PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

divendres, 18 d’abril de 2014

EL VIAJE DE XAVIER DE MAISTRE (1790)

NOTAS PARA UN ESTUDIO DEL

VIAJE ALREDEDOR DE MI CUARTO
DE XAVIER DE MAISTRE (1763-1852) 






Relato escrito en 1790, mientras el autor presta sus servicios como oficial en la guarnición de Alessandria (a unos 70 km al Este de Turín), donde su regimiento se ha acuartelado. En su encuentro con Sainte-Beuve, en 1839, le confiesa que en su juventud nunca había pensado dedicarse a escribir, ni tenía interés por leer ni actividad intelectual alguna; fueron las circunstancias las que le llevaron a redactar su primera obra, este Viaje alrededor de mi cuarto: es decir, el asunto del duelo (aludido en el cap. III y en otros posteriores). No obstante, el texto no es redactado de un tirón, como muestran las variadas alusiones a episodios históricos vinculados con la Revolución francesa (el destronamiento de Luis XVI fue en agosto de 1792, por ejemplo, y lo alude en el cap. XXXII). Según cuenta Sainte-Beuve, Xavier guardó el manuscrito durante algunos años, e iba añadiendo capítulos de tanto en tanto.







Xavier de Maistre

Entre 1793 y 1794 mostró el manuscrito a su hermano Joseph. Al hermano mayor le agradó tanto que lo mandó imprimir por su cuenta y le envió a Xavier un ejemplar de la edición impresa en Turín, en 1794. Esta primera edición declara haberse hecho en Turín, en 1794, sin nombre de impresor ni de librería, y sólo consta el nombre del autor como “Xavier, oficial al servicio de su Majestad Sarda”. Según añade Sainte-Beuve, hubo una edición posterior, en París, en 1796, que fue muy bien recibida por la crítica (reseña en el Journal de Paris, 23 de mayo de 1796, citada por Sainte-Beuve).


No obstante, la aventura literaria de Xavier de Maistre parece haberse truncado aquí, a causa de su hermano (citado por Sainte-Beuve):







Mi hermano, había confesado, era mi padrino y protector; había alabado mi nueva ocupación y guardó el borrador, que corrigió después de mi partida. Pronto recibí un ejemplar impreso, y descubrí en él a un padre que transformó en adulto al niño que había tomado como nodriza. Me sentí muy satisfecho; e incluso me animé a comenzar la Expedición nocturna; pero a mi hermano, a quien mostré parte de mi proyecto, no le convenció: me dijo que echaría a perder todo el mérito que había conseguido con la primera obra, al intentar continuarla; me habló del proverbio español que dice que todas las segundas partes son malas, y me aconsejo buscar cualquier otro tema: y ya no volví a pensar en ello.



Sterne
El Viaje alrededor de mi cuarto es un relato en forma autobiográfica que describe las ocurrencias del autor, obligado a permanecer en su habitación durante 42 días. Al usar el género del relato de viajes todo parece una parodia, semejante a la que escribió Sterne en su Viaje sentimental, texto pionero publicado unos 30 años antes y por el que se le considera el Joyce del siglo XVIII. Anuncia los desarrollos del romanticismo, con esa fijación en el yo que tanto éxito procurará al Adolphe de Constant, también narrado en primera persona.


Se trata de una irónica invitación a usar la imaginación, que es libre, ligera y no cuesta dinero, para compensar con ella los inconvenientes de la falta de libertad de movimiento. Es más, Xavier de Maistre proporciona una lista de los posibles interesados por usar su método, listado no exento de ironía, porque si interesa a las personas de escasa fortuna, ya que les permitirá viajar gratis, todavía interesará más a los ricos, por esa misma razón (cap. II). Entre los posibles interesados en viajar así podríamos encontrar a: enfermos, miedosos, indolentes, mortificados por el amor, los que hayan roto una amistad, los que huyen de la perfidia de los hombres y por ello se confinan en una habitación, los desgraciados y aburridos del universo, los que hayan cometido alguna infidelidad o hayan sido víctimas de ella, los que trazan planes siniestros, o los que renuncian al mundo para siempre o sólo por una noche (cap. II). Pero es algo más: el texto de Xavier de Maistre es un canto a la libertad del espíritu y el goce de la vida al margen de las rutinas.



