PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dilluns, 3 de març de 2014

ANTES DE LA REVOLUCIÓN

CONDICIONES DEL CLERO FRANCÉS
ANTES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA



Compuesto de unas 120.000 personas. Una parte del clero ostenta privilegios sociales, económicos y políticos similares a la nobleza: obispos, abades y canónicos. Por otro lado, la mayoría del bajo clero pertenece por ascendencia al Tercer Estado.
El clero regular (sacerdotes, monjas y monjes ordenados) asciende a unos 65.000 miembros. Como ocurre con los otros órdenes, no es un grupo uniforme, sino que sufre divisiones internas, derivadas del origen y funciones de los clérigos:

  • Alto clero: obispos, abades y canónigos. Se reclutan entre la nobleza y gozan de los privilegios de su clase. En 1789, todos los obispos franceses (son 139) son de origen noble. Su nivel de vida y dispendio era el equivalente al de los nobles laicos. Muchos viven en la Corte y se despreocupan de su diócesis.
    Alto y bajo clero
  • Bajo clero: curas y vicarios. Viven en condiciones diversas, según la ubicación de su parroquia. Cada vez quedan a mayor distancia social y económica de sus superiores, porque son estos quienes acaparan la mayor parte del diezmo. Los parroquianos ingresan el producto de la limosna y las rentas correspondientes a su presbiterio. Además, algunos curas cuentan con la fortuna familiar, que les ha permitido comprar el título clerical exigido para ordenarse. Los vicarios viven con mayor modestia, careciendo de ingresos estables.


Nobleza y alto clero, unidos contra el Tercer Estado

El clero disfruta de privilegios políticos, judiciales y fiscales. Su poder económico deriva de sus propiedades agrícolas y urbanas, así como del diezmo (dîme). Las propiedades del clero son numerosas, así como sus ingresos:




 
  • Urbanas: inmuebles en villas y ciudades, que alquila y le generan unas rentas regulares sujetas también a la progresiva revalorización que produce la inflación durante el siglo XVIII. Es una de sus principales fuentes de ingresos. Algunas de estas propiedades están asociadas a conventos (terrenos e inmuebles adjuntos).
  • Rurales. Es difícil estimar el conjunto de propiedades rurales del clero francés. Incluso la estimación de sus ingresos es aproximada: la cifra que Necker proporciona se considera la más cercana a la realidad: unos 130 millones de libras anuales. Las propiedades eclesiásticas están generalmente parceladas, hay granjas aisladas de bajo rendimiento y están mal gestionadas. Los rendimientos varían mucho de una región a otra.
  • En cuanto al diezmo, que se aplica incluso sobre las tierras de la nobleza, se calcula que rentaba entre 100 y 120 millones de libras anuales, fruto sobre todo de la reventa de esta parte de las cosechas ajenas, que procuró beneficios también derivados del alza de los precios agrícolas.
El clero se halla exento del pago de impuestos, salvo lo que se llama don gratuit, es decir, una cantidad que el clero mismo estipula voluntariamente, como contribución al Estado. Supone una cantidad ínfima en relación a sus rentas: unos 3,5 millones de libras al año.


A finales del siglo XVIII, el clero sufrió un enorme desprestigio social: corrupción interna en todos los niveles, conducta desordenada, relajamiento de la disciplina, sobre todo en las comunidades masculinas. Por otro lado, algunos clérigos leen a los filósofos ilustrados y se dejan arrastrar por sus ideas. De ellos saldrán los partidarios del régimen civil del clero durante la Revolución.
Por otro lado, el bajo clero, que operaba en medio del pueblo llano, estaba en contacto directo con las dificultades de éste e incluso las compartía. Fueron los curas del Delfinado, sensibilizados por la pobreza de sus feligreses quienes provocaron las primeras protestas internes en el clero durante los Estados Generales. Las dificultades materiales de estos clérigos les llevaron a plantear reivindicaciones temporales, ligando la suerte del bajo claro a la del Tercer Estado.


FUENTE: Soboul, La Révolution française. Paris, Gallimard, 1996 (págs.  59-66).
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