PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimarts, 29 de desembre de 2015

ENTREVISTA A CÉSAR RENDUELES (2014)

César Rendueles (Girona, 1975) creció en Gijón pero desde hace veinte años vive en Madrid. Doctor en Filosofía, profesor de Teoría Sociológica en la Universidad Complutense y antiguo trabajador del Círculo de Bellas Artes de Madrid, acaba de publicar Sociofobia, un ensayo en el que analiza el papel de Internet y las redes sociales en el contexto político actual, y en el que desmonta muchos tópicos idealizados sobre ellas. Miembro fundador de Ladinamo, un colectivo cultural que tenía su sede en Lavapiés y que editaba la revista del mismo nombre, abraza con alegría el resurgimiento del asociacionismo popular y reflexiona sobre los pasos que hay que dar, ahora que todo se ha desmoronado ante nuestros ojos.
Claudia Lorenzo / Periodista.



Dice usted que Internet es muy bueno cuando ya se ha logrado sacar a la gente de casa, pero no para sacarles. Entonces, ¿cómo se les saca?
Esa es la pregunta clásica de la acción política. Constantemente buscamos una clase de automatismo que nos permita evitar esas preguntas. ¿Cómo hacemos que la gente que no tiene trabajo lo tenga? Construimos un edificio o, como en Gijón, un súper puerto, y ya irán llegando los barcos. Esto es un poco lo mismo, comprémonos un montón de aparatitos y ya llegará la democracia. Nos negamos a enfrentarnos a dilemas que son de otra categoría.

Vivimos con un miedo atroz a que nos cambien este sistema democrático actual que tenemos y que no se sostiene. Sin embargo, si nos lo ofreciesen como nuevo no lo querríamos.
Hay una apuesta clásica del sistema político tradicional de izquierdas que se ha olvidado completamente, el hecho de creer que las clases trabajadoras no deben ser el objeto de caridad de los que mejor están, sino que son de verdad los agentes del cambio político. Los que estamos un poquito mejor que ellos estamos atrapados en contradicciones, en cambio quien peor está y no tiene nada que perder puede iniciar cambios que nos vienen bien a todos los demás. Tenemos que dejar de confiar en esa leyenda urbana que son las clases medias y recuperar el hecho de que los perdedores de ese gran timo que llamamos capitalismo son los que pueden ayudarnos a cambiar las cosas.

¿Y cómo se hace?
Estamos asistiendo a un momento en el que debemos recuperar las políticas de apoyo, que es de lo que verdad se tratan las políticas de izquierdas. Hay que volver a finales del siglo XVIII y a las organizaciones de socorro mutuo, redes generales en donde había una continuidad entre el espacio más íntimo y la solidaridad política. Algo de eso está volviendo a aparecer y supone recuperar algunas cosas muy importantes de la tradición de izquierdas, y también criticar muchas otras. No creo que haya muchas más opciones. Ahora bien, es cierto que es un camino lleno de posibilidades de fracaso, como siempre.

Dice usted que las clases trabajadoras pasan más tiempo en Internet que las élites.
Hay toda una retórica ciberpolítica que dice que los medios digitales no nos han convertido en mejores, más libres y fraternos por la brecha digital, porque los pobres todavía no tienen las herramientas adecuadas. Al menos en los países más ricos, no es así. Los pobres pasan mucho más tiempo delante de ordenadores, tabletas y televisores. Las relaciones personales cara a cara empiezan a ser un bien escaso acaparado por las élites. Antes lo que tenían los pobres era capital social, pero cada vez se da menos porque tenemos que viajar, porque nos mudamos lejos de nuestra familia y amigos, porque muchas veces trabajamos desconectados del resto de nuestros compañeros de trabajo.

La lucha de clases no ha cesado, defiende usted en el libro, y sin embargo ya no tenemos sensación de vivir en esa lucha.
No la tenemos los trabajadores, las élites tienen clarísimo que hay lucha de clases. El neoliberalismo fue un proyecto con unos objetivos claros que se persiguió sistemáticamente durante muchos años, y que en los setenta irrumpió con una fuerza brutal. Se ve en las políticas fiscales. Los ricos han dejado de pagar impuestos, las rentas del trabajo han asumido todo el peso fiscal de este país y claro, si el peso fiscal cae sobre las clases trabajadoras y hay un 30% de paro, ¿qué pasa? Lo de ahora. Eso es la lucha de clases. Las élites jamás han pensado que la lucha de clases haya desaparecido, es algo que nos hemos creído los demás. Y así nos va.

Dice que el fetichismo de las redes de comunicación ha reducido nuestras expectativas políticas.
Lo que esperamos de la acción política se ha venido reduciendo en las últimas décadas. El origen es ese proceso de la lucha de clases. Se nos dijo que de alguna manera el mercado iba a tomar decisiones por nosotros. Ya nadie cree que el mercado vaya a hacer eso con la que está cayendo. Pero en cambio sí pensamos que en las redes se está abriendo un espacio público de debate. Y es una rebaja de las expectativas políticas, que deberían estar más ligadas a los procesos de deliberación, de transformación de los unos a los otros a través de la discusión política. En Internet se respira muchas veces una efervescencia política que acaba deshinchándose.

Al final va a ser cierta esa frase de que “tenemos los políticos que nos merecemos”.
Desde el momento en el que empezamos a hablar de políticos como alguien que se debe ocupar de ese espacio, mal encaminados vamos. Debemos aceptar que, como mucho, puede haber delegados que asuman alguna parte de las tareas que les encomendamos. Hay formas de delegación política importante, no solo inevitables sino valiosas, pero se tienen que dar ciertas condiciones para que funcionen, tiene que haber una manera de examinar ese trabajo de forma sistemática y de despedir a la gente que no lo haga bien. Eso es lo que ahora mismo no existe. Así que, si pensamos que “tenemos políticos”, sí, tenemos los que nos merecemos.

Después de tanta crítica, hay un toque esperanzador en su libro, gracias a su propuesta de la “ética del cuidado”.
Propongo la ética del cuidado como la recuperación de algo que ha sido muy valioso, pero que no ha sido detectado como tal, y que creo que habla de las condiciones sociales de la emancipación de la política. Nos hemos centrado mucho en las condiciones materiales de la emancipación -si no tenemos todos un nivel de riqueza determinado, esto es un timo- o en las condiciones políticas. Pero nos hemos olvidado del vínculo social que necesitamos para que la igualdad y la libertad sean reales.

Esa ética del cuidado suena mucho a El espíritu del 45 del último documental de Ken Loach.
La imagen que tenemos del proyecto socialdemocrático es la de un consenso en donde las clases trabajadoras acordaron no molestar mucho y renunciar a aspiraciones igualitarias profundas a cambio de ciertos bienes de consumo y herramientas de integración social. Pero Ken Loach detecta cómo en 1945, en Gran Bretaña, se ve de otra manera. Hay un sentimiento de que se puede parar el capitalismo desbocado, y eso está ligado a iniciativas políticas con un componente de fraternidad importante. El propio título, el espíritu, alude a qué tipo de personas deberíamos ser para vivir en una sociedad más libre.

En El espíritu del 45 también hay un momento en el que dicen que son los mayores, los que lograron hacer cambios en esa época, los que tienen que salir ahora a la calle y motivar a los jóvenes. Es un espíritu diferente al del Movimiento 15-M, donde sucedió lo contrario.

Esa no es la experiencia que yo tuve. La mejor imagen del 15-M ha sido el movimiento en contra de los desahucios, en donde hay inmigrantes, gente con distintas tonalidades de piel, y de distintas edades. En las fotografías del 15-M en los medios siempre aparecían jóvenes con dos masteres, bien vestidos, con grandes habilidades informáticas, a punto de emigrar y seguramente con un par de idiomas. Es un mal reflejo de la realidad. No veo por qué los trabajadores no cualificados no pueden ser agentes del cambio político tanto o más poderosos y dignos que los universitarios que saben idiomas.

