PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

diumenge, 21 d’agost de 2016

CÓMO ACABAR CON LA CULTURA (12)

Vsevolod E. Meyerhold (1874-1940) era el más pequeño de los ocho hijos de una familia ruso-germana, con recursos suficientes para enviarlo a la universidad para que estudiase derecho, aunque acabó en el mundo del teatro y la música. A partir de 1986, el joven Meyerhold es actor de teatro, y desde 1902 compagina esta actividad con la dirección escénica. En este terreno desarrolló numerosos proyectos experimentales, en la línea del simbolismo europeo. Y a partir de 1917, con la Revolución bolchevique, que recibe con entusiasmo, se produce un giro radical en su carrera y se suma a la corriente en pro de un teatro popular, soviético (que se traduce en la nacionalización de numerosos teatros privados por todo el país).
En 1923 funda su propio teatro, bajo concesión gubernamental, conocido como Teatro Meyerhold hasta 1938, año en que fue clausurado. En este período pudo seguir experimentando más allá de los límites del academicismo y del realismo socialista, jugando con nuevos métodos escénicos como el constructivismo y la escenografía circense, así como la biomecánica. Además, puso en escena tanto a autores soviéticos como europeos (Mayakovsky, o el belga Crommelynck). También trabajó con directores como Stanislavsky. Pero no siempre pudo moverse con plena libertad, sobre todo a partir del momento en que Stalin comienza a afianzarse en el poder, a finales de los años veinte. En 1926 tiene previsto representar El inspector de Gogol, en un formato acorde con los tiempos, que se estrena en diciembre de ese año, precisamente coincidiendo con la visita de Benjamin a Moscú. Benjamin asistió a la representación el 19 de diciembre, y dejó constancia de ello en su diario:
Aquí se le ha dado gran importancia como adaptación de una obra clásica al teatro revolucionario, pero el intento se considera, al mismo tiempo, frustrado. El Partido ha dado así consignas contra el montaje, y el comentario moderado del crítico teatral ha sido rechazado por la redacción de Pravda. Los aplausos que se escucharon en el teatro fueron escasos, pero es muy posible que esto se deba en mayor medida a la consigna oficial que a la impresión causada inicialmente en el púbico. Pues a representación fue, sin duda, un deleite para la vista. Pero algo así se halla relacionado, posiblemente, con la cautela general aquí reinante a la hora de manifestar la opinión en público.1
La oposición del Partido iba a intensificarse progresivamente. Meyerhold repudiaba las consignas estéticas, aún no oficializadas pero sí tácitamente aceptadas por quienes quisieran ganarse un puesto importante en las letras soviéticas. Pero Meyerhold no aceptaba semejante imposición sobre la libertad creativa del artista. Pudo sortear los crecientes obstáculos durante los siguientes diez años, hasta que en enero de 1938 llegó la orden de clausura de su teatro. Entonces se refugió en el círculo de Stanislavsky, hasta la muerte de este, en agosto de ese mismo año. 
Foto policial de Meyerhold, en 1939
Sin mayor protección, los acontecimientos se precipitan: el 20 de junio de 1939 es detenido en Leningrado; su mujer, la actriz Zinaida Reich, es asesinada en Moscú el 15 de julio; él es sometido a tortura y forzado a confesar que trabaja para la inteligencia japonesa y la británica, por lo que es condenado a muerte y fusilado el 2 de febrero de 1940.
Hasta aquí el desventurado desenlace de la vida de un artista ruso, víctima de una orden en una lista redactada por alguien empeñado en hacer limpieza. Benjamin no podía conocer ese final, que él mismo también iba a padecer, pero sí advirtió que se estaban dando las circunstancias propicias para desencadenarlo. Ya en el caso de Lélevich asiste como testigo impotente a un proceso semejante. Sólo puede dejar constancia de ello en su diario.
Interesante trío: André Malraux, Meyerhold y Pasternak, en 1934.



1 Diario de Moscú, 19 de diciembre de 1926, pág. 43 de la edición de Aguilar, Buenos Aires, 1990.

dimecres, 17 d’agost de 2016

NIETZSCHE EN 15 MINUTOS


CÓMO ACABAR CON LA CULTURA (11)

CONSEJOS A UN JOVEN ESCRITOR
(para hacer frente a los que quieren acabar con él)

Danilo Kiš



Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes. Mantente alejado de los príncipes.
Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.

