectos). Los conceptos filosóficos, en cambio, son intrínsecos (intensivos) e independientes de cualquier plano de referencia. El arte, a su vez, formula preceptos y afectos. Como colofón, los autores consideran que la filosofía no es interdisciplinaria, tan sólo tiene algunas resonancias con otras disciplinas, algunas intersecciones e incluso algunas interferencias, pero la filosofía se entiende a sí misma como completa
.
Deleuze y Guattari, en su intento de acotar la especificidad de la actividad filosófica, ceñida a la creación de conceptos, consideran qué no es filosofía, o al menos no lo es específicamente. Consideración problemática:

·        La filosofía no es contemplación: eso es posterior a la creación del concepto, cuando se ha cosificado.
·        La filosofía no es reflexión, puesto que la reflexión interviene en el ámbito de numerosas disciplinas.
·        La filosofía no es comunicación ni discusión. La comunicación busca crear consensos, pero no crea conceptos. La conversación entre amigos es un idealismo estéril. Podemos añadir que el diálogo es esencial en el discurso filosófico, contrapuesto enteramente al discurso del pensamiento dogmático. Pero en la filosofía no hay lugar para la discusión, porque en realidad los interlocutores no hablan de lo mismo, ni comparten el mismo plano o marco conceptual; cada filósofo es único como creador de conceptos que pretender ser indiscutibles, apodícticos _igual que las obras de arte_, con la intención de encarar un problema que el filósofo se ha planteado dentro de su propio marco de presupuestos y creencias. Sin nombrarlo, los autores critican así la idea de Habermas sobre a racionalidad comunicativa. La filosofía puede llegar a ser un discurso afirmativo, pero esencialmente es una interrogación, un discurso dubitativo, por lo cual se abre a todo tipo de relaciones entre teorías filosóficas y con otras disciplinas no filosóficas. La filosofía es curiosidad por el mundo y escepticismo ante las explicaciones sobre el mundo; es un preguntar que hace que busquemos nuestras propias respuestas. La filosofía es un lanzamiento de dados sobre una mesa. La crítica entre filósofos se mueve en un plano diferente y desde presupuestos no siempre compartidos, de modo que toda discusión es fútil (aunque todos los conceptos filosóficos de un mismo momento comparten un plano de inmanencia). Criticar sin crear, sólo para constatar que un concepto se desvanece porque ya no explica los problemas o porque los problemas ya no son los mismos y no encajan en la solución que el concepto propone, es “la auténtica plaga de la filosofía.”

Contemplación, reflexión y comunicación se han asociado a la filosofía como un engendro de sus propias ilusiones, pero en realidad la filosofía no contempla, no reflexiona ni comunica, sólo crea conceptos que luego son manejados por quienes contemplan, reflexionan y comunican. Si la filosofía ha asumido alguna vez esas funciones es porque necesitaba establecer mediante ellas un dominio sobre las demás disciplinas, refugiándose en ese poder.


FUENTEDeleuze, G., & Guattari, F., ¿Qué es la filosofía? Barcelona, Anagrama, 1995, especialmente el capítulo I.


diumenge, 27 de juliol de 2014

SUICIDAS ILUSTRES: ERNEST HEMINGWAY


La familia Hemingway, en 1905 (Ernest está en el extremo derecho)
Ernest Hemingway (1899-1961) trabajó como conductor de ambulancias durante la Gran Guerra, con sólo 18 años. Se alistó en mayo, y fue herido con fuego de mortero dos meses después, en Italia. Mientras se recuperaba de las heridas, se enamoró de Agnes von Kurowsky, una enfermera de la Cruz Roja siete años mayor que él. Pero ya estaba comprometida con un oficial italiano.

En España...
Ernest regresó a los Estados Unidos a principios de 1919 y se hizo periodista del Toronto Star. Conoció a Elizabeth Hadley y se casaron, para posteriormente ir a París. Regresaron a Toronto y allí nació su primer hijo, Jack, en octubre de 1923. Nuevo viaje a Europa, pasando por España y Pamplona. En 1925 se trasladan a Austria, y allí comienza el romance entre Ernest y Pauline Pfeiffer. La pareja se divorció en enero de 1927 y Ernest se casó con Pauline Pfeiffer en mayo de este año. Estuvieron juntos hasta 1940.

Ernest y Pauline, 1927
En 1928 nació Patrick Hemingway en Kansas City, donde se habían establecido. En diciembre recibió un telegrama que decía que su padre se había suicidado. Su tercer hijo, Gregory, nació en noviembre de 1931. 



En 1933 fueron de safari a África del Este durante diez semanas, durante el cual Ernest enfermó de disentería. Regresan a Cayo Hueso, en la costa de Florida, donde se había instalado en diciembre de 1928.


A bordo de El Pilar

En 1934 compró un barco, El Pilar, para navegar por el Caribe. Entre 1937-39 y 1941-45 estuvo de corresponsal de guerra en la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. 