Decía Orwell que la izquierda estaba irremediablemente asociada a la tecnologización de la sociedad y que ya era muy tarde para dar la vuelta y rechazarla.
Yo me siento cómodo con la idea, que es de Marx, de que la tecnología permite potenciar determinados cambios. Lo que pasa es que el origen del cambio siempre está en esos procesos sociales y políticos. Lo plantearía un poco al revés. ¿Quién puede sacar partido de los móviles, los ordenadores, los aparatos en general? La izquierda. ¿Qué pasaría si tuviésemos políticas educativas ambiciosas? Pues que con los ordenadores se podrían hacer cosas increíbles. Es la izquierda la que puede hacer que todos esos medios sean una fuente de potencialidades positivas.

¿Y qué hacemos con el copyright y la piratería en España? ¿Es cuestión de mercado, de cultura libre, o de encontrar el término medio?
Es un poco lo mismo, un debate muy formalista. Soy muy partidario de la cultura libre, del copyleft, pero creo que planteado desde términos legales es absurdo. Para que los movimientos de cultura libre den de sí todo lo que pueden dar tenemos que implementar cambios políticos importantísimos. De lo que se olvidan totalmente los defensores del copyleft más liberales es que hay muchísimas prácticas culturales que, sin mediadores, son imposibles. Mediadores que tendrán que tener alguna remuneración. Y si el mercado no puede ofrecer esa remuneración, tendremos que afrontarlo como un problema público. Nos tenemos que plantear la pregunta inversa: ¿qué queremos que sea gratis y qué creemos que debe ser remunerado? Tengamos ese debate.

Leyendo las páginas que le dedica al crowfunding y a cómo nos realizamos firmando diferentes cartas en Change.org, recordaba a los jóvenes que nos paran en la calle para intentar asociarnos a alguna ONG.
Es lo mismo. Hay un estudio de Robert Putman en Estados Unidos, El declive de la comunidad, en el que se ve cómo desde los años sesenta la gente se implica menos en todo tipo de actividades colectivas. Y en los años ochenta hay un repunte en cierto tipo de asociaciones, las que comienzan a usar, de manera masiva, el correo postal. Por una cantidad al mes pagada por transferencia bancaria los socios recibían un boletín sobre el trabajo de la organización. Ese es un tipo de compromiso como el de los que te paran por la calle, bastante débil. Es el mismo discurso que se nos repite a día de hoy con Internet, que todos los clics en Change.org son discontinuos pero conforman una amalgama fragmentaria que unida a la de todos los demás es una especie de cambio social distribuido. Es una auténtica chorrada. Cuando te van a echar de casa no quieres ocho mil clics sino a cincuenta a la puerta para parar a los policías. Eso es compromiso, y la actividad política tiene que ver con ello, no con lo que te apetece. Nos dicen que intervenir políticamente es como decidir si ir a H&M o a Zara, y no lo es.

Ladinamo era un proyecto basado en la pasión que al final falló, pero ahora con la crisis brotan asociaciones de la mano de la gente inquieta. ¿Se podría recuperar, mejorado, el espíritu de Ladinamo?
Ladinamo fue un proyecto bonito y ambicioso que quería abrirse paso más allá de las trayectorias culturales básicas de izquierdas, pero desde el punto de vista de la gestión fue un desastre. Los proyectos que están apareciendo ahora traen la lección aprendida y veo un cierto auge del cooperativismo en sentido amplio. La gente es menos sectaria, tiene menos prisa, aprende a escuchar. El problema es que es el peor momento posible. Uno de los giros deseables de las instituciones públicas sería reafirmar esas iniciativas saludables pero también pragmáticas.

¿Qué debe hacerse para interesar a la gente en las ciencias sociales y las humanidades, abandonadas en los programas educativos?
El pensamiento riguroso es esencial no solo para ser una persona culta e inteligente, sino para ser un ciudadano con capacidad política. Son herramientas básicas porque vivimos en sociedades muy opacas. En Arabia Saudí hay una ley que dice que no puedes conducir por ser mujer; la desigualdad de género está clara. En nuestra sociedad tenemos leyes que dicen lo contrario, que es ilegal la discriminación, y sin embargo las mujeres cobran sistemáticamente menos que los hombres. Necesitamos herramientas para entender por qué pasa eso. Esa aspiración de las ciencias sociales es crucial, también en términos políticos. Para ser ciudadanos con capacidad de intervención necesitamos saber lo que está pasando.

¿Y las ciencias sociales han servido para eso?
No, las ciencias sociales han intentado permanentemente convertirse en un coto privado de expertos que necesitan un lenguaje muy alambicado para desarrollarse, sin nada que ver con nuestras actividades cotidianas. Es una falsedad que ha sido muy nociva en términos políticos. Lo que hacemos los científicos sociales es una prolongación de lo que podemos estar haciendo cuando charlamos en el bar. El valor de todo ese trabajo debería ser obvio: ¿cómo no va a ser relevante aprender a hacer mejor aquello que consideramos importante en nuestra vida cotidiana?


PUBLICADO ORIGINALMENTE EN ATLÁNTICA XXII Nº 30, ENERO DE 2014. REBLOGUEADO DESDE SOCIOLOGÍA CRÍTICA.

ANTECEDENTES EN EL PENSAMIENTO ARISTOTÉLICO

Antecedentes familiares y culturales

La primera influencia intelectual que recibió Aristóteles provino de su propia familia, ya que su padre era médico y eso le ligaba a la estirpe de los asclepíades, la élite médica. De modo que el joven Aristóteles recibió una iniciación en la práctica médica, de carácter empírico, que influyó sobre él de manera decisiva. Su interés por las cosas sensibles fue constante, y cultivó un modelo de ciencia mucho más cercano al actual que en el caso de Platón, por sus vínculos con la experiencia.
Otro factor importante fue el geográfico. Aristóteles nació en Estagira, una colonia de origen jonio que se hallaba demasiado lejos del ombligo griego, Atenas, donde la tradición materialista jonia había sufrido un colapso por la derrota ideológica de los sofistas y el auge de Sócrates y sobre todo de Platón. Pero esta tradición seguía intacta en las fronteras de Grecia colonizadas por los jonios, y Aristóteles se educó en ella.


Aristóteles y el socratismo

La relación de Aristóteles con el socratismo, a través de Platón, es un elemento a tener en cuenta, en parte porque Aristóteles es tenido como una fuente fidedigna del pensamiento y la figura de Sócrates. Aristóteles admira a Sócrates, pero le separa toda una generación y sólo tiene acceso a las ideas de la tradición oral sobre el maestro, con las alteraciones propias de sus sucesores inmediatos. En la Academia, Aristóteles conoce de Sócrates la imagen platónica, de modo que no cuenta con datos imparciales sobre Sócrates, es decir, desde la confusa literatura socrática, de fuentes sospechosamente literarias y poco históricas. Sus aportaciones no tienen valor autónomo, porque se inspiran incluso en Jenofonte. Al cabo, Aristóteles acabó contribuyendo a la deformación de la figura de Sócrates, en primer lugar porque entiende mal su filosofía, y acaba reinterpretándola desde los principios peripatéticos. Además, introduce anécdotas falsas sobre Sócrates, como que practicaba la bigamia, por ejemplo (Aristóteles, Retórica B12, 1390b32; al parecer, Aristóteles reproduce un rumor y le da crédito porque le interesa).


