PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 11 de gener de 2014

REVOLUCIONES ENCADENADAS (1)

REVOLUCIONES ENCADENADAS

Una reflexión a propósito de la idea de Jacques Godechot sobre las revoluciones atlánticas


La tesis de Jacques Godechot es que la Revolución francesa está vinculada a otros procesos revolucionarios desatados antes, en otros países, en el último tercio del siglo XVIII. Con esta concepción se enfrenta a la ortodoxia historiográfica francesa, anclada en la escuela jacobino-marxista, que ve las revoluciones como procesos independientes y separados. Así, sostiene que la Revolución francesa no es un hecho aislado, nacional, sino un episodio, quizás el más importante, de un proceso más amplio y más largo, que afectó al mundo occidental entre 1770 y 1850.
Él mismo considera que esta idea no es original suya ni de su tiempo, sino que ya tiene un antecedente en Barnave, uno de los primeros cronistas de la Revolución, pionero con su Introduction à la Révolution française (1792-1793). Otro antecedente es para Godechot el sociólogo Auguste Comte, que apoyó esta idea al hablar de un proceso revolucionario occidental iniciado en la Edad Media y con un punto culminante en 1789, del que aún no se había vislumbrado el final en su época, mediados del XIX. Sin embargo, el desarrollo comtiano de esta idea no llegó muy lejos y fue superada por la concepción jacobino-popular, posteriormente recogido por la línea marxista, de una revolución aislada, particular, acotada en el propio proceso histórico francés. Sólo a partir de 1950 se vuelve la vista hacia la teoría atlántica, dentro del desarrollo de la historiografía revisionista: la consideración de una única revolución, la liberal o burguesa, que afectó a la vertiente atlántica de Europa y América del Norte.
Su tesis viene avalada por la relación de una serie de episodios revolucionarios que sacudieron los países occidentales atlánticos durante el período mencionado (1770-1850), y que Godechot considera episodios encadenados entre sí, de los cuales la Revolución francesa fue uno más, cada episodio particular tiene elementos específicos que lo hacen particular, de acuerdo con las circunstancias de cada país afectado. Esta sucesión de eventos revolucionarios, añade, basta para justificar la validez de su tesis de las revoluciones atlánticas encadenadas a un mismo proceso histórico, donde cada revolución particular responde a circunstancias específicas, aunque también a una serie de causas generales que afectan en conjunto a los países de las zonas implicadas, aunque de forma diferente. Estas diferencias explican por qué hubo o no revoluciones burguesas, y por qué fueron suaves o radicales. Estos elementos comunes son: la estructura social, los cambios demográficos, la estructura económica, el desarrollo cultural e ideológico y la evolución política. 
Sin embargo, Godechot establece un margen relativamente amplio para encajar la revolución francesa, entre 1787 y 1815, cuando en general se entiende entre 1789 y 1799. Esto ocurre porque para el autor francés el proceso revolucionario comienza a partir de ciertos desarrollos políticos no estrictamente revolucionarios, sino sólo reformistas. Por eso hay que distinguir entre reforma y revolución, ya que es posible que no todo lo que parece revolucionario lo sea.







