PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 12 de setembre de 2015

BURKE, LIBERALISMO Y RELIGIOSIDAD

Burke es tenido por intelectual afín al liberalismo más abierto, sobre todo a causa de su defensa de los colonos americanos, oprimidos por la política fiscal inglesa. Fue a raíz de la Revolución francesa que en Burke despertara el temor al desorden, y como resultado de ese temor, desmedido en tanto que aún no había signos de lo que sería el Terror, escribió sus Reflexiones sobre la Revolución francesa, publicadas en 1790. Uno de los aspectos en que mejor se manifiesta el inmovilismo de Burke es la defensa de la religiosidad en las clases populares frente a las propuestas ilustradas de secularización.
El hecho religioso es el mejor ejemplo de cómo se defiende la tradición, esto es, el orden político. En el hecho religioso se fundamenta la neutralización de los sectores sociales más propensos al cambio, los trabajadores sin propiedad, los campesinos sin hacienda, los artesanos asalariados. Por obra de la religión, el miserable no piensa en el cambio, sino que se consuela en ese pensamiento sin cuestionarlo, porque es el destino que la voluntad suprema le ha reservado y puede ser feliz en él. El prejuicio anula toda posibilidad de canalizar la acción social desde la crítica racional, porque el descontento no está tampoco racionalizado.
Burke es plenamente consciente de este mecanismo cuando afirma: 

"Los súbditos no han de encontrar los principios de subordinación natural en un sistema desarraigado de su mentalidad. Deben respetar la propiedad de la que no pueden participar; y, cuando encuentran _como ocurre generalmente_ que el éxito es desproporcionado al esfuerzo, debe enseñárseles la forma de encontrar consuelo en los últimos designios de la justicia eterna. Quienquiera que les prive de este consuelo mata su laboriosidad y corta de raíz toda facultad de adquisición y de conservación. El que obra así es un opresor cruel, el enemigo más ingrato de los pobres y abandonados; al mismo tiempo que, con estas malvadas especulaciones, expone el fruto de la laboriosidad floreciente y la acumulación de riqueza al saqueo de los negligentes, los descontentos y los fracasados" (pág. 250 de la edición de Rialp, 1989).





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