Aristóteles y el platonismo

La influencia de Platón sobre Aristóteles es indiscutida, pero no todos coinciden en las consecuencias efectivas de la misma. Popper, por ejemplo, opina que Aristóteles se limitó a añadir al idealismo platónico un mayor interés por los problemas empíricos, de manera que el realismo platónico ocuparía un lugar secundario (Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 199 de la edición de Paidós; dedica a Aristóteles todo el cap. 11). En general, Popper tiende a restar originalidad al pensamiento aristotélico. Reprocha al estagirita su exasperante tendencia a aplicar la doctrina del justo medio para encontrar soluciones que satisfagan a todos, es decir, un marco común en el que todos puedan caber y sentirse parcialmente satisfechos (la teoría del marco común tampoco agrada a Popper; ver su libro El mito del marco común, Barcelona, Paidós, 1997). Si Aristóteles creía que la justicia podía consistir en el equilibrio entre los extremos, al menos Platón era original en su radicalidad (Popper, La sociedad abierta, pág. 200).
En definitiva, para Popper el pensamiento de Aristóteles está enteramente dominado por el de Platón: asume la teoría de la esclavitud, y la misoginia, y adopta casi todos los presupuestos básicos de Platón para elaborar su teoría del Estado ideal. Simplemente añade un giro optimista a la teoría del platónica cambio, gracias a la idea de finalidad, por la que no todos los cambios son degenerativos (el cambio es hacia la forma, y no como en Platón, desde la forma). Asimismo, su teoría del lugar es semejante a la platónica tanto en lo físico como en lo político (Popper, La sociedad abierta..., págs. 200-203).
Aunque Aristóteles no se intereso por el historicismo platónico, de su teoría del cambio pueden deducirse, según Popper, interpretaciones historicistas, de las que Hegel saco cierto provecho. El ánimo historicista de Aristóteles no está impregnado del totalismo platónico, sino que es un historicismo fragmentario, incapaz de totalizar nada por haber desmenuzado los contenidos: ni siquiera es Aristóteles capaz de ver los esfuerzos totalizadores del imperio macedónico (Popper, La sociedad abierta..., págs. 204-205).
No obstante, otras interpretaciones aluden a la disensión de Aristóteles dentro del marco de la Academia. Laercio dice de él que fue “el más auténtico de los discípulos de Platón”, sin explicar nada más (Vidas, V 1). Esto puede significar tanto que fue el más ortodoxo, el más auténticamente platónico, como que fue el más original, el que más destacó por su propio peso entre los discípulos del maestro. También da cuenta Laercio de un indicio de distancia entre maestro y discípulo: por un lado, que Platón dijo de él: “Aristóteles da coces contra mí, como los potrillos recién nacidos contra su madre”, y por otro que Aristóteles se separó de su maestro cuando éste aún vivía (Laercio, Vidas, V 2), cosa que se explica mejor por el hecho que Aristóteles debió huir de Atenas cuando Macedonia amenazó el sur de Grecia y él fue visto como un potencial enemigo de la ciudad; la huida se produjo a finales de 348 o principios de 347, coincidiendo con la muerte de Platón.



INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE ARISTÓTELES

La obra aristotélica es amplísima, formando en su conjunto una vasta enciclopedia, de la que se desconoce la mayor parte de las obras expresamente publicadas por el autor. Sólo el Corpus Aristotelicum ha llegado hasta nosotros, pero estos escritos son notas de Aristóteles no preparadas para ser publicadas, sino para ser leídas en sus clases y luego discutidas en debate abierto, para finalmente ser mejorado el texto después de cada curso.

Existen numerosos catálogos de las obras aristotélicas, realizados por peripatéticos y comentaristas posteriores. Andrónico de Rodas, en la segunda mitad del siglo I a. C. (entre los años 60 y 20 a. C.), es el primer editor de las obras, y el que les da el orden hoy conocido y los títulos, ambas cosas arbitrariamente; según otros autores, antes de la de Andrónico hay por lo menos dos ediciones alejandrinas, aunque parciales (obras biológicas), conservadas en las bibliotecas de Alejandría y Pérgamo, y luego perdidas. Andrónico había partido de las copias realizadas a principios del siglo I sobre los manuscritos originales.

Aristón de Chios (siglo III a. C., anterior por tanto a Andrónico), estoico y peripetético, fue el primero en elaborar una lista de las obras de Aristóteles, y Diógenes Laercio hace un catálogo de 146 títulos basándose en ella; y Ptolomeo el-Garib redacta otro catálogo siguiendo a Andrónico y a Laercio.

También hay un catálogo de origen desconocido, llamado el Anónimo. Finalmente, del siglo VI data un catálogo de 196 obras, llamado Vita Menagiana.

De estos catálogos, solo se conservan tres:
  • Diógenes Laercio, Vida, doctrinas y opiniones de los filósofos ilustres, libro V; registra 146 títulos.

  • Hesiquio de Mileto, Vita Menagiana; contiene 192 títulos, 132 de los cuales ya los registra Diógenes.

  • Ptolomeo el-Garib, autor de un catálogo luego transmitido por varios autores árabes en el siglo XIII; reproduce el catálogo de la edición de Andrónico.


La conservación del Corpus, tal y como se la explicaban los antiguos, queda expuesta en la Geografía XIII 1, 54, de Estrabón, y en Sila XXVI, de las Vidas paralelas de Plutarco; se trata de una explicación poco fidedigna aunque interesante desde el punto de vista humano. Aristóteles dejó sus manuscritos bajo la custodia de su sucesor en el Liceo, Teofrasto; de éste pasaron a Neleo (Nileo Escepsio), que a su vez las dejó en manos de “hombres oscuros e ignorantes”, esto es, ajenos a la escuela. Por lo visto, estos escondieron las obras en una cueva de Skepsis, para protegerlas del ardor bibliófilo de los Atálidas. Un oficial amante de los libros, Apelicón de Teos (Atelycon de Teyo, según Plutarco), las descubrió y las llevó a Atenas, haciendo copiar nuevamente los manuscritos. Y Sila, durante el tiempo que estuvo en Grecia a causa de la guerra contra Mitrídates (hacia el 86 a. C.), sublevado contra el poder de Roma, “se apropió de la biblioteca de Atelycon de Teyo, en la que se hallaban la mayor parte de los libros de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces de los más de los literatos. Dícese que traída a Roma, Tiramión el Gramático corrigió muchos lugares, y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó, siendo éste también quien formó las tablas que ahora corren” (Plutarco, Sila XXVI). Cabe añadir que durante la conquista de Atenas, en el 86, Sila arrasó buena parte de la región, taló los árboles de los bosques cercanos, incluyendo los que abundaban alrededor de la Academia, y destruyó las instalaciones del Liceo (Plutarco, Sila XII). Cabe concluir, pues, que los libros de Aristóteles pasaron de Atenas a Roma por obra de Sila, que los tomó como botín de guerra, y allí fueron revisados por el gramático Tiramión, a quién Andrónico compró una copia de los tratados para luego publicarlos entre los años 40 y 20 a. C., y a partir de estas copias estableció el orden de los libros aristotélicos. Es importante resaltar que, con la publicación del Corpus decreció el interés por las otras obras de Aristóteles, publicadas durante su vida, de ahí que éstas hayan acabado perdiéndose. En general, el Corpus de la impresión de mayor completud y ser definitivo. Entre la edición de Andrónico y el fin de la Edad Media, se pìerden todas las pistas, y sólo se conservan manuscritos de los siglos XIV y XV, aparte de la traducción latina de Moerbeke, del siglo XIII. Los manuscritos conservados se dividen en dos grupos o familias:

GRUPO 1: manuscrito M, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán; y manuscrito P, conservado en la Biblioteca Nacional de París; y el texto de Moerbeke.

GRUPO 2: veinte manuscritos; los mejores son el Q y el R, conservados también en la Biblioteca Nacional de París.

Los estudios sobre los manuscritos conservados avalan la idea de que los textos aristotélicos han de atenerse al contenido de los dos grupos de manuscritos.


dijous, 24 de desembre de 2015

ARISTÓTELES, UNA BIOGRAFÍA

1. NACIMIENTO Y ORÍGENES
Aristóteles nación a finales del verano de 384 a. C. (en el año primero de la olimpíada 99, es decir, entre 384-383, según Laercio, citando la Cronología de Apolodoro, en Vidas, V 9), en Estagira (Stágira), una ciudad-estado situada en la parte nororiental de la península Calcídica. Era un enclave fundado por jonios procedentes de Andros y Calcis (capital ésta de Eubea, donde la madre de Aristóteles tenía familia y propiedades), y se hallaba rodeado de otros pueblos griegos a los que los jonios consideraban bárbaros, como los macedonios y los tracios, organizados en monarquías tribales.
La familia de Aristóteles, aunque nacidos en la misma ciudad de Estagira, era genuinamente jonia, y este dato es importante para comprender el futuro desarrollo intelectual del filósofo. El padre, Nicómaco, era natural de la misma ciudad, y su familia provenía de Andros. Su madre, Faistis, era también natural de Estagira, pero originaria de Calcis, ciudad de la isla de Eubea. Representaban ambos, por tanto, la composición originaria de los primeros colonos jonios en la ciudad. Tenía una hermana mayor, Arimneste, y un hermano menor, Arimnestos, que murió joven. La hermana se casó con Demótinos, de quien tuvo una hija, Hero, que fue probablemente madre de Calístenes de Olynthos, historiador y colaborador de Aristóteles. Al morir Demótinos, Arimneste se casó con Próxenos de Atarnéus, hombre de confianza del padre, y tuvo un hijo, Nicanor. La figura de Próxenos será importante en la educación de Aristóteles, porque, al quedar éste huérfano tempranamente, antes del 367 a. C., su hermana mayor y su marido se hicieron cargo de él. Más tarde, a la muerte de sus tutores, Aristóteles adoptó al hijo de ambos, Nicanor.

