PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 18 de febrer de 2012

MATERIALES: psicología social

Konrad Lorenz y la agresividad



"Muchos poetas han escrito hermosos versos sobre el canto del ruiseñor, suponiéndole una femenina gracilidad. Lorenz menospreciaba esa desbocada imaginación poética, puesto que su canto es en realidad el grito de batalla de un macho recio y agresivo" (Alex Nisbett, Lorenz. Barcelona, Salvat, 1993, pág. 141).






El interés de Lorenz (1903-1989) por las conductas agonísticas (de pugna, de oposición, de lucha) nació de la observación de los cíclidos, unos sencillos peces de acuario capaces de ritualizar su pugna por el liderazgo y el territorio dentro de las paredes del acuario.
La principal idea de Lorenz sobre la agresividad es que se trata de un mecanismo instintivo, es decir, que tiene una función en la preservación de la especie y en la selección de los individuos más capaces. Según Lorenz, esto es aplicable tanto a los animales como al ser humano, animal también aunque específicamente diferente. Por ello:

  • La agresividad tiene una función natural y no ha de entenderse exclusivamente en sentido negativo.
  • En condiciones naturales, todos los instintos animales conviven en el individuo de forma sana y equilibrada.
  • Ocurre que la vida humana impone restricciones sobre la conducta, y las vías de escape habituales de la agresividad animal han de ser reprimidas para preservar el orden social, acumulándose hasta llegar a alcanzar umbrales explosivos. A esto se le llama modelo hidráulico.

La idea de agresividad ha de ser separada de la acción agresiva o agresión, del mismo modo que tampoco consiste en la acción por la cual un depredador mata una presa para comérsela. La agresividad es intraespecífica, y no siempre desemboca en una agresión física, sino que en la mayoría de los casos sólo se produce una ritualización de la lucha, con la intención de alejar a un competidor por la comida o por una posible pareja de apareamiento. Sólo determinadas especies de animales llevan la agresividad a consecuencias extremas, entre ellas las ratas y los humanos. A diferencia de la mayoría de los animales, la agresividad humana puede derivar en matanzas y guerras. Lorenz afirma que eso es posible porque los seres humanos desarrollan la capacidad de considerar como no-humanos a aquellos sujetos que no pertenecen a su grupo o hacia el que se sienten leales.

La agresividad animal tiene una utilidad biológica: sirve para preservar la superviviencia selectiva. El animal dominante es el mejor alimentado, y el preferido para reproducirse.  Por esta razón, se desarrolla dentro de un margen de acción que no pone en peligro la supervivencia de los sujetos:

  • Se expresa bajo formas ritualizadas.
  • Se canaliza por vías inofensivas.
  • Responde a una acumulación espontánea hasta que se libera.
  • Se desarrolla dentro de la misma especie, entre especímenes de una misma especie (intraespecífica, no interespecífica).
  • Tiene una función defensiva (territorio, pareja, descendencia, nido, madriguera, hábitat).
  • Funció jerárquica: liderazgo en la pugna por la comida o el apareamiento, o liderazgo social entre los humanos.

Uno de los principales problemas que presenta la teoría de Lorenz es que del estudio de la agresividad animal extrapola conclusiones sobre la agresividad humana, de forma demasiado especulativa. Lorenz alega que si el aparato digestivo es fruto de la evolución, también lo es la conducta social.

El problema es que el ser humano ha atenuado la fuerza de sus instintos (irracionalidad) a partir de la construcción cultural (racionalidad). Es cierto que buena parte de nuestra conducta social puede ser explicada territorialmente, pero no podemos desdeñar la ingerencia del factor cultural en los modos de comportamiento. Ceder un espacio puede interpretarse como sumisión ante un individuo dominante, pero también puede interpretarse como un acto de educación, aprendido a través de la convivencia con los seres humanos educados.

Lorenz recibió críticas desde todos los ámbitosde la psicología, debido a su empeño en extrapolar sus estudios sobre la agresividad animal al ámbito de la conducta humana, que no está determinada exclusivamente por los instintos naturales heredados a través de la carga genética. Como afirman los conductistas, incluso algunas acciones relacionadas directamente con la reproducción han de aprenderse (cultura). Los antropólogos de izquierdas (si es que se puede polarizar políticamente la antropología cultural) le acusan de justificar la guerra (Helmut Nolte). Los psicoanalistas achacan la agresividad a la frustración infantil y niegan todo papel al instinto.

Tinberger, un etólogo contemporáneo de Lorenz, tampoco acepta todas las conclusiones de Lorenz, argumentando desde un punto de vista más culturalista que "nuestro incrementado dominio sobre los controles naturales que limitan la reproducción de los animales ha producido un crecimiento explosivo de la población [humana]. Vivimos demasiado juntos, dice Tinberger, y muchos de nosotros muy por encima de una densidad de población razonable para nuestra especie. Esta elevada densidad conduce continuamente a la provocación de la agresión por factores externos" (Nisbett, op. cit. pág. 147), es decir, por factores de origen cultural.

Lorenz (derecha) y Tinberger (izquierda)
"Lorenz está de acuerdo con gran parte de esa tesis. Asumiendo evidentemente su modelo hidráulico, según el cual la agresión produce una presión instintiva que si es refrenada acaba por estallar, propone la canalización de la agresión por cauces inofensivos, tales como el deporte. Pero a Tinberger, entre otros muchos, no le satisface totalmente esta solución, puesto que en el deporte la agresión a menudo es más bien reforzada que liberada, tanto para los espectadores como para los jugadores" (Nisbett,  op. cit., pág. 147).

Ciertamente, el deporte es una forma de canalizar la agresividad, ritualizándola, evitando así que se traslade el conflicto al terreno real, la guerra. El deporte es un simulacro de la guerra que puede servir para eviatr guerras, pero también, como sugiere Timberger, puede ocasionalmente provocar agresiones físicas entre jugadores y entre espectadores, y los periódicos están llenos de noticias al respecto.

No hay duda de que la principal cuestión pendiente es si la agresividad humana es sólo instintiva o tiene componentes culturales, es decir, aprendidos. Un discípulo de Lorenz, Irenaüs Eibl-Eibesfeldt, estudió fotográficamente la conducta gestual de numerosas culturas que aún no habían tenido demasiado contacto con el hombre occidental, y descubrió que ciertos elementos gestuales son compartidos casi universalmente, por lo que pueden considerarse innatos, no aprendidos: se trata de saludos, desviación de la mirada para evitar el conflicto, formas de sonrisa, etc.

Eibl-Eibesfeldt utilizó una cámara especial, para captar la espontaneidad de los sujetos filmados.







Todas estas investigaciones no sirven para excluir que haya pautas de agresividad aprendidas, pero deja constancia de que en la explicación de la conducta humana hay que contar con ambos factores, el instintivo y el cultural.


En general, tiende a aceptarse que el trabajo de Lorenz y sus discípulos es susceptible de críticas desde muchos ángulos disciplinares, sobre todo por la extrapolación del animal al ser humano. Pero no hay duda de que ha contribuido a animar las investigaciones sobre el tema, generando interés científico y también popular acerca de la agresividad y la violencia humanas.




I. Eibl-Eibesfeldt, en los años 90


Añadimos una entrevista a Eibl-Eibesfeldt, en este enlace: entrevista en castellano,










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FUENTES

Bibliografía:

  • Alex Nisbett, Lorenz. Barcelona, Salvat, 1993. Se ha consultado especialmente el capítulo XI, dedicado a la agresividad animal y humana.

Webgrafía:


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