UNA REFLEXIÓN SOBRE LA UNIVERSIDAD
Pitágoras fue el primero en erigir una ciudadela verdaderamente corporativa, que será la simiente de lo que luego habrá de conocerse como ‘universidad’, con todas las virtudes y los defectos que la caracterizan, entre la erudición y el sectarismo. La ciudadela de Pitágoras fue fortaleza, prisión y recinto sacro a la vez, y las universidades también han desarrollado esos tres papeles a lo largo de su historia, en ocasiones simultáneamente. Sólo hay que recordar el ofrecimiento de la Universidad de Heidelberg a Spinoza, que el filósofo declinó para permanecer libre y ajeno a los dictados de los jerarcas. De hecho, desde sus inicios las universidades nunca quedaron exentas de vigilancia externa, y aún hoy sería discutible el grado de flexibilidad o disensión interna que se permite a quienes habitan el interior de sus claustros protectores. Como dice Arendt, con cierto escepticismo, "las universidades no podrían sobrevivir si desaparecieran el distanciamiento intelectual y la desint...