2. PRIMERA EDUCACIÓN E INFLUENCIAS (384-367)
El primer elemento a tener en cuenta en la serie de influencias primarias que recibe Aristóteles es la circunstancia de haber nacido en una familia perteneciente a los asclepíadas, descendientes de Asclepios (Esculapio), dios de la medicina (Laercio da por buena esta referencia biográfica, en Vidas, V 1). Lo era tanto por parte de madre como de padre, y éste ejercía la profesión con cierto éxito, pues llegó a ser médico oficial del rey macedonio Amyntas III. Ya que la profesión médica se transmitía de padres a hijos, se supone que Aristóteles recibió una formación empírico-técnica añadida a la educación propia de los jóvenes griegos acomodados (música, gimnasia, gramática, retórica, etc.). Esa inicial formación debió imprimir cierto carácter a su pensamiento posterior, tan amigo de la investigación empírica y de la biología.
Otro aspecto importante es la relación de su familia con el poder político. Su padre, médico oficial y también consejero de Amyntas III, se instaló en la corte macedonia, en Pela, y allí transcurrió la infancia de Aristóteles, junto al que luego sería Filipo II, sólo dos años más joven que él, y a otros miembros de la nobleza macedonia. Aristóteles trató desde joven con las gentes de poder, y siempre estuvo cerca de ellas.
En el año 370, Amyntas III murió asesinado, y le sucedió Alejandro II. En el 368 murió asesinado por Ptolemaios de Aloros, que gobernó como tutor del futuro rey Pérdicas III durante tres años, hasta ser asesinado por éste, en 365. Dada la situación de violencia cortesana, y habiendo muerto sus padres, se supone que Aristóteles volvió a Estagira, junto a su hermana. Allí permaneció hasta el 367, año de su viaje a Atenas y su ingreso en la Academia platónica.

3. EDUCACIÓN SUPERIOR EN LA ACADEMIA (367-347)
La presencia de Aristóteles en la Academia se debe seguramente al conocimiento que de ésta tuvo su tutor, Próxeno de Atarnéus, durante algún viaje a Atenas; también es posible que una obra de Platón cayera en manos del filósofo y despertara su interés. No obstante, es posible que Aristóteles asistiese previamente a la escuela de retórica de Isócrates pero que, decepcionado, buscase mejor formación en la Academia platónica.
En 367 a. C., Platón no estaba en la Academia, sino en su segundo viaje a Sicilia. Para mayor precisión, Laercio cuenta que Aristóteles tenía 17 años cuando ingresó en la Academia (Vidas, V 6). Por lo visto, Aristóteles asistió primero a la escuela de retórica de Isócrates, fundada en 390 y competidora de la Academia, pero que, decepcionado, prefirió la escuela de Platón, abierta desde 387. No obstante, el interés de Aristóteles por la retórica tendrá un tinte más isocrático que platónico, cosa que se verá en su madurez.
Era Eudoxo quien dirigía entonces la Academia, en sustitución de Platón. También se encontraba en ella el astrónomo Calipo, ambos críticos de Platón, que admiraba en ellos sus dotes matemáticas. También Aristóteles recogió de ellos sus ideas astronómicas y cosmológicas. En 365 regresó Platón a Atenas. Para entonces, Aristóteles había leído los diálogos platónicos, aunque Platón comenzaba su etapa de autocrítica y revisión. Aristóteles conoció la teoría de las formas, y también la crítica que ésta recibió desde el propio Platón y desde otros sectores de la Academia, como es el caso de Eudoxo.
Hacia el 360 comienza Aristóteles su actividad literaria, en el marco de la filosofía académica, pero aportando una novedad: el interés del estagirita por la retórica chocaba con la crítica de Platón hacia esta disciplina, pero era necesario que la Academia se pronunciase sobre el tema, dado que tenía otros competidores en el mercado de la enseñanza, por ejemplo, la escuela de Isócrates. Contra este autor escribió Aristóteles su diálogo Gryllos, y después se convirtió en el primer maestro de retórica de la Academia; de las notas para sus clases quedan lo que se recoge bajo el título Sobre la retórica.

4. LOS AÑOS EN ASSOS (347-345)
En el 359 a. C. sube al trono de Macedonia el exiliado Filippo, deshaciéndose de enemigos externos e internos. Una vez asegurado su reinado, inicio una política expansionista hacia el sur, llegando a amenazar a Atenas en el 348. Esta situación no convenía a Aristóteles, pues eran conocidos en Atenas sus vínculos con Macedonia y con el propio rey. En la Academia reinaba el ambiente panhelenista y favorable a Macedonia, pero en Atenas había un fuerte partido opuesto al imperio macedonio, que ganó apoyo popular conforme Filippo se iba acercando desde el norte. El líder de este partido era Demóstenes, partidario de entablar una guerra contra Macedonia.
Aristóteles, meteco en Atenas y conocido por sus contactos con Macedonia, se vio en peligro y obligado a abandonar precipitadamente Atenas, a finales de 348 o principios de 347, y coincidiendo casi con la muerte de Platón. La Academia quedó en manos de Espeusipo, y Aristóteles se estableció en Assos, cerca de Atarneus (en la región de Misia, Asia Menor), protegido por el tirano de esta polis, Hermias, amigo de Próxeno, el tutor de Aristóteles. Era la única opción posible, porque su casa paterna en Estagira había sido destruida, y su casa materna en Calcis era insegura, por la guerra entre Atenas y la isla de Eubea.
Es también posible que Aristóteles dejase Atenas y la Academia después de la muerte de Platón, motivado parcialmente por su desacuerdo con el sucesor nombrado por Platón, Espeusipo. Éste, y el siguiente director de la Academia, Jenócrates, eran  partidarios de reorientar el platonismo hacia el pitagorismo, cosa que no satisfacía al estagirita, que además mantenía una relación distante con Espeusipo. Aristóteles tenía sobrados motivos para esperar ser el sucesor de Platón, pero en la elección pesaron más razones familiares y escolásticas; es de suponer, por ello, que Aristóteles abandonó la Academia algo despechado (véase Juan Benet, "Los años en Asos" (1987), en este enlace).
La ciudad de Assos acogió a Aristóteles porque allí se establecieron dos platónicos, Erasto y Corisco, naturales de Skepsis, poblado de la órbita del tirano de Atarnéus, Hermias. La figura de este tirano es ciertamente excepcional. "De origen humilde, nacido en la esclavitud, fue convertido en eunuco y en su juventud empleado en la caja de un banco. Pronto supo ganarse la confianza de Eubulos, que le asignó algunos mandos militares en Atarneo, y a la muerte de éste la Administración persa le otorgó el título de tirano. Gracias a su gran habilidad para los negocios hizo una enorme fortuna, contrató un ejército de mercenarios y extendió sus dominios por buena parte de una Jonia crucial, codiciada por persas, macedonios y áticos" (Juan Benet, op. cit.).
Erasto y Corisco habían ayudado a Hermias a afianzar su poder y ensanchar sus dominios hasta Assos, por lo que les ofreció en esta ciudad el terreno suficiente para establecer una pequeña escuela platónica, donde fueron a parar Aristóteles y Jenócrates (que más tarde sería director de la Academia cuando Aristóteles vuelve a Atenas, en el 335) hacia el 347. Erasto y Corisco eran los representantes de otro intento platónico de llevar a la práctica la utopía del rey filósofo, y actuaban en conjunción con Hermias; de hecho, la carta enviada por Platón es una fórmula de juramento que los tres debían leer en común (Juan Benet, op. cit., y Platón, Carta VI). Erasto y Corisco le obligaron a estudiar el programa platónico, y gracias al influjo de estas ideas, su tiranía se hizo más moderada.
Tal era el clima que encontró Aristóteles al llegar a Assos en el 347. El aún platónico Aristóteles resultó ser el más influyente de los platónicos allí reunidos. No sólo consiguió atraer a sus dos primeros alumnos, Teofrasto (su sucesor en el Liceo) y Calístenes (posterior historiador de las guerras de Alejandro), sino que además se convirtió en consejero y amigo del tirano, Hermias, asiduo visitante de la escuela. Según Laercio, la relación entre Aristóteles y Hermias era equidistante entre la amistad y el amor. Aristóteles se casó, además, con Pythias, sobrina e hija adoptiva (concubina, para Lercio) de Hermias (Laercio, Vidas, V 4). De este matrimonio tuvo una hija, Pythias, pero la esposa murió joven; en su testamento, Aristóteles quiso reposar junto a los restos de su esta su primera esposa.
La función de Aristóteles en Assos era algo más que docente: entre Hermias y la monarquía macedonia había contactos en vistas a los planes expansivos de Filippo. Hermias había visto en Filippo lo que para los atenienses (influenciados por el ultranacionalista Demóstenes) era una aberración: la posibilidad de crear una confederación panhelénica frente a los persas, dirigida por los macedonios (unos bárbaros, unos extranjeros). Hermias se hizo aliado de Filippo y tan íntima y secreta llegó a ser su relación que hasta Jaeger atribuye a Hermias la influencia en la designación de Aristóteles como tutor de Alejandro. Un aliado de Macedonia en Anatolia significaba una facilidad a la hora de iniciar la conquista del territoria persa; ese aliado era Hermias, y parece ser que Aristóteles habría actuado como enlace o embajador de los intereses macedonios en la zona.
La influencia de estos años pasados en Assos sobre la evolución del pensamiento aristotélico no ha de desdeñarse. A su llegada a la ciudad anatolia, Aristóteles es un platónico desengañado por el trato recibido en la Academia; ya no es el depositario de la doctrina platónica, sino sólo del espíritu del maestro. "En la mente del estagirita ya bullía la concepción de una realpolitik nunca alejada de los postulados éticos pero siempre atenta a una finalidad inmediata [...] Los años pasados en Assos, en amistad con Hermias y en contacto cotidiano con problemas de alto gobierno, serán la contrapartida de los veinte años en la Academia, y sin duda el recuerdo del hábil eunuco inspirará no pocas páginas de la Política" (Juan Benet, op. cit.).

