PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimecres, 22 de febrer de 2012

OBITUARIO: Stefan Zweig (22 de febrero de 1942)


Stefan Zweig, un maestro de la biografía




Tal día como hoy, hace setenta años, fueron hallados en un pequeño apartamento los cadáveres de una pareja, juntos en una cama, sin presentar signo de violencia alguna. Se habían suicidado. Los hechos sucedieron en Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, y la noticia debió llegar un día más tarde a Europa y el resto del mundo, aunque las noticias relativas a la guerra tuvieron seguramente mayor peso en las radios y en los periódicos. En esas circunstancias se habían quitado la vida nada menos que el escritor austriaco Stefan Zweig, de 61 años, y su segunda esposa, Charlotte, de soltera Altman, unos veinte años más joven y secretaria del escritor desde el año 1933.

Stefan y Lotta Zweig
¿Por qué un intelectual de prestigio, autor de éxito reconocido, traducido desde tiempo atrás a numerosos idiomas, había llegado al borde del abismo y dado el salto definitivo? La respuesta puede hallarse en su extensa biografía, El mundo de ayer (Barcelona, El Acantilado, 2002), escrita ya en el exilio y que puede considerarse como su obra cumbre en un género que Zweig dominaba a la perfección. En ese largo repaso se perfilan las razones de tan trágico desenlace personal, a través de un hilo causal que remite a la primera infancia en una familia judía, italo-austriaca, amante de la cultura y de la buena vida, dotada de un espíritu cosmopolita que Zweig supo desarrollar y transmitir en sus escritos, desde el teatro hasta el libreto operístico, pasando por la poesía, la novela, el cuento y la biografía.
Es precisamente en este último género donde el genio de Zweig destaca. Sus estudios sobre Fouché, María Antonieta, Freud, Hölderlin y otras figuras mayores y menores de la historia de la cultura occidental no son sólo exponentes de una alta calidad literaria, sino también de una gran maestría en el desafío explicativo del entrelazamiento de lo personal con los acontecimientos históricos.
Hay en el género biográfico europeo un referente ineludible: Thomas Carlyle. Su idea de que son los grandes hombres quienes, con sus actos, determinan los acontecimientos de relevancia colectiva, le llevó a inspirarse en esos personajes, los héroes, para explicar el pasado. La Historia es la historia de esas grandes personas. El mejor ejemplo, su inmensa Historia de la Revolución francesa (1837), poblada de abundantes apuntes biográficos. A mucha distancia se encuentra la concepción marxista de la historia, que es esencialmente colectiva: son las estructuras sociales las que determinan los acontecimientos y las biografías de los individuos, siempre empequeñecidos bajo el peso de las causas materiales.
A medio camino entre ambas perspectivas se sitúa Zweig. Entre sus títulos hay numerosos estudios biográficos en formato minimalista. Es el equivalente al relato corto respecto de la novela. Se trata en ocasiones de vidas pequeñas, comparadas con los héroes de Carlyle, pero Zweig se empeña en demostrar que corresponden a grandes personas que tuvieron una remarcable influencia en el desarrollo de acontecimientos históricos de relevancia. En Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas y El legado de Europa, ambos publicados también por El Acantilado, se trazan estos breves episodios históricos protagonizados por personas, seres humanos que ya no son héroes. Incluso los más grandes, como Napoleón, María Antonieta, Luis XVI y otros muchos, quedan empequeñecidos para alcanzar de esta manera su auténtica dimensión humana. A todos ellos les proporciona una oportunidad de dignificarse bajo su pluma.
Finalmente, el drama de una Europa envuelta en llamas precipitó la caída de Zweig en la espiral de la depresión. Con el advenimiento del nazismo, sus libros ardieron en Berlín junto a los de su amigo y admirado Freud, y los de otros muchos escritores europeos, judíos y gentiles. Tuvo que huir de Austria al llegar los nazis, en 1938, y vivió el exilio con una desazón que degeneró casi en la paranoia. No soportó el ir de aquí a allá, a pesar de ser bien recibido en todas partes, invitado a dar conferencias por toda América. El estar lejos de Europa, de Austria y de Viena acabó finalmente venciéndolo.

Una fotografía de Friderike

Para completar esta entrada, añadimos una carta, la carta de despedida de Zweig a su primera esposa, Friderike, que fue publicada en la sección "Anacrónica" de Lateral, en enero de 2005. Junto a la carta se publicó un fragmento del prólogo a la edición de Amok (Barcelona, Apolo, 1937), titulado "La pasión de escribir". Esta composición la edité yo para Lateral.









Recomendamos este libro y este artículo que publiqué el mes pasado en la revista electrónica La caverna de Platón: Quemar antes de leer.













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