PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 24 d’agost de 2013

LECTURA DE AGOSTO (2013)

LA CONDICIÓN HUMANA, DE ANDRÉ MALRAUX (1933)


Shanghai en 1920
Novela histórico-coral cuya acción se sitúa en Shanghai, en la costa sur de China, en el año 1927, durante el enfrentamiento entre las facciones nacionalista y comunista del Koumintang, liderado entonces por el general Chiang Kai-shek. Éste, con la ayuda de las empresas coloniales occidentales (Francia a la cabeza en la zona sur de China), y los comunistas ayudados por Moscú, que envió asesores y numerosos voluntarios comunistas de diferentes orígenes. La mayoría de los protagonistas comunistas son mestizos o extranjeros, cosa que, de alguna manera, viene a representar el espíritu de mestizaje de Shanghai y de otras ciudades comerciales del sur de China, como Hong Kong.

Chiang Kai-shek
Personajes orientales y europeos, descritos y puestos en acción por Malraux, que estuvo allí y vio de cerca aquel escenario, ya que participó en al revolución en el bando comunista. También fue brigadista en la Guerra Civil española, participó en la Resistencia francesa frente a los nazis, y finalmente fue ministro de cultura de De Gaulle. Hombre de letras y de acción. Todo un privilegio su además añadimos una lucidez que me ha recordado a Arthut Koestler, también porque su autobiografía desarrolla temas muy parecidos, sólo que sin salir del espacio de la no-ficción. 

No sé si para la época en que escribió La condición humana, Malraux ya se había desengañado del politiqueo del PC chino, como Koestler del PC ruso, pero en su narración ya se refleja el desengaño y la desconfianza. Sólo los comunistas de base aparecen inocentes, todo lo inocentes que pueden ser aquellos dispuestos a matar por una idea (la idea marxista de dignificar a los hombres, en una sociedad que no trate a los seres humanos como medios como un fin, aunque para realizarla haya que matar hombres). Sus personajes comunistas son aún seres esperanzados que apenas consiguen seguidores entre los coolies (el proletariado urbano chino, no cualificado), que operan en las factorías instaladas por los occidentales a cambio de salarios de miseria. Por lo visto, nada ha cambiado hoy en China, a pesar de la Revolución. El capitalismo autoritario del PC chino ha vuelto a poner a los coolies en el lugar que les corresponde, debajo.


También queda bien manifiesta la desconfianza de Malraux hacia las potencias coloniales occidentales, que son como el lobo para esas ovejas laboriosas, los coolies. Malraux muestra magistralmente la complicidad conspiratoria entre bancos y gobiernos, generando continuas interferencias en los territorios donde se instalaron, con la notable intención de sacar beneficio.



El joven Malraux



Qué poco han cambiado las cosas. Leyendo esta novela me ha parecido ver reflejado en ella nuestro presente. Humana conditio inamovible.



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