PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 28 de juny de 2012

MATERIALES: PLATÓN EN 30 MINUTOS


UN RESUMEN DE LA FILOSOFÍA DE PLATÓN

PARA ALUMNOS CON  PRISA

(más contenidos en este enlace)

INTRODUCCIÓN

Para comprender el sentido de la filosofía de Platón hay que tener en cuenta dos elementos importantes:
  • Antecedentes filosóficos
  • Problemas que Platón intenta resolver

En cuanto a los antecedentes, la filosofía de Platón recibe influencia de varias corrientes de ideas:

  • Sócrates y su interrogación sobre el significado esencial de los conceptos. Sócrates no admite definiciones extensionales (denotativas, referenciales, aquello que podemos señalar), descriptivas o sujetas a relaciones culturales (convencionales), sino que exige, y así lo demanda a sus interlocutores, definiciones intencionales (connotativas), es decir, esenciales; Sócrates pregunta por el sentido de lo bello o la virtud, no por ejemplos de belleza o de virtudes concretas (meros referentes). Pero no la obtiene de esos interlocutores a los que molesta con sus preguntas.
  • Pluralismo atomista y sofística, que son vistos por la aristocracia y también por el pueblo como responsables del deterioro político de Atenas. Platón pertenece por nacimiento y educación a la aristocracia.
  • Filosofía de Heráclito, transmitida a través de su primer maestro: de ella hereda la cuestión del cambio, que Heráclito afirma como una constante cosmológica. El aristócrata que hay en Platón se rebela contra esa concepción, e inicia una búsqueda de la estabilidad perdida.
  • Filosofía eleática: Parménides, pitagorismo y orfismo, que proporcionan al Platón post-socrático las claves conceptuales necesarias para desarrollar sus teorías: la idea unitaria del ser, la negación absoluta del cambio y la idea del alma (esencia divina y transmigración).


LOS PROBLEMAS QUE INTENTA RESOLVER

Con estos elementos como punto de partida, Platón se enfrentará a tres cuestiones esenciales en la filosofía clásica griega:
  1. El problema del cambio físico (qué es la realidad)
  2. El problema del conocimiento (cómo podemos conocer la realidad)
  3. El problema político (cuál es el mejor sistema de gobierno). Como se verá, en Platón es imposible desgajar el tema político de los otros dos anteriores. De hecho, se piensa que desarrolló los dos anteriores para poder justificar sus propuestas políticas (inmovilismo social y político basado en una concepción inmovilista del ser y en el conocimiento de la realidad restringido a los sabios).


1.      EL PROBLEMA DEL CAMBIO
Problema metafísico por excelencia, en tanto que tras él se esconde el problema de qué es la realidad: según la respuesta que demos al primero, responderemos de una determinada manera al segundo.
Punto de partida: la teoría eleática del cambio.
Para Parménides, el cambio es un paso tal que se puede describir así:
A   pasa a   ˥A
Cuando una hoja verde se transforma en marrón, se produce una negación de lo que antes era, es decir, que A pasa a ser su propia negación, ˥A. Esto, en términos estrictamente lógicos, es imposible, A no puede ser su negación, lo que es no puede dejar de ser, no es admisible el paso del ser a la nada, o viceversa.
Este planteamiento arcaico es asumido por la filosofía griega desde Parménides y Heráclito. El primero niega el cambio, el segundo lo convierte en constante cosmológica, nada es. Platón se acoge a Parménides: dado que ese paso lógico no es posible, el cambio no existe, el ser es una constante cosmológica, todo es y el ser lo es todo. La realidad es la permanencia absoluta, de manera que el cambio es irreal, dado que no es posible en la lógica.
Los cambios que vemos son apariencias, en realidad no se producen, son cosas que percibimos pero que no son reales. La realidad, allá donde reside el ser, es un mundo inmutable y constante. El ser de Parménides es el Ser, una inmensa bola de materia, donde nada se mueve.
De ello cabe deducir que el mundo que percibimos no es real, porque es incompatible con la lógica del ser, que no puede dejar de ser.
De este planteamiento se derivan grandes consecuencias para la filosofía griega e incluso la filosofía occidental posterior. Se abren dos líneas de pensamiento:


