NOTAS SOBRE KOJÈVE



Las ideas del filósofo van mucho más allá de Hegel y reverberan extrañamente en un Occidente que camina dando tumbos por un callejón sin salida.


Hablar en términos peyorativos del fin de la Historia se ha convertido en uno de los lugares comunes de la intelectualidad occidental: desde que Francis Fukuyama recuperase ese concepto de raíces hegelianas a comienzos de la década de los noventa, sugiriendo que el hundimiento del comunismo soviético zanjaba el debate sobre el mejor régimen político en favor de la democracia liberal y podía entenderse como un “fin de la Historia”, suele citarse al politólogo norteamericano como ejemplo de hubris filosófica. ¿Cómo va a terminarse la Historia, si seguimos yendo a la guerra? Ocurre que la noción del fin de la Historia es mucho más compleja de lo que parece y quizá el periodismo –pasa lo mismo con la tesis schmittiana de que soberano es quien decreta la excepción– sea incapaz de asimilarla. Y aunque Hegel deba considerarse el padre de la moderna –qué otra cosa podía ser– filosofía de la historia, su recuperación en el siglo XX se debe a uno de sus intérpretes: Alexandre Kojève. Fue él quien dictó un célebre curso sobre la Fenomenología del Espíritu en la Escuela de Altos Estudios de París entre 1933 y 1939, al que asistieron figuras como Georges Bataille, Jacques Lacan, André Breton, Maurice Merleau-Ponty o Raymond Aron. Su transcripción fue leída con avidez por la élite intelectual parisina de la posguerra y una edición de “el seminario”, como llegó a conocérselo, llegó a la imprenta en 1947: una compilación desordenada de los materiales recogidos por distintos asistentes a los que dio forma de libro el singular escritor Raymond Queneau.

Como puede acreditar quien se haya acercado a la obra, no se trata de un libro fácil: una suerte de pesadilla para filósofos analíticos de corte anglosajón. Tal vez por eso ha tenido que ser un inclasificable pensador alemán, Boris Groys, quien asumiera la tarea de escribir la “biografía intelectual” de Kojève; lo ha hecho en un libro publicado por la editorial Verso hace unos meses. Y no descartemos que Groys fuera la única persona capaz de hacerlo: nacido en el Berlín oriental en 1947, estudió filosofía y matemáticas en la universidad de Leningrado, pasando a enseñar lingüística en Moscú antes de emigrar a la República Federal Alemana en 1981, desempeñándose como profesor invitado de la Universidad de Los Ángeles en 1991 y como docente en teoría de los medios bajo la dirección de Peter Sloterdijk en Karlsruhe. Solo alguien así formado podía identificar las fuentes del pensamiento de Kojève más allá –mucho más allá– de Hegel, remontándose a la filosofía y la política rusas de finales del XIX y comienzos del XX e iluminando con ello una filosofía tan hermética como fascinante. Y una que conserva, por extraño que parezca, su vigencia.

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