PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

divendres, 16 de setembre de 2011

COMENTARIO DE TEXTOS DE FILOSOFIA


GUIA PARA COMENTAR TEXTOS FILOSOFICOS


PRELIMINARES


  • Un texto filosófico no es un texto literario, por lo cual el comentario de un texto filosófico tratará de asuntos y aspectos diferentes que el comentario literario. Es evidente que podemos hacer un comentario filosófico de un texto literario y viceversa. Aquí hay que clarificar lo que el texto dice, concisamente, separando el fondo de la forma, al revés que en el caso de un texto literario, donde la forma es muy importante; en un texto filosófico, la forma en que está escrito, el estilo, los recursos literarios que usa el autor, pueden tener su importancia (no es lo mismo leer los diálogos de Platón que la seca prosa de Aristóteles), pero no en lo que respecta a los conceptos y a la coherencia de un pensamiento filosófico. Se trata de decir qué problema es el que el autor ha abordado en esas líneas que tenemos delante.
  • En esta guía sólo nos referiremos a los aspectos filosóficos de un texto como los que forman parte del programa de lecturas del segundo curso de bachillerato.
  • En un texto filosófico encontraremos conceptos e ideas enlazados de tal manera que expresan un argumento, una secuencia de pensamientos y reflexiones sobre alguna cuestión filosófica relevante. El comentario de texto pretende hacer salir a la superficie y hacerlos comprensibles tanto los conceptos e ideas como la reflexión en conjunto, cómo el autor enlaza esos elementos para construir una reflexión filosófica, es decir, unos argumentos que constituyen el mensaje del texto.
  • A grandes líneas, se podría decir que todo comentario de un texto filosófico debe aspirar a que cualquier persona (incluso aquellos que no sean especialistas en filosofía) sean capaces de comprender el texto que tienen delante, y de conseguir las claves explicativas del mismo. Comentar un texto viene a ser como contar una película a alguien que llega cuando ésta ya ha comenzado. Hay que ayudarle, por tanto, a que sepa qué ha pasado, y a que pueda seguir después viendo la película por él mismo.
  • La tarea del comentarista consiste en comprender e interpretar ese mensaje, y hacerlo comprensivo a los lectores.
  • También se espera que el comentarista contraste ese mensaje con su propia perspectiva, para enriquecerla.


DOS TIPOS DE COMENTARIO

El comentario de texto puede ser de dos tipos: abierto o cerrado.

  • Comentario cerrado: consiste en una serie de preguntas concretas que el comentarista ha de responder. En general, los exámenes filosofía de selectividad responden a este modelo, pero no hay que pensar que son más fáciles, ya que muchas veces nos encontraremos con preguntas tan abiertas que se asemejan a un comentario abierto.
  • Comentario abierto: el comentarista construye el comentario, le da forma según unos parámetros más o menos fijos que pueden ordenarse de esta manera: lectura, análisis, síntesis y valoración.

QUÉ NO ES UN COMENTARIO DE TEXTO

FASES DEL COMENTARIO

Esta guía se refiere básicamente a este tipo de comentario. Seguidamente desarrollaremos las cuatro partes de que consta un comentario de texto filosófico.


1. LECTURA
Todo comentario de texto, sea abierto o cerrado, exige que haya una lectura previa del texto. Tenemos la opción de copiar el comentario de texto del compañero, pero con ello no conseguiremos entenderlo, que es el propósito de esta actividad. La lectura del texto tiene dos fases:

  • Una primera lectura rápida, para captar el texto de una sola pasada y palpar con ello la idea central. Sólo es preciso leer atentamente.
  • Una segunda lectura pausada, atenta y comprensiva, para captar la estructura interna del texto, cómo se articulan internamente las ideas y los conceptos que el autor utiliza. Puede ser útil subrayar o anotar en los márgenes (sí, sí, podemos escribir en los márgenes del texto, en los márgenes de nuestro libro, aunque no lo haremos si es prestado) o en un papel la secuencia de ideas que aparecen.