 Las Ideas o Formas son instancias inmateriales que poseen las características del Ser de Parménides y la multiplicidad de los átomos: a cada cosa corresponde una idea primaria, su esencia (su significado único e inmutable, no sometido a la variabilidad de las convenciones, tal y como pretendía Sócrates). Los conceptos tienen una definición esencial, es decir, son esencias que permanecen como tales allá donde residen, aunque en su versión material, copia del original, están sometidos a mutaciones, transfiguraciones o sombreados que dificultan el acceso a esa definición esencial. Es por eso que los conceptos están sometidos a tantas variaciones en el lenguaje, enredado en los múltiples significados convencionales.
El Bien, por ejemplo, no es un concepto con una definición que pueda cambiar según la perspectiva cultural; el Bien tiene un significado inmutable del cual se derivan los otros como aproximaciones imperfectas. No podemos conformarnos con ellas, hemos de acceder al significado real. En términos lingüísticos: buscamos la connotación, conformarnos con las denotaciones es quedarnos a medias. Golpe bajo al relativismo sofista.
Sin embargo, las Ideas no están en nuestro mundo, no podemos señalarlas para identificarlas, cualquier ejemplo es imperfecto. El referente único de los conceptos no está en el mundo material, y por eso no lo podemos señalar. Sólo lo podemos señalar si accedemos a él, pero no podemos acceder a él por la vía de los sentidos (apariencias), sino por la vía de la intuición, que es el camino que conduce al mundo inteligible, donde sí podemos señalar el referente que corresponde a la definición esencial de un concepto.
En el mundo material sólo tenemos ejemplos de ellas, copias de su significación, es decir, referentes que no nos proporcionan una idea precisa de su sentido. Nuestro mundo está sometido al cambio físico y a la indefinición de las ideas. Cada cual tiene una idea del bien relativa a su cultura o su religión. Cuando hablamos del bien, cada cual señala una cosa diferente. Ese conocimiento no es el que busca Platón, porque en tanto que sujeto a cambio, no pertenece al ámbito de lo real. Vivimos en una caverna donde sólo vemos sombras, a partir de las cuales no podemos entender la esencia de lo real. Para poder conocer la realidad hemos de salir de la caverna y acceder al mundo de las ideas.
El mundo de los sentidos es una especie de copia defectuosa del mundo real, el mundo de las ideas. Nuestro mundo y nosotros mismos somos como mutaciones imperfectas del ser, copias de copias. Cuanto más nos acercamos a lo material, más nos alejamos del ser y de la realidad. La realidad es inteligible, puramente inteligible, y para conocerla debemos iniciar un camino de separación de lo material y una ascensión al mundo de las ideas (salir de la caverna como proceso intelectual).
El símil de la línea, usado por Platón para explicar las implicaciones que hay entre su concepción de la realidad y el conocimiento de la misma:


2.      EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
Como se puede apreciar, el asunto de cómo podemos conocer la realidad depende directamente de lo que entendamos por realidad.
Si la realidad es ideal o puramente inteligible, podemos descartar estrategias empiristas para conocerla. Para Platón, el mundo de las sensaciones nos proporciona un conocimiento imperfecto. Conociendo lo que ocurre en los cuerpos naturales obtenemos un conocimiento erróneo del ser, puesto que los objetos están sujetos al cambio y el ser no. De las cosas que cambian sólo obtenemos errores u opiniones, conjeturas, aproximaciones, pero no verdades, ciencia, sabiduría.
El conocimiento de lo real, del ser, sólo podemos obtenerlo a través del conocimiento del mundo de las ideas, que es puramente inteligible. Conocemos el ser conociendo las definiciones esenciales de las formas originales, de las cuales derivan las cosas, que son copias de las primeras, pero copias imperfectas.
La episteme, conocimiento científico verdadero, sólo puede obtenerse por esta vía. El conocimiento de las cosas naturales es sólo doxa, opinión sujeta a cambios. Platón, a través del símil de la línea, desarrolla también un esquema de los grados de perfección del conocimiento:

Esta estrategia de conocimiento de la realidad, opuesta a la empirista o sensorial, tendrá importantes desarrollos en la filosofía moderna (racionalismo): detrás de Descartes y el cartesianismo (Spinoza y Leibniz, sobre todo), está la sombra de Platón señalando el camino correcto.
Asumida cuál es la estrategia correcta, ahora hay que explicar el proceso: cómo es posible conocer el mundo de las ideas. Platón supone que algo de ese mundo está en nosotros, en nuestra mente o alma (nuestra parte vinculada a lo inteligible). Si no fuese así, ¿cómo explicar que cuando alguien señala un color, que sólo puede definirse señalando un referente de ese color, sepamos a qué cosa se refiere y a qué idea relativa a esa cosa? Podemos señalar mil veces el color rojo, pero algo hay dentro de nosotros que nos indica, intuitivamente, en qué debemos fijarnos cuando nos señalan algo y nos dicen: “rojo”.
Platón sostiene que el mundo de las ideas ya ha sido conocido por nosotros, que los conceptos están incorporados en nuestra mente, como estructuras previas que no están desarrolladas, aunque sí implantadas, y que hemos de desarrollar a lo largo de un proceso de aprendizaje, dialéctico, que explicaremos más adelante.
Zagreo, avatar de Dioniso
La cuestión ahora es: cómo es posible que nuestra mente tenga incorporados esos conceptos, pero no seamos conscientes de ello. La respuesta a  esta pregunta fue formulada por Platón bajo inspiración del orfismo, una corriente religiosa también eleática, y opuesta a la tradición homérica, que era la implantada en Atenas y el Egeo. El orfismo sostiene que el alma humana está compuesta de materia divina y materia mundana (referencia al mito de Zagreo). Para Platón, el alma, conectada con lo divino, es decir, con el Ser, ha conocido el mundo de las ideas, lo ha presenciado, ha participado de él, ha visto las definiciones esenciales de las cosas y de los conceptos. Sin embargo, al ser incorporada el alma a un cuerpo (transmigración, pitagorismo), olvida lo aprendido en el proceso.
Cuando un hombre percibe los objetos del mundo empírico, su alma es estimulada por algo que le recuerda aquello que pudo contemplar antes de estar apresada en un cuerpo: percibe la copia del modelo y puede así captar la correspondencia entre ambos, modelo y copia. Conocer es, para Platón, más bien reconocer algo que se conoció en su momento y que se había olvidado. De manera que para conocer hemos de recordar (anámnesis), y el proceso dialéctico ha de permitir recuperar esa información esencial olvidada. Recordar las definiciones de las esencias es lo mismo que conocer el Ser, la realidad; es un ascenso desde lo material hasta lo inteligible.
El proceso dialéctico que permite acceder a las definiciones de las ideas es de inspiración socrática (y a la vez sofística), pero Platón aporta nuevos contenidos metodológicos. El análisis dialéctico de los conceptos a través de su definición trata de separar lo simple de lo compuesto mediante el género y la especie en una sucesión dicotómica.
La dialéctica tiene dos momentos:
  • Síntesis, recopilación en busca de la unidad.
  • Análisis, división, separación de las partes de la unidad.