Ernest y Martha, en China, en 1941
En 1936 había conocido a la periodista Martha Gellhorn, en Cayo Hueso. Se separó de Pauline y se casó con Martha en 1940, teniendo Cuba cómo residencia. Se separaron en marzo de 1945.





En Londres, en 1945, había conocido a otra periodista, Mary Welsh, con quien se casó en 1946, y estuvieron juntos hasta su muerte en 1961.

En 1954 recibió el Nobel de Literatura. Poco antes, tuvo dos accidentes de avión que le rompieron dos discos intervertebrales. Llegó a ser diagnosticado de arterioesclerosis, conduciéndole a la depresión.

El 2 de julio de 1961, Ernest se disparó un tiro en la cabeza con su escopeta. 


Casi 35 años después (el 1 de julio de 1996), su nieta, la actriz Margaux Hemingway (hija de Jack), también se suicidó, por sobredosis de fenobarbital.












Su padre Clarence (4/9/1871 - 6/12/1928) se suicidó de un tiro con una pistola del calibre 22.

Su hermana Ursula (29/4/1902 - 30/10/1966), enferma de cáncer, murió de sobredosis de drogas.

Su hermano Leicester (1/4/1915 - 9/1982), enfermo de diabetes, se disparó con una pistola del calibre 22.


David Villalobos

divendres, 25 de juliol de 2014

NUEVO NÚMERO DE CONSTELACIONES



NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA CONSTELACIONES



ACCESO AL PDF DE LA REVISTA: enlace




dimecres, 23 de juliol de 2014

RESEÑA DE 98 OCTANOS (2014)



Aurelio González

98 OCTANOS


Girona, Ed. Quadrivium, 2014



















Dicen que hacer una reseña del libro escrito por un amigo es de dudosa moralidad. No veo que la cuestión pueda llegar a simplificarse tanto como para darla por zanjada sin más. La cosa tiene más miga. Para muestra, el artículo que Umberto Eco escribió sobre este asunto (titulado "El libro de un amigo, los enemigos y los amigos del autor", en El País, 21 de febrero de 1989, y que puede leerse en este enlace), donde queda relativizada la supuesta exigencia moral debido a la estrechez del círculo de amigos y enemigos de un autor, porque el mundillo de la crítica está compuesto de gentes que se aman y se odian por dispares razones no siempre vinculadas a la literatura.

Por lo demás, no creo que en el caso de 98 octanos y su autor, Aurelio González, esta reseña vaya a alterar demasiado el orden moral que impera en el no tan impoluto mundillo literario. Aurelio y yo somos amigos desde hace muchos años, pero ni él ni yo estamos vinculados a grupos editoriales de peso y creo que nos importan bastante poco los índices de ventas, ni vamos a alcanzar con nuestras letras mejores posiciones académicas o profesionales. Ni vamos a ganar más dinero. Así que hay un alto nivel de garantía de inocencia mediática.

Pero escribir la reseña del libro de un amigo es, sin embargo, cosa complicada por otros motivos. La relación con el autor puede distorsionar toda interpretación de su escritura en manos de un reseñista que puede hallar elementos en el texto que le remitan al pasado común entre autor y reseñista, y puede confundir con la realidad pasada lo que el autor sólo tomo prestado para construir una ficción. para empezar, el protagonista de 98 octanos es un joven desarraigado que estudió filosofía y no sabe qué hacer en la vida, lo que le lleva a la escritura. Quizás se arrepienta de haber emprendido tales estudios. No ha sacado nada productivo de ellos, se ha dedicado a trabajos de baja estofa y sólo tiene en el horizonte la redacción de una novela que todavía está en proceso de gestación pero sin dar signos de que el parto vaya a producirse sin dificultades. Y confía en esa novela para sacar la cabeza del agua y respirar. No es que autor o reseñista encajen en al cien por cien en esta caracterización, pero sí en alguno de sus elementos, aunque sea a la inversa: creo que ninguno de los dos se ha arrepentido de haber estudiado filosofía, a pesar de conocer de cerca las consecuencias de haber tomado esa decisión hace casi treinta años.

Volviendo a un terreno más literario, me veo en la necesidad de subrayar que escribir una novela cuesta más de lo que se pueda suponer desde el otro lado del libro, donde es relativamente fácil ventilarse una historia en una par de tardes. Quizás por este motivo, Aurelio González ha dedicado la segunda parte de su trilogía Insert coin a explicar cómo llegó a escribir la primera, La geometría del círculo (Girona, Quadrivium, 2008). Una novela para explicar otra novela. No es mala idea. Permite combinar varios hilos argumentales alrededor del protagonista, Jonás, y su desesperado empeño por hallar un ligar de trabajo donde acabar de una vez por todas un texto que se le resiste, mientras sueña con una periodista erotizante que le entrevista tras haber alcanzado el éxito. Es el sueño que anima a los escritores a emprender la lucha con el papel en blanco o, en el caso de Jonás, con la pantalla en blanco. Ensoñaciones mediáticas.

