PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 16 de juliol de 2016

CÓMO ACABAR CON LA CULTURA (4)

La historia de Boris Pasternak (1890-1960) es quizás el mejor ejemplo de cómo desde el poder político y cultural puede agudizarse la marginación de un artista, a pesar de habérsele concedido el Premio Nobel de literatura. Pasternak fue obligado a rechazar tan alta distinción, bajo amenaza de no poder volver a entrar en la URSS, por haber escrito una obra maestra que no encajaba en los cánones estéticos del realismo socialista. No obstante, puede decirse que disfrutó de la mayor gloria para un autor, que consiste en que sus obras prohibidas sean difundidas clandestinamente y ávidamente leídas a escondidas de la policía política.

Pasternak en el Primer Congreso de
Escritores Soviéticos, en 1934
La biografía de Pasternak nos remite nuevamente a la comunidad judía, aunque de familia asimilada. Era hijo de un reconocido pintor y una pianista; el padre había retratado nada menos que a Tolstoy, Rilke y al mismísimo Lenin. El joven Boris se había iniciado en la composición musical pero acabó estudiando filosofía en Alemania, y pronto se decantó por la poesía. Ya en 1913 había publicado un poemario. Pero la guerra y la revolución alteraron esa incipiente carrera para llevarle a trabajar en una fábrica de los Urales, dado que su salud no le permitía ir al frente. No obstante, entre 1917 y 1922 publicó sendos poemarios que le hicieron ganar cierto reconocimiento entre los críticos. Al contrario que el resto de su familia, no abandonó la Rusia sumida en el caos revolucionario y en la subsiguiente guerra entre blancos y rojos, porque en esos momentos iniciales sintió el mismo optimismo que arrastró a tantos otros intelectuales progresistas por la vía de la revolución bolchevique. Aunque admiraba a Lenin, con el tiempo llegó a desconfiar profundamente del nuevo régimen.
¿Qué hace un escritor de origen judío, de educación burguesa y refinada sensibilidad artística en medio de la barbarie revolucionaria? ¿Es la poesía el medio de expresión más afín a las necesidades culturales de los bolcheviques? Ya hemos visto que no, ahí tenemos los ejemplos de Lélevich y Blok. De nuevo el simbolismo europeo y la avant-garde, que no encajan bien en la linea oficial de la estética bolchevique. Pero Pasternak es un intelectual muy activo y abarca numerosos campos: es un traductor empedernido. Durante toda su vida, incluso cuando ya ha sido desbancado del todo, alejado del mundillo, sigue traduciendo. Goethe, Shakespeare, poetas georgianos, un poeta coreano, Calderón de la Barca, etc. Alguien así tiene un enorme valor para su sociedad: está empeñado en hacer llegar a los que hablan su lengua la visión de otros pueblos y de otros tiempos, con los que poder compartir ideas y expectativas.

A finales de los años 20, en la época en que Benjamin visitaba Moscú, el Pasternak poeta aún está en la cumbre de su prestigio, inmerso en la corriente del optimismo revolucionario. Pero poco después se desengañará, cuando el realismo socialista se imponga sobre la libre creación. En 1934 se enfrentará a la realidad: su amigo el poeta Osip Mandelstan ha escrito unos versos satíricos contra Stalin, el famoso Epígrama, donde se manifiesta el clima de terror que se ha instaurado en la URSS. El poema es leído en reuniones privadas, pero ya no hay nada privado en la URSS, la policía política está en todas partes. Pasternak y Anna Akhmatova advierten a Mandelstan del peligro que supone hacer circular su poema, y poco después Mandelstan es detenido y sólo la intervención de Bujarin evita su fusilamiento inmediato, pero no resistirá la Gran Purga de 1938, de la que el mismo Bujarin será víctima, y morirá en un campo de concentración de Vladivostok.

Pasternak y Akhmatova
Durante estos años de terror, Pasternak temió por su vida, pero en realidad gozó de cierta fortuna, a pesar de no ceder ante las presiones políticas. Por ejemplo, se negó a firmar un manifiesto de la Unión de Escritores Soviéticos en favor del fusilamiento de disidentes. A pesar de lo cual nunca fue arrestado, mientras a su alrededor caían unos y otros. Se dice que Stalin no quiso ensañarse con él porque había traducido al ruso poetas georgianos, compatriotas del dictador, y hay indicios de que éste llegó a tachar el el nombre de Pasternak de una lista de fusilamientos previstos por los servicios secretos. Es más, entre 1933 y 1943 pudo seguir publicando gracias a un cierto relajamiento de la censura, siempre moviéndose en el filo del realismo socialista.
Paradójicamente, Pasternak comenzó a tener problemas con el poder a partir de la muerte de Stalin. En 1956 envió a la revista Novy Mir el manuscrito de Doctor Zhivago, que fue rechazado por no dar cuenta adecuadamente de los logros de la Revolución de Octubre.
La novela sólo vio la luz en traducciones al italiano, en 1957, y un año después al inglés y dieciocho lenguas más. Copias del original circularon clandestinamente en la URSS, por lo visto gracias a que la CIA colaboró en esta edición no autorizada. Pasternak sabe que la publicación de su novela en Occidente puede suponerle grandes problemas en su país, pero cree que el haber sido editada en Italia por Feltrinelli, reconocido comunista, atenuará la reacción de su gobierno. No será así. Es expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos, y se pide su deportación. Cuando en 1958 se le concede el Nobel de literatura, inmediatamente comienza una dura campaña contra él, en el más puro estilo estalinista, sobre todo desde periódicos oficiales, como Pravda. Algunos escritores, amigos de Pasternak, son forzados a escribir contra él. Si sale del país para ir a recoger el premio, se le amenaza, quizás no le sea permitido el regreso. Acabó renunciando a la distinción, pero siguieron las críticas, incluso des del otro lado, pues el disidente Solzhenitsyn le reprochó haber cedido tan fácilmente; desde medios sionistas se le acusó de haberse entregado a la causa de los asimilados; luego se le llamó fascista, espía de los emigrados blancos, etc. Sólo las protestas internacionales y un cáncer de pulmón evitaron una segura deportación.
Edición italiana
Pasternak murió en su dacha cercana a Moscú en 1960. Fue rehabilitado durante la perestroika, en los años 80, bajo el gobierno de Gorbachev. En 1988, la revista Novy Mir publicó la novela que había rechazado treinta años antes.


La edición clandestina


Novy Mir, edición de 1999

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