5. LOS AÑOS EN LESBOS (345-343)
En Assos, Aristóteles consiguió dos discípulos afines a sus pensamientos, Teofrasto y Calístenes, que nunca le abandonarían; de hecho, Teofrasto le sucedió en el Liceo. En 345 se trasladaron a Mitilene, en el isla de Lesbos, de la que era oriundo Teofrasto. Allí realizaron estudios biológicos diversos, así como tareas de investigación naturalista de la isla y la costa de Anatolia. Esta actividad empírica se prolongó hasta el 343, año en que fue llamado a Pela, capital macedonia, para hacerse cargo de la educación del joven Alejandro (según los datos que proporciona Laercio en Vidas, V 9).

6. MACEDONIA Y ALEJANDRO (343-335)
A Aristóteles se le ofrecía la oportunidad que todo platónico soñaba: influir en la acción de un hombre de estado, educarlo para convertirlo en filósofo. Aristóteles podía realizar las fracasadas aspiraciones de Platón en Siracusa, pues podía convertirse en el educador del heredero del trono macedonio. Razones suficientes para que aceptase sin reparos. Por ello viajó hasta Macedonia y se instaló en Mieza, cerca de la capital, junto a su mujer y sus discípulos Kalístenes y Teofrastos. Desde allí fue preceptor de Alejandro y otros jóvenes de la corte, lo que no le impedía seguir con sus investigaciones. Esto ocurrió durante dos años, hasta que Alejandró, a los 16, quedó como regente de su padre que inició la campaña contra Bizancio.
La situación educativa de Alejandro era entonces la propia de un joven de catorce años. Había tenido una formación cortesana, a cargo de Leónidas, pariente de su padre, y de Lysímaco. Filippo quería que esa formación se completase con enseñanzas de más elevadas, y por ello buscó a Aristóteles, sin duda influido por la amistad familiar, por los vínculos ideológicos del estagirita con la causa macedonia, y puede que por la influencia de Hermias de Atarnéus.
El resultado de la influencia de Aristóteles sobre Alejandro es confuso. Aristóteles confiaba en transmitir al príncipe las cualidades del filósofo y sus propias concepciones políticas, sobre todo respecto del panhelenismo. Era la ideología que podía justificar el expansionismo macedonio sobre Asia, aunque la actuación de Alejandro no siguiera exactamente los consejos de su maestro: "Trata a los griegos como su líder y a los bárbaros como su déspota, preocúpate de los primeros como de parientes y amigos, y cuida a los últimos como uno cuida a sus animales" (Rose, Fragmenta, frag. nº 658). Alejandro, al contrario, conquistó Persia y asumió muchos valores orientales que no fueron del gusto de los griegos; extendió la cultura griega por el mundo conocido, pero favoreciendo el mestizaje (sobre la disputa entre Aristóteles y Alejandro a raíz cdel tema del mestizaje, véase mi artículo publicado en Lateral, en mayo de 2004).

La muerte de Hermias
En el 341, Hermias, el antiguo amigo de Aristóteles en Assos, con quien se había comprometido políticamente, fue asesinado por los persas al descubrir éstos su papel de avanzadilla de la futura expansión macedonia por Asia Menor. Desde el 342, Atarnéus sufría el asedio del sátrapa persa, seguramente informado de las intenciones de Hermias a través de los agentes de Demóstenes, que prefería aliarse con el gran enemigo antes de ver Atenas bajo el mando de un macedonio. Como el asedio resultó infructuoso, el general persa Mentor atrajo a Hermias a una falsa entrevista, apresándolo y llevándolo hasta Susa, donde fue torturado y crucificado sin llegar a confesar los planes de Filippo. Antes de ser crucificado pidió al sátrapa: "decid a mis amigos que no he hecho nada indigno de la filosofía" (Juan Benet, op. cit.).
Parece bastante bien fundada la sospecha de que la mano de Demóstenes estaba detrás de todos estos acontecimientos, ya que en sus escritos se muestra muy bien informado. En su cuarta Filípica, posiblemente fechada en el mismo año 341, menciona el apresamiento de Hermias y exhorta a establecer relaciones con los persas para evitar a los macedonios. Aristóteles le dedicó un poema, entre panégírico y religioso, que luego, tras la muerte de Alejandro, fue utilizado por los antimacedonios atenienses contra el estagirita. También ordenó Aristóteles la construcción de un cenotafio en honor del muerto en Delfos.
A partir del año 340, y hasta 335, Aristóteles residió en Estagira, su ciudad natal, a la que ayudo a reconstruir. Durante estos años escribió algunos tratados de filosofía natural y cosmología.


La Amfiktionía y los juegos Píticos
Entre 340 y 335, Aristóteles estuvo en Delfos para cumplir un encargo de la Amfiktionía. Esta era una asociación de ciudades griegas organizadas para defender y proteger los tesoros y la dignidad del santuario de Apolo Pitón en Delfos, sede del oráculo que en su momento consultara Sócrates. El templo estaba en poder de los focenses desde la década anterior, hasta que Filippo lo liberó en el 346 y se hizo cargo de la Amfiktionía (una muestra más de la futura hegemonía macedonia sobre Grecia). A petición de Filippo, se le encargó a Aristóteles la elaboración de la historia de los juegos píticos y una lista de sus vencedores, y por este motivo visitó el estagirita la ciudad del oráculo junto a Kalístenes; este último escribió también una historia de la guerra sagrada entre focenses y los aliados de la Amfiktionía.

