PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dilluns, 8 de setembre de 2014

HISTORIA DE LA CIENCIA


Reseña mía del libro:

LOS INICIOS DE LA CIENCIA OCCIDENTAL
David C. Lindberg
Barcelona, Paidós, 2002















La ciencia, tal y como la conocemos hoy, germinó
durante el Renacimiento, gracias a la crisis del modelo
cosmológico de Aristóteles, que era el oficialmente
reconocido como válido por la autoridad ideológica de
la época, la Iglesia de Roma. La llamada Revolución
científica, cuyos protagonistas fueron Bruno,
Copérnico, Brahe, Galileo, Kepler y Newton, es uno de
los periodos más interesantes de la historia del
conocimiento humano, y por ello ha sido objeto de
intenso estudio y cuenta con una amplísima colección
de escritos dedicados a ella desde finales del siglo
XIX. Sin embargo ha faltado una dedicación igual a
épocas anteriores, al menos desde el punto de vista
de la divulgación de los investigaciones más eruditas.
La ciencia occidental tiene su semilla en las épocas
clásica y media de nuestra historia, pero estos
periodos, quizá por quedar en segundo plano ante el
renacentista, quizá también por carecer de grandes
logros desde el punto de vista de la física moderna, no
han sido tan divulgados por los historiadores de la
ciencia.

El libro de Lindberg viene a compensar tanta
desigualdad. Su propósito abarca desde la prehistoria
hasta los comienzos de la crisis del aristotelismo, y
hay que decir que tamaña ambición acaba por
perjudicar el resultado de esta obra, aunque era desde
luego necesario poder presentar la física medieval
doscientas páginas después de la física de Aristóteles,
de la que es hija (tal vez ilegítima). La parte dedicada
a la ciencia antigua merecería una mayor amplitud, es
demasiado sintética, e incluso no va más allá de lo
que en cualquier manual de filosofía puede
encontrarse. No obstante, sirve de introducción a la
parte dedicada a la ciencia medieval, mucho mejor
trabada, plena de detalles y continuas referencias a
sus orígenes clásicos.

Por otro lado, Lindberg reflexiona simultáneamente
sobre el significado de la ciencia como actividad
humana sometida a la historia. La palabra "ciencia" no
debe confundirnos, pues ni los antiguos ni los
medievales, y mucho menos los prehistóricos ejercían
lo que hoy tenemos por científico, ni pretendían
hacerlo. No eran "científicos errados", sino gentes
interesadas en conocer su entorno natural, en
ocasiones con intereses divergentes de los nuestros y
a través de métodos que desde Galileo serían
rechazados. Practicaban una forma de acceder al
mundo (real o no) tan poco experimental como poco
experienciales son las actuales ciencias llamadas
empíricas. Lindberg insiste en esta cuestión: el
tratamiento histórico de la ciencia antigua exige una
mentalidad relativista, una adaptación a la lógica
antigua y a la ausencia de lógica prehistórica. De esta
forma se puede apreciar que los "errores" antiguos no
lo son tanto, y que sus aciertos consiguen que
descubramos cuán próximas están sus inquietudes de
las nuestras. Al fin y al cabo, los auténticos problemas
de la ciencia, como el origen del cosmos, siguen sin
ser resueltos.
                                                            
  

Publicada en Lateral, julio-agosto 2003
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