PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

diumenge, 28 de juny de 2015

ENTREVISTA A GEORGE CAFFENTZIS (2015)

"Somos ratones caminando enloquecidos en la rueda"

69 años. Neoyorquino de padres emigrantes griegos. 

Casado con Silvia Federici, economista activista. 

Profesor de Filosofía de la Ciencia de la Universidad del Sur 

de Maine.

Está tomando forma un movimiento global contra la deuda 

que va a cambiar la estructura económica y política.





IMA SANCHÍS


Coherente


Acaba de aterrizar de Nueva York y tras dos horas de entrevista me ruega que le deje ir a 

comer, es diabético. Amable y reflexivo, el recorrido de este activista casi septuagenario es 

de una coherencia que, en los tiempos que corren, es destacable. Sus temas centrales de 

estudio son la filosofía del dinero y de la deuda: "Hoy, para cubrir las necesidades básicas de 

la vida hay que endeudarse. El dilema es preguntarnos si queremos que todo sea mercancía 

o si dejamos fuera del circuito las necesidades básicas: acceso a la comida, a la educación, la 

salud y un techo". No parece una idea descabellada. Ha dado una charla en el Observatorio 

de la Deuda en la Globalización (ODG).




A los 18 años ya le arrestaron.

Era activista de los derechos civiles en EE.UU.


Años después, junto con Jack Kerouac, intentó hacer levitar el Pentágono.

Hace mucho de eso (1967). Lo elevamos un palmo, ja, ja, ja. Fue una campaña bromista 

para atraer la atención de los medios.


Los generales se lo tomaron en serio.

Les dijimos que lo haríamos levitar cien metros y así se acabaría la guerra de Vietnam. Nos 

contestaron que no podíamos elevarlo más de un metro. Los peces gordos de la 

administración Johnson nos observaban desde arriba, nerviosos. Sí, se lo tomaron en serio, 

ja, ja, ja...


Hubo tensión y muchos militares.

Aquellas manifestaciones cambiaron la manera de entender la guerra por parte de la 

sociedad y por tanto la política.

En la década de los sesenta ya se manifestaba en Wall Street.

Contra el complejo industrial militar que promovía conflictos para enriquecerse.


...Y cuarenta años después sigue acampado en la misma calle.

Yo era el veterano de Ocuppy Wall Street, y sé que a partir de ahí ha nacido una nueva 

conciencia política. He intentado aportar paciencia, perseverancia y perspectiva: mi 

especialidad es la filosofía del dinero, cómo ha sido usado en la historia.



No parece algo planificado.

Necesitamos perspectiva histórica para entenderlo: hicieron falta siglos para que los 

trabajadores consiguieran tener propiedades para acceder a un préstamo bancario que fue 

incentivado por el Estado.



¿Con qué fin?

Calmar los ánimos de un gran sector social durante la gran depresión de los años treinta. 

Este modelo de la deuda fue creciendo y a partir de la crisis de los setenta el Estado se retiró 

de proveer educación y sanidad pública, los salarios bajaron y esos bienes comunes se 

convirtieron en deuda.



Entiendo.

No sólo la deuda externa es un modo de control político y económico de los países del Norte 

sobre los países del Sur; también se ha aplicado dentro de los países del Norte para 

controlar a la sociedad a través de la microdeuda, la deuda de los hogares.


Vivimos en la sociedad de la deuda.

Sí, hoy para cubrir las necesidades básicas hay que endeudarse, y la deuda crea 

sometimiento y sumisión: si te bajan el sueldo aceptas sin rechistar, se trata de una cultura 

del control. Nos convertimos en ratones caminando enloquecidos en sus ruedas.


Trampa que ha alcanzado de lleno a la clase media.

No me gusta ese concepto, en realidad la clase media es el producto de ese endeudamiento, 

es decir, clase trabajadora a la que se le creó la ilusión de que podía llegar a tocar la clase 

alta.


Ahora esa clase media desaparece.

En el 2008 el Gobierno de EE.UU. puso billones de dólares para mantener el sistema 

financiero a flote, pero no puso ni un céntimo para salvar a los ciudadanos: millones de 

desahucios y de estudiantes que no podían pagar sus deudas, y ni un céntimo para un 

sistema de sanidad al alcance de todos.



Los banksters, los llaman.

Yo lidero Strike Debt, que aglutina diferentes organizaciones contra la microdeuda. 

Compramos deuda morosa -sobre todo médica- en mercados secundarios por muy poco 

dinero y la cancelamos. Algunos brókers arrepentidos nos ayudan y hemos conseguido 

condonar 15 millones.



¿Hacia dónde va el capitalismo?

Para seguir siendo rentable, hacia la devaluación del trabajo, como vemos en EE.UU. y en 

Europa. La producción se adaptará a los mercados emergentes. Lo importante es que el 

salario esté por debajo del precio.



Se habla de colapso del sistema.

Mientras los trabajadores acepten estar en la rueda de la deuda, el sistema se mantendrá. El 

capitalismo está cambiando de forma: hay economistas que hablan de una gran masa de 

personas que trabajarán como semiesclavos.



¿Cuál es su propuesta?

Recuperar los espacios que se han vuelto mercancía y que son esenciales para la vida 

humana: sanidad, educación y dignidad.


Arremete contra los microcréditos.

Hay una campaña del banco mundial y del FMI para hacer creer que este es el secreto 

mágico del desarrollo, pero los estudios demuestran lo contrario. Creo que es un plan 

diseñado para atraer a más trabajadores dentro del circuito del dinero y el crédito. La 

manera de llevar desarrollo es desmercantilizando la educación y la sanidad y que les 

devuelvan la tierra expropiada.



¿Qué ha entendido del ser humano?

La representación de la autoridad capitalista está en cada rincón de nuestra vida, en 

nuestros hogares, colegios..., y en las relaciones sociales nos debatimos entre la sumisión y 

la rebeldía. ¿Quién ganará?



¿Optimista?

Sí, porque el sistema capitalista patriarcal sólo tiene 500 años, y el ser humano ha vivido 

miles y miles de años en la cooperación.






VERSIÓN DIGITAL ORIGINAL: 



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