PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 15 de febrer de 2014

BOUGAINVILLE: los indígenas platenses (1767)

Seguimos con el relato de Bougainville, todavía anclado en el Río de la Plata. Está esperando la ocasión adecuada para zarpar rumbo a la Malvinas con la misión de retornar el establecimiento francés a los españoles, que lo reclaman. Dado que los reinos español y francés son aliados, se ha llegado al acuerdo con rapidez. Más adelante dedicaremos una estrada a esta interesante cuestión. En el siguiente fragmento, Bougainville describe a los indígenas que habitan la región bonaerense:


Los naturales que habitan esta parte de América, al norte y al sur del río de la Plata, son del número de los que no han podido ser todavía dominados por los españoles, y que llaman indios bravos. Son de mediana talla, muy feos y casi todos sarnosos. Su color es muy bronceados, y la grasa con que se frotan continuamente los hace todavía más negros. No tienen otro vestido que un gran manto de piel de corzo que les cubre hasta los talones, y en el que se envuelven. Las pieles de que está compuesto están muy bien curtidas; ponen el pelo para adentro y el exterior está pintado de diversos colores. El distintivo de los caciques es una banda de cuero con que se ciñen la frente; está recortada en forma de corona y adornada con placas de cobre. Sus armas son el arco y la flecha; se sirven también del lazo y de las bolas. Estas bolas son dos piedras redondas del tamaño de una granada de dos libras, encajadas una y otra en una banda de cuero y atadas a cada una de las extremidades de una tripa retorcida de seis a siete pies de longitud. Se sirven a caballo de esta arma como de una honda, y alcanzan hasta doscientos pasos al animal que persiguen.

Estos indios pasan su vida a caballo y no tienen morada fija, al menos cerca de los establecimientos españoles. Vienen algunas veces con sus mujeres para comprar aguardiente, y no dejan de beber hasta que la embriaguez les deja completamente sin movimiento. Para procurarse licores fuertes venden armas, pieles y caballos; cuando han agotado sus recursos, se apoderan de los primeros caballos que encuentran cerca de las casas y se alejan. Algunas veces se reúnen en tropas de doscientos a trescientos para robar bestias en las tierras de los españoles o para atacar las caravanas de los viajeros, asesinan y hacen esclavos. Es un mal sin remedio. ¿Cómo domar una nación errante en un país inmenso e inculto, donde sería hasta difícil encontrarla? Además, es tos indios son valientes, aguerridos, y ya no es aquel tiempo en que un español hacía huir mil americanos.

FUENTE: Bougainville, Viaje alrededor del mundo. Madrid, Espasa-Calpe, 1966, parte I, cap. II, pág. 34.
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