El placer que halla uno en viajar por su cuarto está al abrigo de la envidia inquieta de los hombres; es independiente de la fortuna. ¿Es posible, en efecto, ser tan desgraciado, hallarse tan abandonado que no se tenga un refugio donde poder retirarse y ocultarse de las gentes? (cap. I).




El sentido del viaje es éste: la imaginación y el pensamiento son libres, no tienen ataduras, no se limitan al espacio encerrado en cuatro paredes, al contrario, la habitación cerrada es un estímulo para un espíritu libre, un impulso a salir de viaje:






















Mi cuarto está situado bajo el cuarenta y cinco grado de latitud, según las medidas del padre Beccaria: se orienta de Levante a Poniente; forma un cuadrilátero que tiene treinta y seis pies de perímetro. Mi viaje tendrá más, no obstante, de esta dimensión, porque lo atravesaré con frecuencia de una punta a otra, o bien diagonalmente, sin sujeción a regla ni método. Hasta haré zigzags y recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad lo exige. No me agradan las gentes que son tan dueñas de sus pasos y de sus ideas que dicen: “Hoy haré tres visitas, escribiré cuatro cartas, acabaré este trabajo que he comenzado”. ¡Mi alma está de tal modo abierta a toda clase de ideas, de gustos y de sentimientos; recibe con tanta avidez todo cuanto se le presenta!... ¿Y por qué había de rehusar los goces que hay esparcidos en el camino difícil de la vida? (cap. IV). 

La referencia al padre Beccaria necesita una aclaración, pues podría llevar a pensar que se trata de Cesare Beccaria (1738-1794), jurista y economista ilustrado milanés; en realidad remite seguramente al renombrado físico turinés Giovanni Battista Beccaria (1716-1781), ilustrado y amigo de Cigna, y también sacerdote.



Ésta es, pues, la función que tiene el hecho de encerrarse en su habitación como último refugio, forzoso o no: desconectarse del mundo para poder ser más libre. El autor no menciona las circunstancias que le obligan a estar así (más adelante las aclaramos), pero no hay duda de que está en esa habitación separado de su mundo. Por eso dice:



Me encontraba, es cierto, en mi cuarto, con todo el placer de la comodidad posible; pero, ¡ay!, no era libre de salir de él si tal era mi voluntad; hasta veo que, sin la intervención de ciertas personas poderosas que se interesaban por mí, y hacia las cuales mi agradecimiento no se ha extinguido, habría tenido todo el tiempo necesario para dar a luz un in folio; hasta tal punto los protectores que me obligaban a viajar por mi cuarto estaban dispuestos a mi favor (cap. III).



Y en otro lugar se refiere a los límites de la habitación, que en realidad no son límites para su viaje, sino todo lo contrario:



Desde la expedición de los argonautas hasta la Asamblea de los Notables, desde los últimos confines de los infiernos hasta la última estrella fija más allá de la Vía Láctea, hasta las lindes del Universo, hasta las puertas del caos, he aquí el vasto campo por el que me paseo de arriba abajo, sin prisas y con toda tranquilidad, ya que el tiempo no me falta, como tampoco el espacio. A esos sitios es adonde transporto mi existencia, en pos de Homero, de Virgilio, de Ossian, etc. Todos los sucesos acaecidos entre estas dos épocas, todos los países, todos los mundos y todos los seres que han existido, todo eso es mío, me pertenece lo mismo, tan legítimamente como las naves que entraban en el Pireo pertenecían a un determinado ateniense (cap. XXXVII).



Todo esto es posible porque estamos ante un espíritu de gran sensibilidad. La captamos en su reflexión sobre los colores de su cama (caps. V y XIV). Luego, una simple taza de café evoca en el autor un sinfín de recuerdos y sensaciones, como en Proust aquella madalena:



_Hágame usted el café _dije a Joannetti, que entraba en el cuarto. El ruido de las tazas, atrayendo toda la atención de la insurrecta, al momento le hizo olvidar todo lo demás. Así es como mostrando cualquier chuchería a los niños se les hace olvidar las frutas malsanas que piden pataleando. Me quedé dormido insensiblemente mientras se calentaba el agua. Disfrutaba de un placer delicioso, del cual ya ha hablado a mis lectores, y que se experimenta cuando uno siente dormirse. El ruido agradable que hacía Joannetti moviendo la cafetera sobre las rejillas de la chimenea repercutía en mi cerebro y hacía vibrar todas mis fibras sensibles, como la sacudida de un acorde de arpa hace resonar las octavas. En fin: vi como una sombra delante de mí; abrí los ojos: era Joannetti. ¡Ah, qué perfume!, ¡que agradable sorpresa!: café, leche, una pirámide de pan tostado. Buen lector, toma conmigo el desayuno (cap. XXXIX).



