PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

diumenge, 14 de febrer de 2016

EL EFECTO BALDWIN

El efecto Baldwin no tiene nada que ver con las posibles alteraciones emocionales que sufren las amas de casa de mediana edad y clase media-baja al contemplar una fotografia de Alec Baldwin.

Alec Baldwin hace unos años


Alec Baldwin hace menos años

¡Cómo pasa el tiempo!

En serio, el efecto baldwin es otra cosa

El auténtico James Baldwin
El llamado efecto Baldwin, propuesto por James Baldwin en 1896, resitúa el centro de las dinámicas evolutivas en la interacción genética con la cultura: la capacidad de aprendizaje de los humanos y la consiguiente adquisición de conductas complejas, acaba convirtiéndose en un factor heredable, dentro de la selección natural, porque tales conductas acaban siendo más ventajosas para los individuos que las adoptan, y si facilitan su supervivencia llegarán a ser innatas. El aprendizaje es, pues, relevante evolutivamente, puede afectar a la dirección y la velocidad del cambio. Se trata de cultura transmitida genéticamente.[1]
En 1987, algunos estudios dedicados a la simulación informática de los procesos evolutivos recuperan este concepto de efecto Baldwin, y especialistas como Pinker y Bloom dan por bueno que ocupa un papel importante en la explicación del desarrollo evolutivo del lenguaje y la cognición humana: la capacidad cerebral, la anatomía necesaria para el habla, la curiosidad, la posición erguida, etc., son todos ellos factores evolutivos genéticos, innatos, pero en algún momento de la historia evolutiva debieron llevarse a cabo las conductas correspondientes que activaran todos estos factores, conductas llevadas a cabo por los más capaces y luego imitadas, conductas consolidadas entre quienes se adaptaron a ellas, y con el debido tiempo incorporadas a la carga genética de sus descendientes.
La objeción más importante sobre este concepto es que carece de cobertura empírica y su defensa es puramente teórica.  Por otro lado, también desde la teoría evolutiva se critica el uso de este concepto. Desde un punto de vista más reciente, no toda la dinámica evolutiva se centra en lo genético (genotipo, como sostiene el neodarwinismo gen-centrista), sino que también hay mecanismos de evolución que se activan en el plano celular (fenotipo), bajo la idea de la herencia extendida. Esto dejaría a los defensores del efecto Baldwin en una posición marginal.[2]




[1] Cfr. Víctor Longa, “Sobre el efecto Baldwin y la noción de herencia”, Signos Filosóficos, 2009, núm. 21, pp. 43-72, donde plantea una discusión crítica de este concepto. Puede leerse on line en este enlace: artículo de Víctor Longa.
[2] Víctor Longa, op. cit.


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