7. ATENAS Y EL LICEO (335-323)
En el año 336 fue asesinado Filippo y Alejandro le sucedió. Tuvo que depurar la corte de intrigantes, y se deshizo de la viuda de su padre, Cleopatra, y el hijo que había concebido. La situación en Grecia era también inestable, porque el peligro de sublevación contra los macedonios era constante, inspirado desde Atenas por el beligerante Demóstenes. A pesar de su derrota en Queronea (338), los atenienses se resistían a la hegemonía macedonia y en el 335 volvieron a levantarse, animando también a los tebanos. Alejandro apagó rápidamente la sublevación tebana, destruyendo la ciudad, lo que acabó con todo indicio de resistencia en Atenas, que dió la espalda a Demóstenes y se sometió a Macedonia.
Era para Aristóteles el momento adecuado para volver a Atenas, porque sólo con la protección de los macedonios podría vivir allí sin ser molestado. Eso hizo en el mismo año 335 (Laercio, Vidas, V 1-3). Según cuenta el doxógrafo, Aristóteles regresó a Atenas y dejó a Alejandro en manos de su sobrino y discípulo Calístenes de Olinto, que siguió a Alejandro por Asia y realizó la crónica de la expedición, y después se vería envuelto en la conspiración contra Alejandro (Vidas, V 4).

La fundación del Liceo
La Academia, entonces regida por Jenócrates desde 339-338 a. C. (que coincidió con Aristóteles en Assos), no fue el lugar elegido por Aristóteles para continuar sus investigaciones. Jenócrates ha sucedido a Espeusipo, sobrino de Platón, como escolarca de la Academia, y Laercio se hace eco de esta circunstancia como esencial en la explicación de la apertura del Liceo: Aristóteles abrió su propia escuela para competir con Jenócrates, pues “sería vergonzoso callar y dejar hablar a Jenócrates”, cita Laercio (Vidas, V 3; otros autores mencionan a Isócrates en lugar de Jenócrates, pero las fechas no cuadran porque Isócrates murió en 338, tres años antes de la llegada de Aristóteles a Atenas, y no habiendo sucesor su escuela de retórica cesó su actividad).
Aunque hubiese sido bien recibido allí, en la Academia, prefirió establecerse por su cuenta para seguir con su línea empírico-naturalista, sin los estorbos de un director al que consideraba de menor valía intelectual; su fortuna personal y la ayuda de Antípatros, virrey de Macedonia en Atenas, le sirvieron para establecer su escuela propia, en los jardines del santuario dedicado a Apolo Lýkeion, que como ocurría también en los jardines del santuario dedicado a Akademos (sede de la Academia) y del santuario del Kynosarges (dedicado a Heracles y sede de la escuela filosófica de Antístenes el Cínico), era un lugar usado generalmente para reuniones públicas, demostraciones oratorias, enseñanzas de los sofistas, etc. De esta manera nació el Liceo.
Como cuenta Laercio, Aristóteles inició su actividad docente en “el paseo que hay en el Liceo para filosofar en compañía de sus discípulos dando vueltas hasta la hora de las unciones de los atletas”, y sólo cuando sus discípulos se hicieron más numerosos decidió sentarse (Vidas, V 2-3).
Estas eran unas instalaciones públicas, cuyo uso privado no suponía ningún coste para Aristóteles: jardines, gimnasio, pórtico (perípatos), etc. En este último daba sus lecciones Aristóteles, de ahí el segundo nombre de su escuela, la de los peripatéticos. La adquisición de otras instalaciones era más problemática, porque Aristóteles no era ciudadano de Atenas, sino meteco, lo que le impedía tener propiedades en la ciudad; con la ayuda de Antípatro y otros amigos pudo disponer de algún local donde instalar la biblioteca, la mayor de Atenas en aquel momento, y su jardín botánico y zoológico, donde guardaba muestras disecadas de plantas y animales que el mismo Alejandro le enviaba desde lugares lejanos.

8. HUIDA Y MUERTE (323-322)
En el verano del año 323 muere Alejandro, después de haber conquistado para Grecia, Egipto (funda Alejandría) y gran parte de Asia Menor (derrota y asimilación del Imperio persa) y haber llegado hasta la India, Alejandro se consideraba sucesor legítimo de la monarquía persa, y tenía planeado mantener el Imperio bajo una nueva élite macedonia y persa a la vez. Al mismo tiempo que helenizaba, iba adoptando maneras persas y orientales, es decir, bárbaras, que no eran del gusto de los griegos más puristas, y que el propio Aristóteles hubiera repudiado, sobre todo en lo referente al despotismo oriental que se configuraba como modelo político del ahora inmenso territorio conquistado (cfr. Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, XLVII). Alejandro comenzó a creerse un semidiós ya desde el episodio de su visita al templo de Amón, en Egipto (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, XXVII), y su convicción aumentó conforme iba conquistando territorio persa y adoptando maneras orientales; sobre todo gustaba de ser adorado, tal y como hacían los persas a su propio rey.
Esta actitud le enfrentó a sus propios seguidores. Casandro, hijo del virrey macedonio en Atenas, Antípatro, es uno de los ejemplos (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LXXIV), y el propio Calístenes, sobrino y alumno de Aristóteles y cronista de la expedición por Asia, se negó a practicar la postración a los pies practicada por los bárbaros (proskýnesis) y que Alejandro pretendía que practicasen hasta los mismos griegos, por lo que cayó en desgracia ante Alejandro y acabó acusado, seguramente en falso, de complicidad en la conspiración de los pajes reales encabezada por Hermolao (327 a. C.), y que supuso su ejecución (cfr. Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LIV-LV). Sobre la suerte de Calístenes hay divergencias, pues unos confirman que murió ahorcado por orden de Alejandro, otros dicen que murió de enfermedad en prisión, otros que estuvo encerrado en una jaula de hierro, cubierto de piojos y de suciedad y que finalmente fue lanzado a las fauces de un león (Laercio, Vidas, V 5; y también en Sila XXXVI, donde aclara que enfermó de sarna, la misma dolencia que mató a Sila), y otros que fue juzgado en Atenas, en presencia del propio Aristóteles y que más tarde, pero aún en vida de Alejandro, murió de obesidad y comido por los piojos (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LV).
Alejandro comenzó a desconfiar de Aristóteles a raíz de la actuación de Calístenes, sobrino del estagirita y seguidor de la filosofía de su tío. Ya la rigidez de los principios de Calístenes había disgustado a Alejandro, que se dejaba seducir fácilmente por quienes le adulaban. Calístenes se fue ganando a pulso la antipatía de Alejandro y de los demás macedonios, sobre todo a causa de negarse a practicar la adoración (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LII-LIV). La conspiración de Hermolao llevó a Alejandró a escribir a Antípatro, confesando sus pretensiones de castigar a Calístenes y "a los que acá le enviaron y a los que dan acogida en las ciudades a los traidores contra mí", cosa que, según Plutarco, alude directamente a Aristóteles (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LV). Tampoco confiaba en Antípatro, ni en los hijos de éste, Iolas y el ya mencionado Casandro (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LXVIII y LXXIV). Este último heredó de su padre el gobierno de Grecia, en el año 319, y nombro dictador de Atenas a Demetrios de Faleron, miembro del Liceo.
Ahora, en 323, con Alejandro muerto, la situación cambia en Grecia, y comienzan los problemas para Aristóteles en Atenas. El estagirita había colaborado con los macedonios desde la época de Filipo II, y tenía buenas relaciones con el virrey y regente de Alejandro, Antípatro. Precisamente las primeras noticias de la muerte de Alejandro llegaron a Atenas cuando el regente y protector de Aristóteles se hallaba lejos, camino de Babilonia, pues había sido llamado por Alejandro. Y Demóstenes, sufragado por el malversador Hárpalo, destituido por Alejandro de sus cargos (había sido nombrado administrador, según Plutarco en Vidas Paralelas. Alejandro, XXXV), pudo volver a iniciar su labor agitadora.
Una de las primeras víctimas de la reacción contra el dominador macedonio fue Aristóteles, acusado oficialmente de impiedad, al igual que Sócrates. La prueba consistía en el himno que años atrás escribiera a la muerte de Hermias de Atarnéus (Laercio la reproduce íntegramente en Vidas, V 7-8, y puede leerse en este enlace), como si fuera un dios. Era, sin embargo, una mera excusa para descargar el odio de los nacionalistas atenienses contra un elemento incómodo en su ciudad, como lo fuera Sócrates. Hasta tal punto se había ganado Aristóteles enemigos a causa de sus contactos con los macedonios, que Plutarco nos dice que se extendió en Atenas el rumor de que Alejandro había sido envenenado por orden de Antípatro, que el veneno lo había proporcionado el mismo Aristóteles y que Iolas fue el que lo suministró a Alejandro, pues ejercía el cargo de primer escanciador (Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro, LXXVII). Al advertir Aristóteles el peligro que corría en Atenas, abandonó rápidamente la ciudad para establecerse en Calcis (Eubea), donde quedaba la finca de su madre.
Comienza el último año de su vida, en el que se sentirá solo y melancólico, hasta el punto de redactar su testamento, que se conserva (Diógenes Laercio lo reproduce en Vidas, V 11-16). A principios del otoño del año 322 murió a causa de una enfermedad estomacal, seguramente úlcera o cáncer.