Y sigue:



¡Cuán rico tesoro de goces la bondadosa Naturaleza ha entregado a los hombres cuyo corazón sabe gozar!, ¡y qué variedad en esos goces!; ¿quién podrá contar sus innumerables matices en los diversos individuos y en las diferentes edades de la vida? El recuerdo confuso de los de mi infancia me hace todavía estremecerme. ¿Trataré de describir lo que siente el adolescente cuyo corazón principia a abrasarse en todo el fuego de la pasión? En esa edad candorosa en que todavía se ignora hasta el nombre del interés, de la ambición, del odio y de todas las pasiones vergonzosas que degradan y atormentan a la humanidad; durante esta edad, ¡ay!, tan breve, el Sol brilla con un esplendor que ya no se encuentra en él más en el resto de la vida. El aire es más puro, las fuentes son más limpias y más frescas, la Naturaleza tiene aspectos, las florestas tienen senderos que no se encuentran ya más en la edad madura. ¡Dios eterno!, ¡qué perfumes irradian esas flores, qué frutos más deliciosos, con qué colores se engalana la aurora! Todas las mujeres son amables y fieles; todos los hombre son buenos, generosos y sensibles; en todas partes encontramos la cordialidad, la franqueza y el desinterés; no existen en la Naturaleza mas que flores, virtudes y placeres.

¿Es que el transporte del amor y la esperanza de la felicidad no inundan nuestro corazón con sensaciones tan vivas como variadas?

El espectáculo de la Naturaleza y su contemplación, en el conjunto y los detalles, abren ante la razón una inmensa carrera de delicias. La imaginación, meciéndose en este océano de placeres, aumenta sin tardanza su número y su intensidad; las sensaciones diversas se unen y se combinan para formar otras nuevas; los sueños de gloria se mezclan con las palpitaciones del amor; el sentimiento del bien marcha al lado del amor propio, que le tiende la mano; la melancolía viene de vea en cuando a echar sobre nosotros su velo solemne de tristeza y a trocar nuestras lágrimas en placeres. En fin: las percepciones del espíritu, las sensaciones del corazón, los mismos recuerdos de los sentidos, son para el hombre fuentes inagotables de placer y de felicidad. Nada tiene, pues, de extraño que el ruido que hacía Joannetti golpeando con la cafetera sobre los hierros de la chimenea, y el aspecto imprevisto de una taza de leche, hayan hecho sobre mí una impresión tan viva y tan agradable (cap. XL)



La función de la habitación como ciudadela queda patente, precisamente, cuando se levanta la imposición de permanecer en ella, 42 días y capítulos después:



País encantador de la imaginación, que el Ser bienhechor por excelencia ha otorgado a los hombres para consolarlos de la realidad, es preciso que me despida de ti. Hoy es el día en el cual ciertas personas de las cuales dependo pretenden volverme a la libertad, como si me la hubieran quitado, como si estuviera en su poder arrebatármela un solo instante e impedirme recorrer a mi antojo en vasto imperio siempre abierto ante mí. Me han prohibido ir y venir en una ciudad, en un punto; pero me han dejado el universo entero; la inmensidad y la eternidad están a mis órdenes. Es, pues, hoy cuando recobro mi libertad, o, más bien, cuando voy a volver a ser encadenado. El yugo de los negocios va de nuevo a pesar sobre mí. ¡No daré un solo paso que no esté medido por los formalismos consagrados y por el deber! ¡Feliz todavía si alguna diosa caprichosa no me hace olvidar unos y otros, y si puedo escaparme de este nuevo y peligroso cautiverio! (cap. XLII)