Estáte persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.
No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.
Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.
Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.
No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.
No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.
No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.
Guarda siempre en tu mente esta máxima: "Quien alcanza el fin frustra todo el resto".
No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.
No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.
No visites las fábricas, los koljozi, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.
No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.
No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.
Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.
No te asocies con nadie: el escritor está solo.
No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.
No creas a los profetas, porque tú eres profeta.
No seas profeta, porque la duda es tu arma.
Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.
Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.
Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.
No escribas por encargo.
No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.
Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.
No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.
No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.
No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.
Guárdate de la temible perseverancia.
Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.
No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.
No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.
Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.
"Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca" (Apocalipsis 3, 16).
No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.
No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.
No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.
No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.
No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.
No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.
Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.
Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.
Ten en todo tu propio parecer.
No des tu opinión en todo.
Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.
Tus palabras no tienen precio.
No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?
No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.
No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.
Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.
Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.
Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.
No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.
Guárdate de los que te proponen soluciones finales.
No seas el escritor de las minorías.
En cuanto una comunidad te haga suyo, ponte a ti mismo en cuestión.
No escribas para el lector medio: todos los lectores son medios.
No escribas para la elite; la elite no existe: tú eres la elite.
No pienses en la muerte, pero no olvides que eres mortal.
No creas en la inmortalidad del escritor; eso son tonterías de profesores.
No seas trágicamente serio, porque resulta cómico.
No seas actor, porque los ricos están acostumbrados a que se les divierta.
No seas bufón de corte.
No pienses que los escritores son la conciencia de la humanidad, tú has visto demasiados crápulas.
No te dejes persuadir de que no eres nada ni nadie: tú has visto que los ricos tienen miedo de los poetas.
No vayas a la muerte por ninguna idea ni convenzas a nadie de que muera.
No seas cobarde, y desprecia a los cobardes.
No olvides que el heroísmo se paga caro.
No escribas para las fiestas y los jubileos.
No escribas panegíricos, porque lo lamentarías.
No escribas oraciones fúnebres a los héroes de la nación, porque lo lamentarías.
Si no puedes decir la verdad, cállate.
Guárdate de las medias verdades.
Cuando se celebra una fiesta, no hay razón alguna para que tomes parte en ella.
No prestes servicios a los príncipes ni a los ricos.
No pidas servicios ni a los príncipes ni a los ricos.
No seas tolerante por cortesía.
No defiendas la verdad a cualquier precio: "No se discute con un imbécil".
No te dejes persuadir de que todos tenemos igualmente razón ni de que los gustos no se discuten.
"Ser dos a estar equivocados no quiere decir que se sean dos a tener razón" (Popper).
"Admitir que el otro pueda tener razón no nos protege contra un peligro diferente: el de creer que todo el mundo posiblemente tiene razón" (Ídem).
No discutas con ignorantes sobre cosas de las que, gracias a ti, oyen hablar por primera vez.
No tengas ninguna misión.
Guárdate de los que tienen una misión.
No creas en el pensamiento científico.
No creas en la intuición.
Guárdate del cinismo, entre otros del tuyo.
Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.
Ten el valor de decir que el poema de Aragon a la gloria de la GPU es una infamia.
No le busques circunstancias atenuantes.
No te dejes convencer de que en la polémica Sartre-Camus los dos tenían razón.
No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.
Rechaza las escuelas literarias que te son impuestas.
A la sola mención del realismo socialista renuncia a toda discusión.
Sobre el tema de la literatura comprometida permanece mudo como un muerto: deja eso a los profesores.
Al que compare los campos de concentración con la prisión de la Santé, mándalo a paseo.
Al que afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo.
Al que afirme que en Auschwitz sólo se exterminó a piojos y no a hombres, échalo fuera.
Al que afirme que todo esto representaba una necesidad histórica, aplícale el mismo tratamiento.
"Segui il carro e lascia dir le genti" (Dante).
Danilo Kiš (1935-1989) era poeta y narrador en lengua serbocroata, serbio de origen húngaro y judío. Autor, entre otras, de la novela Una tumba para Boris Davidovich, traducida a todas las grandes lenguas internacionales, incluido el castellano. Esta texto es ya un clásico de la literatura de resistencia, fue publicado en El País en marzo de 1985, naturalmente en papel (ahora digitalizado, en este enlace).




CÓMO ACABAR CON LA CULTURA (11)

CONSEJOS A UN JOVEN ESCRITOR
(para hacer frente a los que quieren acabar con él)

Danilo Kiš



Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes. Mantente alejado de los príncipes.
Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.