ARISTÓTELES POETA

EL POEMA A HERMIAS DE ATARNÉUS.

Aristóteles escribió este poema al conocer la muerte de su amigo Hermias, tirano de Atarnéus, asesinado por los persas a causa de sus buenas relaciones con la expansiva monarquía macedonia. Los acontecimientos y el texto datan del año 341 a. C. El himno se dirige a la diosa Areté, la virtud, la excelencia:


Virtud, fatigosa para la raza de los mortales,
el premio más ello de la vida.
Incluso el morir por tu causa,
oh hermosa doncella, es un destino envidiable en la Hélade,
o el soportar duros e incesantes trabajos.
Tal fruto inmortal brindas tú al espíritu,
fruto mejor que el oro,
y que ilustre ascendencia y que el sueño de lánguidos ojos.
Por tu casa Heracles, nacido de Zeus, y los hijos de Leda
soportaron muchas penalidades en las hazañas
que emprendieron buscando poseerte.
Por anhelo de ti bajaron Aquiles y Ajax a la mansión del Hades.
Y por amor de tu bella forma el infante de Atarnéus
ha dejado viudos a los rayos del sol.
Por eso hará famosas sus hazañas el canto,
y él será declarado inmortal por las Musas,
hijas de la memoria,
que recompensan la firme amistad
y el culto de Zeus hospitalario.


FUENTE: W. D. Ross, Aristotelis Fragmenta Selecta, Oxford, Oxford University Press, 1955, frag. 147; este texto ha sido transcrito casi literalmente de la versión aparecida en el libro de Mosterín sobre Aristóteles, Madrid, Alianza Editorial, 1984, págs. 22-23.



dilluns, 21 de desembre de 2015

ARISTÓTELES, LOS AÑOS EN ASOS

LOS AÑOS EN ASOS
JUAN BENET

Nunca pasa mucho tiempo sin que un suceso, por lo general de la actividad política, venga a poner de manifiesto el eterno conflicto entre dos clases de Fidelidad: la Fidelidad a los orígenes, poco menos que común a todos, y la fidelidad a las ideas, la que puede apartar al hombre del culto a la primera e incluso obligarle a renegar de sus ancestros. Hasta hace bien poco la primera se consideraba poco menos que patrimonio de la derecha, en tanto que la segunda lo sería de la izquierda. Pero un pequeño y reciente suceso, de ninguna trascendencia, ha venido a mostrar que al tiempo que algún portavoz del partido socialista reclamaba el voto nacional, sin distinciones ideológicas, para una candidatura europea, otro aliancista justificaba su falta de apoyo a la misma por su oposición partidista al candidato. Así, para el observador que contempla el fenómeno desde fuera, se diría que la fidelidad ha cambiado de signo y que mientras el socialista se hace el portaestandarte del patriotismo ancestral, el aliancista se convierte en fiel observante de la doctrina que ha abrazado, saltando por encima de las fronteras. De una manera un tanto simplista, todo conduce a la hipótesis de que, cualesquiera que sean las ideologías, el partido en el poder tiende a fomentar la fidelidad ancestral, en tanto el de la oposición se inclina por la ideológica. Y nada raro hay en ello cuando se piensa que si un partido está en el poder es gracias a la voluntad de una mayoría nacional, a la cual tiene que corresponder y mimar, mientras que el de la oposición tendrá que buscar un apoyo extramuros en tanto el censo patrio le vuelve mayoritariamente la espalda.Ya en el colegio nos enseñaron a ver en Demóstenes al arquetipo del patriota, el hombre que con su verbo levantó el ánimo de los atenienses para oponerse a la política invasora y despótica de Filipo, que había atraído a su corte a Aristóteles para que cuidara de la educación de su hijo Alejandro. En esas imágenes aprendidas de oído, cuyas falacias sólo se pueden corregir con una posterior y más atenta lectura del suceso, pero que aun así dejan para siempre una indeleble calificación sentimental de ciertos nombres propios, aparecerá Aristóteles como el intelectual desarraigado, tan sólo atento a su profesión de estudioso y, como poco, indiferente a los asuntos políticos de su patria de adopción; como mucho, un renegado que bajo la protección del rey extranjero intentará imponer sus leyes políticas en la ciudad donde por sí mismo no pudo encaramarse al poder.
Hacía años que, en las fechas de la muerte de Platón, había abandonado la Academia en cuyo seno vivió y se formó durante cuatro lustros. Entonces tenía sobrados motivos para esperar que fuera designado para la sucesión del maestro, pero la elección, por razones escolásticas y familiares, recayó sobre Espeusipo, sobrino de Platón, y Aristóteles -es de suponer que algo despechado- abandonó la Academia, que no volvió a pisar jamás, y la ciudad que con toda justicia había considerado como su patria espiritual. Convencido de que con él viajaba el espíritu de Platón, marchó a Asos, en la costa noroeste de Asia Menor, donde años atrás se habían refugiado Erastos y Corisco, aquellos amados discípulos a los que el maestro había dirigido su carta VI exhortándoles a ponerse bajo la protección de Hermias, el tirano de Atarneo. En verdad, más que una carta es una fórmula de juramento que los tres deben leer en común, y mediante la cual se comprometen a conjugar la sabiduría que poseen Erastos y Corisco con el poder que detenta Hermias. De aquel tumultuoso momento surge la figura de: Hermias, poco conocida, con unas dimensiones colosales. De origen humilde, nacido en la esclavitud, fue convertido en eunuco y en su juventud empleado en la caja de un banco. Pronto supo ganarse la confianza de Eubulos, que le asignó algunos mandos militares en Atarneo, y a la muerte de éste la Administración persa le otorgó el título de tirano. Gracias a su gran habilidad para los negocios hizo una enorme fortuna, contrató un ejército de mercenarios y extendió sus dominios por buena parte de una Jonia crucial, codiciada por persas, macedonios y áticos. Erastos y Corisco le obligaron a estudiar geometría y dialéctica, en obediencia al juramento de la carta VI; pronto se aficionó a la conversación filosófica, y gracias al influjo de las nuevas amistades introdujo en su manera de gobernar leyes suaves y moderadas, en busca de un estado en algo semejante a la utópica isla de los Bienaventurados. Tal era el clima que encontró Aristóteles en Asos, en 347 -el año de la muerte de Platón-, en su peregrinación en busca de un lugar donde hacer revivir el espíritu, ya que no la doctrina, del maestro.
Por aquellos días ya bullía en la cabeza de Filipo la idea de crear una confederación panhelénica, bajo su rnando, para emprender una guerra poco menos que santa contra el enemigo hereditario, el persa. Pero semejante concepción en modo alguno podía ser suscrita por el partido nacionalista de una Atenas militarmente decaída, intransigente a la hora de ceder la dirección de los asuntos griegos a un extranjero e incapaz de concebir una república más allá de los estrechos límites constitucionales de la ciudad-estado. Hermias, un político de largos alcances, comprendió pronto la magnitud del proyecto filipino, y con toda probabilidad mediante un protocolo secreto brindó al macedonio la utilización de sus estados como cabeza de puente para el ataque a Asia Menor. Tan íntima y secreta debía ser la conexión entre Filipo y Hermias, que Jaeger atribuye a la influencia de este último la designación de Aristóteles para la tutoría de Alejandro, y cuando el estagirita se traslada, tras su estancia en Lesbos, a la corte de Macedonia, en 342, ya había iniciado el sátrapa -informado por los agentes de Demóstenes del pacto entre aquéllos- el ataque a Atarneo. Tras un cruel e infructuoso asedio, el general persa, Mentor, atrajo a Hermias a una entrevista, lo capturó, lo encarceló, lo condujo a Susa y lo sometió a tortura para que confesara la índole de sus relaciones con Filipo y sus planes de guerra. Pero el eunuco no cedió a los rigores de la tortura v, antes de ser crucificado, como el rey le concediera una última gracia, respondió: "Decid a mis amigos que no he hecho nada indigno de la filosofía". El esclavo, pastor, cajero de banco, sargento, financiero, gobernador y jefe de Estado consumaría su múltiple y accidentada carrera como mártir de la sabiduría.
El trágico fin de Hermias quedó recogido en dos documentos contemporáneos bien distintos entre sí. En la cuarta, y hasta este siglo reputada como apócrifa, Filípica (probablemente fechada en 341, lo que indica lo bien que funcionaban sus correos y su vinculación con el compló de Mentor) Demóstenes explica que desde su última oración han ocurrido "algunos felices sucesos que, bien aprovechados, pueden proporcionarnos sustanciosos beneficios. En primer lugar, aquéllos (los tracios) en quienes el rey (persa) confía y considera sus aliados están ahora en guerra con Filipo. Por otra parte, el agente de Filipo y secreto depositario de sus designios (Hermias) ha sido capturado por los hombres del rey, y así pues, de sus labios, y no de los atenienses, de quienes podría sospechar que hablaran en su propio provecho, podrá escuchar el sumarlo de sus intrigas". No hace falta leer entre líneas para adivinar que Demóstenes estaba al tanto de la suerte que le esperaba a Hermias, y no deja de ser significativa la manera con que, un par de párrafos más adelante de la misma Filípica, el ateniense expone la nueva línea de su patriotismo: "Conociendo estos hechos, os aconsejo que enviemos una embajada al rey, olvidando toda esa palabrería -"el auténtico bárbaro", "el enemigo de siempre"- que tanto y con tanta frecuencia nos ha perjudicado. Confieso que cuando veo a un hombre que en todo príncipe de Susa o de Ecabatana sólo sabe ver a un enemigo de Atenas y en cambio apenas se alarma ante otro que está ante nuestras puertas decidido a llegar al corazón de Grecia y saquear nuestro pueblo, yo me alarmo porque no aprenderá nunca a temer a Filipo". El nacionalista Demóstenes no vacila en recurrir a la alianza con el enemigo de más allá para combatir el de más acá, y antes preferirá ver Atenas convertida en Satrapía que abrir sus puertas al macedonio. Por lo mismo, el aliancista antes querrá ver en la presidencia del Parlamento Europeo a un conservador británico, enemigo de todo cambio estatutario, que a un socialista español, una especie de macedonio.
El segundo documento es un exaltado himno de Aristóteles, también durante siglos reputado como apócrifo, dedicado a la memoria de Hermias, o más bien a la diosa Virtud, a cuya obediencia de manera tan heroica se sacrificó el eunuco:
"Por anhelo a ti bajaron Aquiles y Ayax a la mansión de Hades, / y por amor a tu forma también el infante de Atarneo / dejó en la desolación los rayos del sol".
Mientras Demóstenes calumniaba la memoria del difunto y media Atenas hervía de furor contra Filipo, en la lejana Macedonia Aristóteles -Imbuido de unas ideas políticas muy distintas a las de sus antiguos conciudadanos- escribía el epitafio de su amigo y protector. Las formulaciones utópicas de laRepública habían tenido su momento y obrado su efecto, y en la mente del estagirita ya bullía la concepción de una realpolitik nunca alejada de los postulados éticos pero siempre atenta a una finalidad inmediata. El plan de Filipo era el único que podía hacer realidad el sueño de un mundo dominado por el espíritu científico de los helenos, y en su sucesor, Alejandro, verá Aristóteles la tan deseada encarnación de fuerza y sabiduría, un verdadero y excepcional regalo de los dioses. Los años pasados en Asos, en amistad con Hermias y en contacto cotidiano con problemas de alto gobierno, serán la contrapartida de los 20 años de Academia, y sin duda el recuerdo del hábil eunuco inspirará no pocas páginas de la Política. Páginas en esencia premoni tori am ente previstas por el septuagenarlo Platón, desencantado por todos sus fracasos sicilianos, que ya en la carta VI exhorta a sus discípulos a intentar la unión entre la fuerza y el poder. "Leedla como la fórmula de un juramento", les dice, "que es legítimo tomar con una seriedad mezclada con gracia y con una seria burlonería".