Xavier de Maistre, ya anciano, por Charles Steuben
En cuanto a las circunstancias de su forzado encierro, es evidente que habla con una amarga ironía de esos protectores que le mantienen así, durante esos 42 días que ha de durar esa especie de prisión, que darán lugar a los 42 capítulos de este librito. Aunque él atribuye al azar esa situación (cap. III) o alude a circunstancias personales: “He tenido algunos amigos, varias amantes, una porción de relaciones y muchísimos conocidos, y ahora ya no soy nada para toda esa gente, que ha olvidado hasta mi nombre” (cap. XVII), también se refiere a un suceso que le ha hecho perder la libertad durante esos 42 días, aunque sin dar mayor explicación (cap. XXIX). En realidad no puede salir porque ha sido multado con 42 días de arresto domiciliario por haberse batido en duelo con un oficial piamontés. Serán los 42 días que ha de pasar encerado en esa habitación en que se hospeda, en la ciudadela de Turín, convertidos en los 42 capítulos de su genial relato.

Hay numerosas alusiones al lugar donde se encuentra encerrado, que poco a poco va desvelándose: está en Turín (los rayos del sol tocan la cima del monte Veso, dice en cap. XXXIX, o Viso, que se encuentra a unos 60 km al suroeste de Turín), durante el Carnaval (cap. XXIX).

También hay alusiones al tiempo a que se refiere la acción o está escribiendo: una guerra en la que ha participado, junto a un amigo que ha muerto durante el forzoso acuartelamiento invernal (cap. XXI; se refiere sin duda al invierno de 1793, que su regimiento pasó acuartelado en Aosta); la guerra que se extiende por los Alpes (cap. XXIII), se refiere sin duda al enfrentamiento entre las tropas revolucionarias francesas y el ejército de Piamonte, unido a las fuerzas monárquicas que se oponen a Francia a partir de la ejecución de Luis XVI, en enero de 1793 (Austria, Prusia, Inglaterra y España). Otra referencia temporal se da al final de la narración, cuando Xavier de Maistre señala que está escribiendo pocos días después de la muerte del famoso médico y físico Giovanni Francesco Cigna, exponente del llamado iluminismo turinés, a quien dedica unas líneas (cap. XLII). Pero esta referencia temporal no encaja con las anteriores, pues Cigna falleció en Turín, en 1790; encaja, sin embargo, con el inicio de la redacción del relato, en ese mismo año.



Hay también referencias al proceso revolucionario que se extiende más allá de las fronteras francesas:



Si en esta reunión del buen tono irrumpiese de pronto un oso blanco, un filósofo, un tigre, o cualquiera otro animal de esta especie, y subiéndose a la orquesta exclamara con voz atronadora: ¡Infortunados humanos!, escuchad la verdad, que os habla por mi boca: estáis oprimidos, tiranizados; sois desgraciados, os aburrís. ¡Despertaos de ese letargo! Vosotros, músicos, comenzad por romper esos instrumentos sobre vuestras cabezas; que cada cual se arme con un puñal; no penséis ya más en diversiones ni en fiestas; subid a los palcos, degollad a todo el mundo; que las mujeres cubran también sus manos tímidas en la sangre. Salid de aquí, estáis libres; arrancad del trono a vuestro rey, y a vuestro Dios de su santuario. Pues bien; lo que el tigre ha dicho: ¿cuántos de esos hombres tan amables lo ejecutarán? ¿Cuántos de entre ellos pensaban eso mismo antes de la entrada del tigre? ¿Quién lo sabe? ¿Es que no se bailaba en París hace cinco años? (cap. XXXII).



De esta referencia se puede deducir que el este capítulo fue redactado en 1794, cinco años después del inicio de la Revolución. Hay otras referencias a la Revolución, al hablar de Satanás, de Milton, a quien acompaña imaginariamente, y dice:



Sigo todos sus movimientos, y hallo tanto placer en viajar con él como si fuera en buena compañía. Por mucho que reflexiono que, después de todo, es un diablo que está en camino para perder al género humano; que es un verdadero demócrata, no de los de Atenas, sino de París, todo eso no puede curarme de mi prevención (cap. XXXVII).



