BURKE Y SOUTHEY en los orígenes del conservadurismo británico
Sin embargo, Southey (y sus compañeros lakistas, Coleridge y Wordsworth) acabará siendo etiquetado como un abanderado del conservadurismo romántico inglés, casi como sucesor de Burke. Ante el afán expansionista francés y el temor a una invasión de Albión que genera entre los británicos, Southey pasa de ser un radical seguidor de la Revolución francesa a dar apoyo a los conservadores británicos (los tories). ¿Es posible que haya leído a Burke, que publicó sus Reflexiones en 1791? Es posible, ya que hay ciertas confluencias entre uno y otro, incluso en la dedicación periodística que ambos llevaron a cabo, cada cual en su momento. En realidad, aunque Southey se vincula a los conservadores (tories), no llegó a caer en el fanatismo de algunos de ellos (en el que si cae a menudo Burke). El conservadurismo de Southey conecta con Burke en su concepción organicista de la sociedad, de lo británico como conjunto de formas de ser y hacer enraizadas en una tradición indeleble, intocable, que los reformistas pretenden peligrosamente alterar. Y en ello coinciden los tres poetas lakistas, Southey, Coleridge y Wordsworth: los tres pasaron de un juvenil republicanismo rupturista y simpatizante de la Revolución francesa, a la defensa de los valores tradicionales, incluyendo la Corona. A esta postura, sobre todo en el caso de Southey y Coleridge, se la ha etiquetado como conservadurismo romántico (en inglés, Romantic Conservatism; referencia a David Eastwood, “Robert Suthey and the Intellectual Origins of Romantic Conservatism, The English Historical Review, 104 (1989), pp. 308-331).
Así que
Southey queda cerca de Burke, pero con matices. No hay que olvidar el apoyo del
poeta al modelo cooperativista de Robert Owen, que simpatiza con el socialismo utópico, condena el trabajo
infantil, simpatiza con el socialismo utópico (Robert Owen), y es partidario de
una educación universal y gratuita, así como de la emancipación de los
católicos y está implicado en la promulgación de leyes de protección de las
clases bajas, como fue la Poor Law Bill, impulsada por William Cobbett. Así que
tenemos un conservador con una cierta sensibilidad social. Es decir, en la
defensa de la ortodoxia política, Southey remite a Burke, pero en la defensa de
la crítica social se anticipa a Thomas Carlyle y a John Ruskin, por la
influencia del socialismo utópico, también romántico.
Partidario de condenar al destierro a aquellos escritores autores de libelos sediciosos, como Thomas Wooler o William Hone, cosa que provocó el exilio voluntario del mismo Cobbett (también ambigua figura como intelectual), que se trasladó durante un tiempo a los Estados Unidos. Ambigua posición ante la Masacre de Peterloo, en 1819. En 1817 ha de hacer frente a las numerosas críticas que le llegan desde el lado radical del romanticismo, como William Hazlitt en si colección de biografías titulada El espíritu de una época, en la que Southey es duramente satirizado. Es atacado por románticos como Byron, que se mofan de sus contradicciones ideológicas y le acusan de connivencia interesada con el establishment. Byron lo parodia en la irónica dedicatoria de su Don Juan, para recordarle su pasado jacobino, manifiesto en sus dos obras juveniles, Wat Tyler y La caída de Robespierre. Para Byron, Southey era demasiado conservador. Southey contraatacará con un texto titulado Satanic School, donde apunta contra Byron, Shelley y John Keats, en 1821.
En 1809 inicia su colaboración con la Quarterly Review. Comienza también su participación en la edición de The Edinburgh Annual Register, que se publica desde 1811 bajo los auspicios de Walter Scott. Es un periódico en el que se pretende consignar eventos de la actualidad, de forma objetiva y anónima, con la pretensión de ser un punto de referencia más que un lugar de debate ideológico. No obstante, su orientación política es clara: a favor de la guerra contra Francia, en defensa del Gobierno y contrario a toda reforma. Su tono es semejante al de Burke de finales del siglo XVIII (recordemos que murió en 1797, tras dejar expresadas sus opiniones sobre la cuestión revolucionara en sus Reflexiones, de 1791), y una grandiosa obra periodística plasmada en The Annual Register, que publicó en Londres desde 1759.
REFERENCIAS: Introducción a la edición de Tim Fulford de Robert Southey, Essays Moral and Political. 1832. Londres, Routledge, 2024, pp. 1-39.

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