Publicado en El País, 17 de marzo de 1987. Puede leerse en su página web original en este enlace.

RESUM DE LA FILOSOFIA D'EPICUR

Epicur de Samos (341-270 a. C.) és el principal exponent de l’hedonisme hel·lenístic. Rep la influència de:
  • Aristip de Cirene, que va ser un pioner de l’hedonisme, de caire més materialista.
  • Demòcrit, formulador de l’atomisme, que és la metafísica d’Epicur.
  • Platonisme, en tant que va ser deixeble d’un platònic, i en tant que la força del platonisme es deixà sentir en totes les filosofies posteriors.
Quan Epicur té trenta anys s'instal·la a Atenes i munta una nova escola de filosofia, El Jardí, que competirà amb l'Acadèmia y el Liceu. Què és El Jardi?
  • Es una casa amb jardí i hort.
  • És un espai d'amistat i convivència.
  • És un espai de reflexió i intercanvi intel·lectual.
Dintre del pensament d'Epicur hem de diferenciar tres aspectes:
  • Teoria del coneixement: el coneixement és important perquè és una font de serenor i, per tant, de felicitat. Per a Epicur, disposem de tres vies per obtenir coneixement i certesa, quatre criteris o cànons:
    • Les sensacions (percepció) i l'experiència. Recordem que Epicur és atomista, i que entén la relació entre objectes i subjectes observadors com a un intercanvi d'àtoms més lleugers.
    • Les afeccions: saber el que és bo o dolent com a fruit de l'experiència de plaer o dolor.
    • Les anticipacions: és el resultat de l'experiència, que ens permet preveure i reconèixer i validar les sensacions que ens afecten. Com es pot deduir, aquesta via és absolutament contrària a la reminiscència platònica.
    • El raonament, fet a partir de l'experiència però capaç d'anar més enllà, per conèixer allò que no és evident. L'atomisme en sí és una metafísica, una forma d'explicar el que es veu des de més enllà de l'experiència.


  • Teoria de la realitat: Epicur és atomista, seguidor de Demòcrit. Recordem que l'atomisme és un materialisme, i que:
    • Els àtoms són cossos immutables, tan petits que són invisibles.
    • Formen agrupacions que esdevenen cossos visibles.
    • Es mouen en el buit, en un moviment vertical i recte.
    • Epicur introdueix alteracions en el moviment dels àtoms, les anomenades declinacions o clinamen, que són desviaments del moviment vertical que provoquen xocs que responen a l'atzar (indeterminisme).
    • L'ànima és també material, feta d'uns àtoms molt lleugers. No hi ha pervivència de l'anima en morir el cos.


  • Ètica: si l'ànima és material, tot allò que sigui bo o dolent per al cos, ho serà per a l'anima. Plaer i dolor equivalen al bé i el mal.
    • Satisfacció de les necessitats elementals per evitar el dolor i aconseguir el benestar, com a primera font de felicitat. Aquesta idea de benestar remet a Plató: tranquil·litat és estabilitat (com les idees), de forma que Epicur no contempla els plaers materials com a finalitat de la vida, perquè són efímers, compulsius. Cal cercar els plaers estables.
    • Felicitat: el plaer en repòs com a absència de desig i passions (ataraxia).
    • Cal deixar a la raó com a guia per escollir els plaers adequats.





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