PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

diumenge, 10 de setembre de 2017

TEORÍAS ANALÍTICAS DE LA MENTE

GILBERT RYLE


Gilbert Ryle (1900-1976), profesor de metafísica en Oxford en los años 40. Ryle se interesa por las relaciones entre lo material y lo mental, dando cierta primacía a lo físico (fisicalismo) e intentando con ello disolver el mito del dualismo cartesiano.
El mito del dualismo cartesiano, el llamado fantasma en la máquina, es un cuento de hadas, dice Ryle, es la representación de los hechos pertenecientes a una categoría mediante las palabras apropiadas a otra. Por eso introduce la llamada “categoría de lo mental”.

  


La categoría de lo mental

Al utilizar predicados mentales describimos la forma en que las personas dirigen parte de su conducta predominantemente pública. No hay acontecimientos mentales diferentes de los que se dan en otro supuesto estatus de realidad. La vida de una persona no es una doble serie de acontecimientos, mental y física. Hablar de la mente de una persona no es hablar de un depósito que puede albergar objetos que el llamado mundo físico no pueda albergar; es hablar de las capacidades de una persona, sus tendencias e inclinaciones en relación con el mundo ordinario.
No hay una vida interior ajena al mundo físico, sino un conjunto de enunciados disposicionales sobre la conducta manifiesta de las personas. Las referencias lingüísticas a cosas que ocurren en la mente se pueden eliminar (y Ryle debería probar que se pueden eliminar efectivamente, cosa que según Ayer no logra del todo, no realiza ningún intento de mostrar que las referencias a estados mentales pueden ser reformuladas en términos de conducta real o posible, es decir, conectar ese mundo mental con el material).
En definitiva, Ryle sostiene con dificultad que todas las referencias a la mente deben ser traducibles a referencias a la conducta. En un sentido más flexible, su idea se contenta con sostener que puede darse una descripción correcta, en términos conductuales, de una parte considerable de lo que habitualmente se considera mental. La idea básica es, pues, que lo mental, lo que se supone proceso interno, no consiste más que en el hecho de que la persona de la que se predican ciertos estados mentales se comporta o está dispuesta a comportarse en virtud de esos predicados. No obstante, esto no logra explicar más que una parte de la actividad mental (motivos, impulsos), dejando fuera lo perceptivo, la memoria, la imaginación, y todas aquellos factores que no son fácilmente traducibles a conducta.
El logro de Ryle, en este sentido, consiste en haber despejado el camino y evitar así el retorno al dualismo cartesiano (cosa que no pudo hacer la fenomenología), y evitar también otorgar a las sensaciones la categoría de objetos del pensamiento, cosas de la mente, dejándolas bajo la forma de estados o procesos que se predican de los sujetos del pensamiento.
  

Lo mental y la acción

 “La imputación de un motivo para una determinada acción no es una inferencia causal con respecto a un suceso no presenciado, sino la subsunción (poner debajo) de una proposición episódica bajo una proposición de tipo legal”.
Lo mental: motivos y propósitos de acciones voluntarias, las emociones y los estados de ánimo, transferibles a determinados tipos de conducta (acción). Esta concepción admite la existencia de procesos internos, pero minimiza su importancia. Ryle sostendría la idea de a simultaneidad en la planificación y formulación verbal de una sentencia o estado mental. Los actos voluntarios no existen como tales, o al menos la voluntad no es esencial en la ocurrencia de actos voluntarios (acciones). Y plantea el argumento del absurdo por la regresión al infinito en la búsqueda del primer impulso a la volición.


C. B. BROAD
C. B. Broad (1887-1971), catedrático en Cambridge entre 1931 y 1953. Formación científica, fue más un filósofo crítico que especulativo, aunque con un talante más tolerante con la metafísica que otros colegas del movimiento analítico. No obstante, se le considera cercano a Moore y Russell en cuanto a la teoría de la percepción (sense-data), decisiva en la formulación del fisicalismo.
Los objetos físicos se manifiestan ellos mismos en los datos de los sentidos (sense-data). La presencia de los datos de los sentidos _lo que percibimos_ nos induce a creer en la existencia de un mundo de objetos físicos. Pero es sólo una creencia, no una inferencia legítima. No hay nada en los sentidos que nos lleve lógicamente a la conclusión de que debe haber algo más allá de ellos, los objetos físicos. No hay forma de probar su existencia.
La categoría “objeto físico” es una inclinación del pensamiento hacia los sentidos: cualquier cosa que presente cierta duración en el tiempo y cierta unidad en el espacio en conexión con otras cosas similares es categorizada como objeto físico. Y de ello se deduce que, si bien los objetos físicos no están caracterizados literalmente por las cualidades sensibles que obtenemos de ellos, podemos decir que están en alguna relación causal con ellas (la clásica distinción entre cualidades primarias y secundarias, del empirismo británico): los objetos físicos causan sus apariencias pero en una causación indirecta.
En el estado perceptivo, Broad considera que hay un componente subjetivo (estados de la mente) y un componente objetivo, y los sense-data planean entre ambos, en una especie de limbo. Hay un elemento mental (sense-data como algo privado) y un elemento físico (lo espacio-temporal). Broad se inclina preferentemente por el aspecto materialista de esta concepción, frente a la alternativa mentalista de Russell, por ejemplo.
El materialismo de Broad excluye la posibilidad de estados mentales existentes con independencia de los objetos físicos. No hay acontecimientos puramente mentales, como tampoco hay acontecimientos puramente materiales, independientes de ser percibidos (ahí asoma Berkeley).

Teoría de la mente de Broad
El materialismo de Broad no es un mero conductismo, pero deja abierta la posibilidad de que las características que constituyen la mentalidad sean reductibles a movimientos físicos. La mentalidad es una característica emergente compuesta de un cerebro y un sistema nervioso vivos, algo que se denomina factor psíquico, algo indeterminado entre la mente y la materia. Ayer lo rechaza en tanto que tiene similitudes con la idea de alma.


P. F. STRAWSON
Como Ryle, pertenece a la rama analítica de Oxford. En su libro Individuos (1959) expone las tesis del fisicalismo. Según esta teoría, los sujetos de las experiencias no son sustancias mentales, sino cuerpos materiales. Para Strawson, el concepto de persona es lógicamente primitivo, es decir, supone que las personas se identifican mediante la identificación de sus cuerpos. Y que sean cuerpos materiales es condición necesaria para que las experiencias puedan adscribirse a uno mismo o a los otros. Así, la persona es un cuerpo al cual se le puede adscribir estados mentales o experiencias.




FUENTE: A. J. Ayer, La filosofía del siglo XX. Barcelona, Grijalbo, 1983.









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