Uno de los ejes centrales de la historia es la operación de juego sucio contra el Gran Casino de Barcelona (no sé hasta qué punto es un juvenil sueño de Aurelio González), que en la mente de Jonás adquiere la función catalizadora de sus impulsos creativos. Yo hice saltar la banca del casino y he de explicar cómo y por qué. Hilo, por lo demás, trenzado con otro, el de la ruptura con Elsa, su novia del instituto, y trenzado con otro más, el ambiente decrépito de Duero, el pueblo donde los padres de Jonás se establecieron para iniciar allí una existencia arcadiana como pioneros del cultivo ecológico, ahora fagocitado por el sistema bajo la etiqueta de eco-capitalismo, de la misma manera que el movimiento del orgullo gay ha sido tragado hasta el fondo y ahora se vende bajo la égida del gay-capitalismo. En suma, en ese ambiente había transcurrido la adolescencia de Jonás, sus años de rebeldía y su primer contacto con la filosofía de la mano del profesor de la asignatura, Arturo Sáenz, más tarde expulsado del instituto por sus díscolas actividades.

Todo este escenario desprende un cierto regusto a decadencia. Un profesor de filosofía fracasado y colgado de los buenos tiempos pasados; un alumno que estudió filosofía por su culpa y que parece arrepentido de ello o al menos no acaba de encontrar sentido a todos aquellos años dedicados  a leer a Kant, Heidegger, Marx o Aristóteles; tanto esfuerzo para acabar en trabajos como acompañar a una vieja gloria del cabaret en sus decrépitos paseos por el casino.

No sé si detrás de esto hay una reflexión sobre el sentido de la vida, sobre el sentido de la filosofía, sobre el sentido de estudiar filosofía, o todo a la vez. He aquí el punto donde puede haber interferencias en la tarea del reseñista, que estudió esa carrera junto al autor de la novela. No sé hasta qué punto tenemos una experiencia coincidente en cuanto al sentido de estudiar filosofía y seguir en la brecha. Yo me sentí profundamente decepcionado a mitad de camino y casi abandono. Él siguió, pero nunca lo vi demasiado interesado en prepararse para la docencia, no tanto como otros que Jonás menciona en el relato y que me remiten a compañeros comunes que, con escaso sentido filosófico, preparaban sus oposiciones al cuerpo docente desde el primer día del primer curso. Y las ganaron a la primera. Hoy deben ser profesores de instituto; no sé si son filósofos.

No obstante, tanto Aurelio como este reseñista han acabado en la docencia, a pesar de todo y seguramente a través de diferentes vías y dispares circunstancias vitales, pero imagino que en ambos se trata de algo contingente, una forma de poder subsistir y de ese modo poder crear, conscientes de que lo importante en la filosofía no es enseñarla sino activarla. Si Aurelio ha conseguido dar salida a sus inquietudes creativas a través de la novela, bienvenido sea a esta ciudadela.



























dissabte, 12 de juliol de 2014

PRESENTACIO REVISTA BVALLS DE LLETRES (2014)

VALLS, 10 DE JULIOL DE 2014 

POEMES D'ESTER ASTUDILLO EN EL NÚMERO 18 DE BVALLS DE LLETRES








Presentació al Pati de Sant Roc, a la seu de l'Institut d'Estudis Vallencs


















dimarts, 8 de juliol de 2014

ART I CREATIVITAT (2014)









Un vídeo sobre aquest llibre en aquest enllaç.






















CREATIVITAT A CASA







FANTASMES DE FANG



ROMANS


VAIXELL ROMÀ








Il·lustracions per a aquest llibre, editat en 2010.

Es pot veure en aquest enllaç.


















Editat al 2009. Es pot veure en aquest enllaç.





















Manualitats amb materials reciclats i naturals (cotó, paper, cartolina, escuradents, pintura)...



AIXÍ ES FA UN TEPPEE









PLASTILINA




ROBESPIERRE




ROBESPIERRE

ANIMACIÓ INSPIRADA EN LA HISTÒRIA (2011)




PERRUQUES REVOLUCIONÀRIES









ARQUEOLOGIA EN FANG






LLIBRES I DIBUIXOS


(2009) Vista interior en aquest enllaç.













VÍDEO PROMOCIONAL










(2010)

Es pot veure en aquest enllaç.



















(2011)

Es pot veure en aquest enlace.


(2013)

Es pot veure en aquest enllaç.


















EL MÉS RECENT



(2013)
Llibre amb il·lustración de l'Adrià i el Martí, en aquest enllaç.

























(2013) Il·lustració de la coberta de l'Adrià.
En aquest enllaç.





























Auto Cad Tutorials