2. ANALISIS
Análisis es equivalente a descomponer, deconstruir, romper. En esta parte, nos limitaremos a dejar constancia de lo que dice el texto. Hay que tener en cuenta varias fases:

  • ESTRUCTURA DEL TEXTO
    • Marcar las partes en que se divide el texto.
    • Hay que recordar que las unidades mínimas de significación son las oraciones, y que los párrafos integran conjuntos de oraciones vinculadas por un mismo asunto. Así, hay que tener presentes los párrafos como primeras subdivisiones del texto.
    • Cada párrafo se refiere a un trozo de la cadena argumentativa o expositiva que el autor ha creado para explicar sus pensamiento.
    • Hay que hacer salir a la superficie qué se expresa en cada párrafo, y enlazarlo con el anterior y el siguiente, para así encontrar el hilo argumentativo.
    • Para realizar esta tarea no es necesario saber la filosofía del autor, ni conocer su contexto histórico y cultural. Eso ya vendrá después. Ahora hay que intentar comprender su mensaje escrito, eso que hacemos cuando leemos algún escrito de cualquier tipo. Pensad que los primeros lectores de Descartes, por ejemplo, no sabían nada de cartesianismo, se toparon con una nueva filosofía aunque seguramente compartían con el autor un punto de partida y unas preocupaciones comunes. Con todo, nos hemos de poner en esta situación: un desconocido no explica lo que piensa y vamos a interpretarlo.
    • Para ver cómo podemos dividir un texto, seguidamente proponemos un ejemplo práctico:

Hay que clicar dos veces para ver las imágenes ampliadas


  • ESQUEMA Y TEMA
    • Hacemos un cuadro o mapa conceptual de las ideas que aparecen en el texto, articuladas según el orden en que aparecen.
    • Marcar las ideas principales o más relevantes, y definirlas según hace el autor. Si al autor utiliza un concepto con diversos significados hay que especificarlo.
    • Indicar el tema del texto, su idea central.
    • Indicar qué problema filosófico se plantea en el texto (que también puede ser el tema).
    • Indicar qué tesis defiende el autor en el texto (puede ser la respuesta al problema planteado).
    • Indicar un posible título para el texto, si no ha sido proporcionado. El título puede ponerse en función del tema central, del problema planteado o de la tesis defendida.

  • ARGUMENTACIÓN
    • Retomar el hilo argumentativo del texto, según el mapa conceptual que habíamos elaborado.
    • Encontrar los instrumentos argumentativos que usa el autor: definiciones, ejemplos, recursos de autoridad, axiomas, etc.
    • Comprobar si el texto lleva a una conclusión clara y evidente.
    • Detectar insuficiencias argumentativas, como contradicciones, ambigüedades, falacias, saltos injustificados, elusiones y lagunas, circularidades, tautologías, etc.
    • Detectar si la argumentación es deductiva o inductiva.
    • Detectar otros recursos expositivos (es la parte más literaria del comentario).

3. SINTESIS
La síntesis es la reconstrucción crítica de los elementos antes analizados (descuartizados), a través de una composición escrita sobre la temática expuesta por el autor, y a partir de sus propias ideas.

En este punto, hemos de referirnos al contexto, es decir, al pensamiento general del autor, si tenemos conocimiento de él, para hacer una interpretación correcta del texto que comentamos.

A propósito de esta cuestión, citamos esta referencia: “El contexto es el ámbito de referencia de un texto. ¿Qué entiendo por ámbito de referencia?. Todo aquello a lo que puede hacer referencia un texto: la cultura, la realidad circundante, las ideologías, las convenciones sociales, las normas éticas, etc. Pero no es lo mismo el contexto en que se produce un texto que el contexto en el que se interpreta. Si nos ceñimos a los textos literarios escritos, como mínimo cabe distinguir entre el contexto del autor y el contexto del receptor. Sin duda el ámbito de referencia de un autor al escribir su obra es distinto del ámbito de referencia del receptor; la cultura del autor, su conocimiento de la realidad circundante, su mentalidad, sus costumbres, no suelen coincidir con la cultura, el conocimiento de la realidad, la mentalidad o las costumbres de sus lectores. Más aún, no es posible hablar de los lectores como una entidad abstracta, porque son seres individuales, cuyos contextos son asimismo diferentes, por muy pequeña que sea la diferencia” (Manuel Camarero. Introducción al comentario de textos. Castalia).

