¿CRISIS MORAL EN LA DEMOCRACIA?
La democracia no se salva dando clases de ética
Vivimos tiempos en los que hablar de educación democrática se ha convertido en una respuesta refleja ante cualquier síntoma de crisis política. Auge del populismo, polarización creciente, desconfianza en las instituciones: el diagnóstico siempre apunta en la misma dirección. Los ciudadanos han perdido sus valores. La solución, por tanto, es enseñarles mejores valores. Más empatía, más tolerancia, más virtud cívica.
El razonamiento es comprensible. Pero creo que es profundamente equivocado. Y actuar sobre él no solo no resolverá el problema, sino que puede agravarlo.
Permítanme proponer un diagnóstico diferente. La crisis de las democracias liberales no es, en su raíz, una crisis moral de los ciudadanos. Es una crisis de funcionamiento institucional: un fallo sistémico que incentiva comportamientos perversos, empezando por la corrupción.

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