En cualquier caso, parece evidente que, a la vista de los datos, la Revolución francesa no fue un episodio único, aunque sí especialmente virulento, sino uno más dentro de una sucesión de convulsiones sociales y políticas que pueden encuadrarse en un período determinado y un área geográfica concreta:
  • 1768, revolución democrática en Ginebra, que fracasa a causa de la intervención de una armada extranjera.
  • 1770-1783, Revolución americana e independencia de los Estados Unidos, que constituyeron un régimen republicano democrático, el más avanzado de su época. No se puede ignorar la influencia de este evento en el desarrollo de la Revolución francesa, no sólo a nivel ideológico sino también por el hecho de que muchos franceses fueron a luchar en favor de los rebeldes americanos y vieron in situ los niveles de libertad y derechos políticos de que disponñian los ciudadanos americanos. Además, algunos de los dirigentes militares que sirvieron en América fueron más tarde líderes revolucionarios, como La Fayette.
  • 1772-1789, el rey de Suecia se alía con campesinos y burgueses contra la nableza, y establece reformas políticas en su régimen.
  • 1780-1783, tumultos revolucionarios en Irlanda e Inglaterra. Irlanda pugna por conseguir la autonomía de Inglaterra, y en Inglaterra se lucha por una reforma parlamentaria que haga frente al autoritarismo de George III.
  • Revuelta de Gordon, en Londres, en 1780.
  • 1781, movimiento revolucionario de Friburgo, Suiza.
  • Revueltas en Ginebra, en 1782. Es el segundo intento, que fracasa nuevamete por la intervención de una fuerza extranjera.
  • Revueltas en las Provincias Unidas de los Países Bajos, en 1783, para evitar las pretensiones autoritarias del Statuder; la intervención inglesa y prusiana abortan el intento revolucionario.
  • 1787-1790, rebelión en los Países Bajos austriacos, insatisfechos con las reformas ilustradas de José II de Austria. Surge un partido democrático.
  • 1787-1815, Revolución francesa. Godechot establece un margen de fechas relativamente amplio, en tanto que considera el inicio del proceso a partir de ciertos desarrollos políticos no estrictamente revolucionarios, sino sólo reformistas. Aquí hay que distinguir entre reforma y revolución, porque quizás no todo lo que Godechot califica de revolucionario lo sea.
  • 1788-1794, Revolución polaca.
  • Revuelta de Reveillon, en Francia, a principios de 1789.
  • 1792-1795, Revolución belga, con ayuda de los revolucionarios franceses.
  • 1795, Revolución en Holanda, con la ayuda de tropas francesas. Se proclama la República de Batavia.
  • 1795-1797, Revolución en Ginebra, que esta vez sí triunfa, en manos de los jacobinos locales. En 1802, Napoléon convierte el cantón en un protectorado, el departamente de Léman, con capital en Ginebra.
  • 1796-1799, Revolución en diversos estados italianos.
  • 1797-1801, el ejército francés lleva la revolución al este de Mediterráneo: Grecia, Balcanes, Italia Egipto, Siria, etc.
  • 1798-1799, Revolución en Suiza, se proclama la República Helvética.
  • 1798, revuelta irlandesa contra Inglaterra, con tintes sociales y anticlericales. Los irlandeses son liderados por Wolfe Tone.
  • 1810-1815, el ejército francés lleva los principios revolucionarios a Europa Central, Prusia Oriental, hasta Rusia, y a España y Portugal.
  • 1810-1825, la invasión francesa de España lleva la revolución  burguesa e independentista hasta sus colonias americanas.
  • 1820, revoluciones liberales en Grecia, Italia y España.
  • 1830, revoluciones en Francia, Bélgica y Polonia.
  • 1848, revoluciones en Europa occidental y central.
  • 1849-1850, reacción contrarrevolucionaria, que busca la estabilidad política. La burguesía ya ha conseguido las equivalencias políticas de su poder económico. A partir de aquí, desarrollo del capitalismo industrial y de regímenes liberales que no cuentan con el proletariado. Hasta 1917, el régimen liberal no sufrirá más que débiles asaltos.

No hay duda de que podemos pensar que en la Revolución francesa se inician procesos determinantes de lo que será la posterior historia social occidental, que no se dan en los movimientos revolucionarios anteriores, que Godechot considera antecedentes y desencadenantes, puesto que habla de revoluciones encadenadas. Al revisionismo le gusta recuperar la idea de contagio revolucionario, tan querida de Burke. Pero desde luego no podemos desdeñar ese mapa de convulsiones que Godechot señala tan concienzudamente.



FUENTE:  

Godechot, J., Las revoluciones (1770-1799). Barcelona, Labor, 1974.
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