Estáte persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.
No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.
Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.
Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.
No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.
No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.
No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.
Guarda siempre en tu mente esta máxima: "Quien alcanza el fin frustra todo el resto".
No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.
No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.
No visites las fábricas, los koljozi, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.
No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.
No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.
Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.
No te asocies con nadie: el escritor está solo.
No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.
No creas a los profetas, porque tú eres profeta.
No seas profeta, porque la duda es tu arma.
Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.
Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.
Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.
No escribas por encargo.
No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.
Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.
No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.
No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.
No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.
Guárdate de la temible perseverancia.
Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.
No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.
No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.
Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.
"Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca" (Apocalipsis 3, 16).
No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.
No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.
No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.
No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.
No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.
No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.
Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.
Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.
Ten en todo tu propio parecer.
No des tu opinión en todo.
Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.
Tus palabras no tienen precio.
No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?
No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.
No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.
Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.
Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.
Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.
No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.
Guárdate de los que te proponen soluciones finales.
No seas el escritor de las minorías.
En cuanto una comunidad te haga suyo, ponte a ti mismo en cuestión.
No escribas para el lector medio: todos los lectores son medios.
No escribas para la elite; la elite no existe: tú eres la elite.
No pienses en la muerte, pero no olvides que eres mortal.
No creas en la inmortalidad del escritor; eso son tonterías de profesores.
No seas trágicamente serio, porque resulta cómico.
No seas actor, porque los ricos están acostumbrados a que se les divierta.
No seas bufón de corte.
No pienses que los escritores son la conciencia de la humanidad, tú has visto demasiados crápulas.
No te dejes persuadir de que no eres nada ni nadie: tú has visto que los ricos tienen miedo de los poetas.
No vayas a la muerte por ninguna idea ni convenzas a nadie de que muera.
No seas cobarde, y desprecia a los cobardes.
No olvides que el heroísmo se paga caro.
No escribas para las fiestas y los jubileos.
No escribas panegíricos, porque lo lamentarías.
No escribas oraciones fúnebres a los héroes de la nación, porque lo lamentarías.
Si no puedes decir la verdad, cállate.
Guárdate de las medias verdades.
Cuando se celebra una fiesta, no hay razón alguna para que tomes parte en ella.
No prestes servicios a los príncipes ni a los ricos.
No pidas servicios ni a los príncipes ni a los ricos.
No seas tolerante por cortesía.
No defiendas la verdad a cualquier precio: "No se discute con un imbécil".
No te dejes persuadir de que todos tenemos igualmente razón ni de que los gustos no se discuten.
"Ser dos a estar equivocados no quiere decir que se sean dos a tener razón" (Popper).
"Admitir que el otro pueda tener razón no nos protege contra un peligro diferente: el de creer que todo el mundo posiblemente tiene razón" (Ídem).
No discutas con ignorantes sobre cosas de las que, gracias a ti, oyen hablar por primera vez.
No tengas ninguna misión.
Guárdate de los que tienen una misión.
No creas en el pensamiento científico.
No creas en la intuición.
Guárdate del cinismo, entre otros del tuyo.
Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.
Ten el valor de decir que el poema de Aragon a la gloria de la GPU es una infamia.
No le busques circunstancias atenuantes.
No te dejes convencer de que en la polémica Sartre-Camus los dos tenían razón.
No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.
Rechaza las escuelas literarias que te son impuestas.
A la sola mención del realismo socialista renuncia a toda discusión.
Sobre el tema de la literatura comprometida permanece mudo como un muerto: deja eso a los profesores.
Al que compare los campos de concentración con la prisión de la Santé, mándalo a paseo.
Al que afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo.
Al que afirme que en Auschwitz sólo se exterminó a piojos y no a hombres, échalo fuera.
Al que afirme que todo esto representaba una necesidad histórica, aplícale el mismo tratamiento.
"Segui il carro e lascia dir le genti" (Dante).
Danilo Kiš (1935-1989) era poeta y narrador en lengua serbocroata, serbio de origen húngaro y judío. Autor, entre otras, de la novela Una tumba para Boris Davidovich, traducida a todas las grandes lenguas internacionales, incluido el castellano. Esta texto es ya un clásico de la literatura de resistencia, fue publicado en El País en marzo de 1985, naturalmente en papel (ahora digitalizado, en este enlace).




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