PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

diumenge, 16 de desembre de 2012

SCHILLER Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA

THOMAS CARLYLE ESCRIBE SOBRE SCHILLER


"A finales de 1792, un nuevo objeto parecía llamar su atención: por esta época había pensado seriamente intervenir en política. La Revolución francesa le había despertado desde el principio esperanzas nada corrientes; el curso de los acontecimientos, sobre todo la prisión de Luis, las fueron convirtiendo rápidamente en temores. Por la suerte del desdichado monarca y por la causa de la libertad, que parecía amenazado por el trato que se sospechaba iba a recibir, Schiller se sintió tan profundamente interesado que había resuelto _determinación no sin riesgos en su caso_ dirigir un llamamientos sobre estas materias al pueblo francés y al mundo en general. La voz de la razón, abogando por la libertad y por el orden, podía aún a su juicio ejercer una influencia saludable en este período de terror y de decepciones; la voz de un hombre destacado sonaría como la voz de la nación que parecía representar. Schiller andaba buscando un buen traductor francés y daba vueltas en su cabeza a los variados argumentos que podían emplearse y a la conveniencia relativa de su empleo o de su omisión, pero la marcha de las cosas rebasó la necesidad de tal deliberación. En pocos meses, Luis pereció en el cadalso; la familia Borbón era asesinada o dispersada por Europa, y el gobierno francés se había convertido en un caos terrible, en medio de cuyos errores tumultuosos y sangrientos la verdad serena no tenía ya posibilidad de ser oída. Schiller se apartó de estas escenas repulsiva y espantosas para volverse a otras regiones más familiares a su corazón y donde sus facultades tenían más probabilidades de producir efecto. La Revolución francesa le había disgustado y repugnado, pero no disminuyó su apego a la libertad, cuyo nombre había sido tan profanado en estas salvajes convulsiones. Quizás en sus escritos posteriores pueda hallarse un sentimiento más respetuoso hacia las viejas instituciones; más reverencia por la majestad de la costumbre, y, junto a un mismo fervor, una fe más débil en la perfectibilidad humana: cambios que son, en efecto, el fruto corriente de los años, sea cual sea el clima o época en que hayamos recogido nuestras experiencias."


FUENTE: Thomas Carlyle, Vida de Schiller. Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, 1952, pág. 116. Este es el primer libro de Carlyle, que había publicado por entregas en la revista inglesa London magazine, entre 1823 y 1824, dirigida entonces por Thomas De Quincey, que le animó a editarlos en forma de libro. El texto completo fue publicado en 1825.
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