Otra referencia a la Revolución, al evocar el recuerdo de su padre, en un busto que conserva en su habitación (François-Xavier de Maistre murió en Chambéry el 16 de enero de 1789, a los 84 años):



Me contento con prosternarme ante tu imagen querida, ¡oh, el mejor de los padres! ¡Ay!, esta imagen es todo lo que me queda de ti y de mi patria; has abandonado la tierra en el momento en que el crimen iba a invadirla, y tales son los males que en este momento nos agobian, que tu familia misma se ve obligada a considerar hoy tu pérdida como un beneficio. ¡Cuántos males te hubiera hecho sentir una vida más larga! ¡Oh padre mío! ¿La suerte de tu numerosa familia te es conocida en la mansión de la felicidad? ¿Sabes que tus hijos están desterrados de esa patria a la que has servido durante sesenta años con tanto celo e integridad? ¿Sabes que les está prohibido visitar tu tumba? Pero la tiranía no ha podido despojarles de la parte más preciosa de tu herencia: el recuerdo de tus virtudes y la fuerza de tus ejemplos; en medio del torrente criminal que arrastraba a su patria y a su fortuna en el abismo, han permanecido inalterablemente unidos en el sendero que les habías trazado, y cuando de nuevo puedan prosternarse ante tus cenizas veneradas, tu no dejarás de reconocerlos siempre (cap. XXXVIII).



También hay una crítica al Terror:



Pericles, que se había aproximado a la ventana, dio un gran suspiro, cuya causa adiviné. Leía en mi ejemplar del Monitor que anunciaba la decadencia de las artes y de las ciencias; veía a sabios ilustrados dejar a un lado sus especulaciones sublimes para inventar nuevos crímenes, y se estremecía al oír a una horda de caníbales compararse con los héroes de la generosa Grecia, haciendo perecer en el cadalso, sin vergüenza y sin remordimientos, a ancianos venerables, a mujeres, a niños, y cometiendo a sangre fría los crímenes más atroces y más inútiles (cap. XLII).



A partir de aquí comienza el despliegue de los temas que surgen alrededor de ese viaje imaginario.

  • La necesidad de soledad para la actividad artística e intelectual (cap. VII).

  • La butaca y la cama se han convertido en elementos principales de esta historia: “Es un mueble excelente una butaca; es, sobre todo, útil para todo hombre meditativo. En las largas veladas de invierno es a veces dulce y siempre prudente arrellanarse suevamente, lejos del estrépito de las asambleas numerosas. Un fuego bien encendido, unos libros, una pluma, ¡qué recursos contra el aburrimiento! ¡Y qué place también olvidar los libros y las plumas para atizar el fuego, entregándose a cualquier grave meditación, o rimando unos cuantos versos para distraer a los amigo! Las horas entonces se deslizan y caen en silencio en la eternidad sin hacer sentir su triste presagio” (cap. IV). Sólo el placer de la butaca es equiparable al que proporciona “meditar envuelto en el suave calor de la cama” (cap. V). La butaca es, a su vez, como una ciudadela en la que abandonarse (cap. XVI).

  • Y desde la butaca, Xavier de Maistre pasa a la cama: “Desde mi butaca, yendo hacia el Norte, se descubre mi lecho, que está colocado en el fondo de mi cuarto y que forma la más agradable perspectiva. Está situado de la manera más ventajosa: los primeros rayos de sol vienen a juguetear en las cortinas. Los veo, en los hermosos días de verano, marchar a lo largo de la pared blanca a medida que el Sol va elevándose; los olmos que hay enfrente de mi ventana los dividen de mil maneras y les hacen mecerse sobre mi cama, de color rosa y blanco, que esparce por todas partes un tono precioso de color reflejando los rayos del sol. […] Confieso que gusto de disfrutar estos dulces instantes y que prolongo siempre todo lo posible el pacer que encuentro en meditar envuelto en el suave calor de la cama. […] Allí es donde los placeres fantásticos, frutos de la imaginación y de la esperanza, vienen a agitarnos. En fin, en este mueblo delicioso es donde olvidamos durante una mitad de la vida los pesares de la otra mitad” (cap. V). Esto es casi un tópico cartesiano. “Ya he dicho que me gusta singularmente el suave calor de mi cama y que su color agradable [blanco y rosa] contribuye mucho al placer que en ella disfruto”, goce que se deriva sobre todo de ser consciente de estar en la cama, dormitar, que no es lo mismo que dormir, “placer delicado y desconocido para muchas gentes” (cap. XIV).

