PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimecres, 22 d’abril de 2015

INTELECTUALISMO SOCRÁTICO


La idea básica es que quien obra mal, actúa así por ignorancia del bien, ya que "el alma que ve lo que realmente es bueno infaliblemente desea el bien que ha percibido" (Cornford). La moral socrática se basa en el conocimiento, en concreto en el conocimiento de la idea de bien. Sólo aquel que sabe lo que es el bien puede ser virtuoso, y el que actúa mal es por ignorancia.

A esta concepción ética se le llama intelectualismo porque identifica el bien y la virtud con la sabiduría, y el mal con la ignorancia. Pero no hay que confundir, sin embargo, sabiduría con erudición. La sabiduría es la posesión de saberes, es decir, un cierto modo de erudición, pero dirigida hacia sí misma (autorreflexión), es decir, saber vivir de acuerdo con esos saberes. No basta conocer el bien, hay que practicarlo. Esto supone, además, que el intelectualismo tiene una vertiente política, complementaria de la moral, porque un hombre bueno será también buen ciudadano, y la ciudad compuesta de buenos ciudadanos será una ciudad virtuosa.

Sócrates considera la práctica moral como una areté, una capacidad semejante a la del zapatero, la del piloto de naves o del comerciante. Y en la areté interviene tres factores: la capacidad innata, el aprendizaje y la práctica. Esta combinación de los tres factores produce, si es la adecuada, un buen zapatero, un buen comerciante y un buen piloto de barcos; y por extensión, un buen ciudadano. Pero quien hace malos zapatos, es porque carece de la areté del zapatero; y quien obra mal, es porque carece de la areté moral, que supone el previo conocimiento (autoconocimiento) de lo que es bueno. 

La moral, para Sócrates, requiere el conocimiento de su objeto, el bien. Todo el mundo persigue su bien, pero los malos no conocen el bien, son ignorantes, actúan mal porque no saben lo que hacen. Si el bien es el auténtico fin de nuestra vida, tal fin ha de ser conocido. Pero la areté moral no puede ser enseñada, como sí ocurre con la areté del zapatero; ha de ser intuida tras el proceso dialéctico que Sócrates utiliza, por el que obtenemos un criterio propio para distinguir lo bueno de lo malo.


CRITICAS CONTRA EL INTELECTUALISMO SOCRÁTICO
Sobre el intelecualismo socrático se han lanzado diversas críticas. Nietzsche, el mayor de sus críticos, afirma que Sócrates olvida la parte irracional del alma humana, apartando los instintos y las pasiones como posibles componentes de la acción moral; reduce la moral al conocimiento, y eso la deja incompleta. Nietzsche se hace eco de una crítica bastante antigua y evidente afirma que "es posible tener conciencia de lo que es moralmente correcto y sin embargo no desearlo; es decir, que sólo el conocimiento no basta para determinar la voluntad" (Cornford). La réplica socrática diría que nadie obra mal a sabiendas, sino en la ignorancia de lo que el verdadero bien significa. Cuando obramos mal hacemos lo que nos viene en gana, pero no lo que nuestro yo nos dicta (como ocurre con el daimon de Sócrates, que actúa como una autoconciencia). La intuición de ese yo deviene conocimiento del bien y del mal.


BIBLIOGRAFÍA

Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, especialmente III 9 y IV 1-2.
Cornford, Antes y después de Sócrates. Barcelona, Ariel, 1981.


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