PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dilluns, 26 de març de 2012

RESEÑA



Reseña mía del libro de Isidoro Reguera, Jacob Böhme (Madrid, Siruela, 2003).


A Böhme se le considera uno de los precursores de la modernidad. Hegel lo descubrió para la causa de la racionalidad alemana, haciendo cierta la definición de “precursor” como de “alguien de quien se ha sabido después que estaba antes”. Antes de ser descubierto por Hegel, Böhme sólo era un místico alemán más, reconocido por cuáqueros, martinistas y masones, pero no por la racionalidad ilustrada del siglo XVII. Después, el idealismo alemán hizo de Böhme un antecedente, pero su reinterpretación estuvo sujeta a las necesidades conceptuales de la filosofía alemana de principios del XIX.

Isidoro Reguera (León, 1947) intenta en este libro reubicar la figura pensante de Böhme dentro de su contexto, a cuatro siglos de distancia, mediante una labor hermenéutica sin precedentes en la historiografía filosófica española. Böhme no es un místico alemán más, al estilo del Maister Eckhardt, aunque su pensamiento estuvo obligado a desarrollarse dentro del círculo del misticismo y el espiritualismo porque el luteranismo imperante no dejaba otro espacio de expresión. Precisamente en el peso del luteranismo se explica la pureza teórica del posterior idealismo alemán en comparación con otras metafísicas nacionales (Inglaterra, Francia), teñidas de praxis, cuando no de sangre.
 
Isidoro Reguera
Aquí se descubre que efectivamente estamos ante un precursor inconsciente del luego imparable predominio de la subjetividad en la filosofía post-cartesiana. Böhme encuentra en el alma humana lo que suele situarse en el más allá: lo divino. Dios es a la naturaleza como el alma es al cuerpo; si tú eres puro, Dios está en ti. Dios es una especie de vacío separado de su creación, el mundo y el hombre, y ese vacío despierta en el hombre un impulso hacia la afirmación del yo, como una mirada de Dios que se contempla así mismo. Pero lo que más debió interesar a Hegel de Böhme fue su concepción historicista de la creación, tránsito hacia la perfección de la mente divina trocada en desarrollo del Espíritu hacia lo Absoluto.

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