  • La teoría del alma versus el otro, el salvaje, la bestia (cap. VI), como supuesto metafísico que explica la capacidad del autor de viajar con la imaginación y olvidarse del mundo, que queda en manos del otro, capaz de manejarse por su propia cuenta en el mundo material mientras el alma viaja por otro lado. No es un dualismo mente-cuerpo, sino un desdoblamiento puramente mental: la bestia no equivale al cuerpo, sino a un factor voluntario de la mente humana, la parte ejecutiva opuesta a la legislativa, que es el pensamiento capaz de evadirse del mundo. Esta capacidad evasiva tiene sus inconvenientes: el autor se ha quemado porque no estaba atento, inmerso en su propio mundo mientras la bestia actuaba según las rutinas establecidas, pero sin control ante los imprevistos (cap. VIII). Así se explican los despistes del alma pensativa, las caídas y los descuidos del sabio que está mirando siempre hacia otro lado. Al autor le sucede lo mismo que a Tales, se ha quemado con el hornillo por no estar atento, o se pone las prendas al revés, la casaca antes que el jubón, o sale a la calle sin espada (cap. XIV). Por otro lado, las ventajas de esta capacidad de desdoblamiento son muchas: el goce de poder desdoblar la existencia personal, poder llevar dos vidas y vivirlas las dos, “duplicar, por así decirlo, su propio ser” (cap. IX). No se trata sólo de poder estar donde de hecho no se está, con la imaginación, sino también de poder dejar a la bestia sumida en los afanes mundanos mientras el alma se desliza por esos caminos más libres, desdeñando todo tipo de fortuna material, para así elevarse por encima “de la multitud de los indiferentes que gravitan sobre el globo” (cap. X).

  • Sentido del humor que se destila del texto, muy en relación con la tradición iniciada por Sterne (“domina un sueva humor, manos marcado que en Sterne”, según Sainte-Beuve), mientras que su sencillez recuerda a Mme de Carrière. El retrato de su amada, Mme de Haut Castell, o de la joven Rosalía en lo alto de un montículo, consiguen que el autor se desvíe de su camino e incluso considere la posibilidad de abandonar su proyecto de viaje diario por su habitación. Tras dos capítulos sin poder decir nada, literalmente, salvo la palabra montículo, el autor consigue retomar su narración (caps. XII y XIII). Si al lector no le gusta uno de los capítulos del libro, sugiere el autor, por ser demasiado triste (cap. XXI), puede arrancar sus hojas del ejemplar que esté leyendo, o incluso echar al fuego el libro entero (cap. XXII). Ironía: el espejo como una pintura que a todos admira (cap. XXVII), donde se refleja el amor propio y siempre transforma la realidad del sujeto reflejado en una imagen idealizada. Hay más mujeres en el relato: Jenny, Eugenia. La mayor muestra del sentido del humor de Xavier de Maistre se manifiesta en las últimas páginas de su relato, al evocar un sueño en que se le aparecen Pericles, Platón, Hipócrates y Aspasia: “Decir por qué pensaba yo en estos cuatro personajes, de preferencia a otros cualesquiera, es lo que no me sería posible. ¿Quién puede explicar un sueño? Todo cuanto puedo decir es que fue mi alma quien evocó al doctor de Cos, al de Turín [el famoso médico Cigna] y al famoso hombre de Estado que realizó tantas cosas buenas y cometió faltas tan grandes. Pero en cuanto a mi elegante amiga, confieso humildemente que fue la otra quien la llamó. Sin embargo, cuando pienso en ello, me darían tentaciones de sentir un pequeño movimiento de orgullo, puesto que es claro que en este sueño el platillo de la balanza se inclinaba en favor de la razón en proporción de cuatro contra uno. Lo cual es mucho tratándose de un militar de mis años” (cap. XLII; el texto completo del último capítulo se ha digitalizado, en este enlace). Hay en este punto una crítica a la clase médica semejante a la que realiza Rousseau en el Emilio: Pel seu natural l’home sap sofrir constantment i mor en pau. Són els metges amb les seves receptes, els filòsofs amb els seus preceptes, els capellans amb les seves exhortacions, els que li envileixen el cor i li fan desaprendre a morir” (Emilio I, 33, edición en catalán de Eumo Editorial, Vic, 1985).