Este terreno del contexto puede ser peligroso, pues se corre el riesgo de aportar datos que nos hagan “irnos por las ramas”, sin que la información sea pertinente. Por eso, debemos centrarnos especialmente en el autor que vamos a comentar, y explicar la articulación interna de su pensamiento. Otro de los peligros (que también se suelen detectar muy fácilmente) es divagar con ideas que no aparecen en el texto, pero que nos resultan más conocidas o familiares. Es un error. El comentario debe tener el texto propuesto como referencia permanente, y a menudo tampoco está de más citar literalmente alguna expresión concreta (sin que sean varias líneas completas). A este respecto, suele ayudar tener todas las líneas del texto numeradas, y cuando se haga alguna cita podemos hacer referencia a las líneas en las que aparecen esas ideas o argumentos.
En general, para explicar el texto que comentamos, es necesario referirse a:

  • Cuál es el problema o los problemas que se plantean en él.
  • De qué presupuestos parte el autor, si los podemos conocer.
  • Qué conceptos o ideas utiliza, y cómo las articula para tratar el problema y darle respuesta.
  • Si el autor desarrolla suficientemente el problema y la solución.
  • Cuál es el objetivo último del autor al tratar ese problema.
  • Si se refiere a otras posiciones, críticamente o no.


4. CONCLUSION
El comentario ha de cerrarse con un resumen de lo que hemos expuesto y una valoración crítica, más personal, aunque de orden filosófico. Se trata de aportar una opinión personal sobre las ideas que se barajan en el texto, pero esa opinión ha de ser reflexiva y argumentada. También cabe señalar si las ideas expresadas por el autor encajan o no en su propio contexto histórico, e incluso si encajan o no en el actual, por muy antiguo que sea el autor. En la reflexión crítica hay que exponer las que se consideran aportaciones válidas del texto propuesto, y, a la vez, señalar sus puntos más débiles, aquellos aspectos en los que la teoría falla (si es que los hubiera). 

Hemos de buscar una visión equilibrada del autor, que no aleje de posiciones extremas: ningún autor tiene la verdad absoluta, pero tampoco toda la teoría de un autor puede considerarse por ello falsa. En este apartado crítico, parecerán casi inevitablemente referencias a otros autores y corrientes de la filosofía, que nos ayudarán a comprender las luces y las sombras del texto planteado. Para finalizar, se ofrecería una visión personal sobre la posible vigencia de las ideas centrales del texto. Discutir un fragmento filosófico es siempre enfocar el mismo desde nuestros problemas actuales, y es precisamente la relación entre las ideas de los grandes autores y nuestro presente la que logra que el estudio de ese autor sea estimulante y útil. Por ello, terminar con una breve reflexión personal sobre la recuperación o aplicación del texto puede ayudarnos a prolongar las ideas del autor, a continuar ese debate vivo e intenso en el que debe consistir toda filosofía.

Hemos de intentar incluir:

  • Si el problema ha quedado resuelto y las respuestas del autor nos parecen satisfactorias.
  • Si alguna idea ha quedado colgada de un hilo, se sujeta por los pelos o no encaja bien en el conjunto.
  • Si sus argumentos nos parecen convincentes.
  • Si podemos aportar alguna idea para aclarar las cuestiones tratadas.
  • Si podemos argumentar a favor o en contra de alguna de las ideas expuestas.
  • Si las ideas o los argumentos del autor nos parecen vigentes en nuestra época.
  • Si el texto nos ha descubierto alguna cosa.
  • Si podemos relacionar el texto con otros que hayamos leído, de otros autores y otras épocas.
  • Si el autor plantea un problema nuevo (en su momento) o ya ha estado tratado por otros.


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