Estos dos momentos se articulan a través del diálogo y la antilogía (que es de origen sofista), manifestar las partes y a la vez manifestar la unidad de las mismas. Desde este punto de vista metodológico, incluye procesos como la hipótesis, la inducción, la síntesis y la clasificación.

3.      EL PROBLEMA POLÍTICO
En la filosofía de Platón no se pueden separar las cuestiones metafísicas (el problema del cambio y de la realidad) y epistemológicas (el problema del conocimiento de la realidad) de un asunto muy importante para la vida humana: la organización social. No hay que olvidar que Platón es un aristócrata que ha conocido el proceso de pérdida de poder de la aristocracia, el establecimiento de la democracia ateniense, su fracaso y la derrota de Atenas en manos de Esparta, así como la condena de Sócrates en manos de un pueblo que le responsabilizó del desastre. Por todo ello, Platón desconfía de los cambios sociales y políticos, de la democracia que pone la cambiante opinión popular por encima de la solidez de la perspectiva aristocrática. A Platón no le gusta el cambio, lo vivió como un gran desastre, y eso se traduce en una metafísica y una epistemología que santifica la inmovilidad y la negación del mundo de los sentidos; y se traduce también en una teoría política muy crítica con la democracia y la formulación de un ideal social y político basado en lo permanente y el gobierno de los sabios.
El problema de fondo de la teoría política de Platón es cómo conseguir alcanzar el mejor gobierno posible y que sea estable, paralizarlo para que no se corrompa; de hecho, cualquier tipo de cambio ya es un indicio de corrupción, así que cualquier tipo de régimen que consiga ser estable comienza a aproximarse a lo ideal, lo perfecto, aunque en realidad lo ideal no reside en el mundo material. Se trata, pues, de reproducir en este mundo una copia lo más cercana posible al ideal. De ello se deduce que la democracia, el régimen del cambio por definición, es uno de los más imperfectos.
Platón considera que la forma de asegurar la estabilidad de un régimen consiste en conseguir que ciudadanos e instituciones políticas se parezcan a las características del ideal: evitar los cambios, paralizar las dinámicas sociales, es decir, que cada cual esté ocupando el lugar natural que le corresponde, y de allí no se moverá. Lo semejante tiende hacia lo semejante.
Esto significa que las personas deben ocupar el lugar que corresponde a su naturaleza. El alma humana, con una parte divina, tiene otros componentes, porque es también mundana, tiene tres esencias: racional, irascible y concupiscible. Cada parte tiene una fuerza, y en cada ser humano se da un temperamento resultado del equilibrio particular de fuerzas en su alma (prudencia, valentía y templanza), de manera que cada uno de estos temperamentos busca alcanzar determinadas cosas (conocimiento, gloria y riquezas materiales), cosa que determina su lugar en la pirámide social (gobernantes, soldados, artesanos-comerciantes).
Como puede verse, la teoría política de Platón, en busca de la estabilidad, se inspira en una teoría de la naturaleza humana: las diferencias entre los hombres ha de servir de criterio para distribuirlo en la sociedad y en la asignación de funciones, mediante el establecimiento de castas. El criterio de pertenencia a una casta no es por nacimiento, ni por herencia, ni por elección, sino mediante la educación, a través de la cual se pueden observar las diferencias tendencias de un ser humano particular y a conveniencia de darle un puesto u otro en la ciudad. Sólo así se asegurará que no haya revoluciones ni imperfecciones en el gobierno.
  

MAPA CONCEPTUAL
















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