  • Los muertos son seres para el olvido (tema romántico, vinculado con Burke, Staël, Chateaubriand, etc.). De su amigo militar muerto dice: “¡Ah!, ¡nunca me consolaré! No obstante, su memoria no vive más que en mi corazón; no existe ya entre los que le rodeaban y le han reemplazado; esta idea me hace más penoso el sentimiento de su pérdida. La Naturaleza, indiferente por igual a la suerte de los individuos, vuelve a revestir su ropaje de primavera y se engalana con toda su belleza en torno del cementerio en que él reposa. Los árboles se cubren de hojas y entrelazan sus ramas; los pájaros cantan en la enramada; las moscas zumban entre las flores; todo respira la alegría y la vida en la mansión de la muerte; y la noche, mientras la Luna brilla en el cielo y yo medito junto a este triste lugar, oigo al grillo seguir alegremente su canto infatigable, escondido bajo la hierba que cubre la tumba silenciosa de mi amigo. La destrucción insensible de los seres y todas las desgracias de la humanidad no entran para nada en cuenta en el gran todo. La muerte de un hombre sensible que expira en medio de sus amigos desolados, y la de una mariposa que el aire frío de la mañana hace perecer en el cáliz de una flor, son dos episodios semejantes en el curso de la Naturaleza. El hombre no es mas que un fantasma, una sombra, un vaho que se disipa en los cielos...” (cap. XXI). No obstante, Xavier de Maistre manifiesta una cierta fe religiosa de fondo, una creencia en la vida tras la muerte.

  • El arte como persistencia, sobre todo la pintura (muy en la línea que sigue Staël en Corinne): “Quisiera decir de paso algunas palabras acerca de la cuestión de la preeminencia entre el arte delicioso de la pintura y el de la música; sí: quiero poner alguna cosa en la balanza, aunque no fuera más que un grano de arena, un átomo. Se dice a favor del pintor que deja algo que perdura; sus cuadros le sobreviven y eternizan su memoria. Se responde que los compositores de música dejan también óperas y piezas de concierto; pero la música está sujeta a la moda, y la pintura, no. Las piezas de música que enternecían a nuestros abuelos son ridículas para los aficionados de nuestros días, y se las pone en las zarzuelas bufas para hacer reír a los nietos de los que antaño les hicieron llorar. Los cuadros de Rafael serán siempre un encanto para la posteridad, como han hecho las delicias de nuestros abuelos. Ahí está mi grano de arena” (caps. XXIV y XXV).

  • Crítica social: ante un mendigo que le pide limosna, exclama: “¡Holgazán, váyase usted a trabajar!”, y añade: “apóstrofe execrable, inventado por la avara y cruel riqueza” (cap. XXVIII). El autor es también capaz de sacar lecciones de humanidad de su criado, Joanetti (cap. XXVII, y antes en caps. XVIII y XIX). También critica la opulencia de una ciudad como Turín, y el autor se fija en los pobres que pasan las noches de invierno en la calle, sean adultos o niños (caps. XXIX y XXX). Pero su concepción de la caridad no pasa del tópico cristiano: mitiga el sufrimiento de los pobres.



 ____________________________________________

FUENTES:



  • de Maistre, X., Viaje alrededor de mi cuarto. Madrid, Calpe, 1921. Traducción de Nicolás Salmerón. Es la edición que hemos utilizado para las citas.


  • Sainte-Beuve, C.-A., “Le comte Xavier de Maistre” [1839], en Xavier de Maistre, Voyage autour de ma chambre. París, Calman Lévy, 1897, pp. 1-46. Texto introductorio para esta edición de las dos expediciones de Xavier a Maistre. Publicado en 1839, es decir, casi 15 años antes de la muerte del autor, tras un encuentro entre ambos escritores, por lo que contiene información testimonial de primera mano. El texto de Sainte-Beuve pertenece a la serie de Portraits littéraires, y fue publicado en la Revue des Deux Mondes, en 1839 (vol. 18). La traducción de las citas es nuestra.


Auto Cad Tutorials