PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 20 de febrer de 2014

MATERIALES: los herederos de Descartes


La primera idea que encontramos referente a la escuela cartesiana es que no hay tal cosa, que, en rigor, Descartes no podía crear escuela. Sus seguidores, que desde luego los tuvo, o bien simplemente retomaban el camino trazado por él sin aportar nada nuevo, o bien acababan separándose paulatinamente de las conclusiones ontológicas cartesianas, aun siguiendo pendientes de muchos de sus principios. A los primeros de estos seguidores se les llama pequeños cartesianos (podemos considerarlos ortodoxos), y grandes a los segundos, aunque no cabe englobarlos en un sistema común salvo dentro del amplio margen del racionalismo del siglo XVII. Estos grandes son: Malebranche, Spinoza y Leibniz. Estos tres autores se separan de Descartes, pero sin Descartes ninguno hubiese sido lo que fue. Sus planteamientos se desarrollan a partir de conceptos elaborados por Descartes y frente a problemas que Descartes no dejó resueltos (sobre todo el referente a la relación entre las tres sustancias).



El dualismo cartesiano


El sistema cartesiano es dualista, pero en su tratamiento del problema de la relación entre las sustancias deja muchos aspectos sin resolver que el cartesianismo deberá hacer frente. De hecho, “toda su problemática es tributaria de la distinción entre el espíritu y la materia” (Rodis-Lewis): desde el dualismo original (Malebranche), desde una perspectiva monista (Spinoza) y desde una perspectiva pluralista (Leibniz). Todos estos sistemas se construyen a partir de la correlación entre las ideas y las cosas, con Dios como clave de bóveda para explicar de forma inteligible la interacción entre espíritu y materia, dos sustancias que son de diferente naturaleza y, por tanto, separadas.



La cuestión de la duda metódica


Uno de los asuntos que incumben a los autores cartesianos es la cuestión de la duda, con mayor precisión, la pérdida de fuerza de la duda como método. Los cartesianos siguen a Descartes en tanto que aceptan una serie de principios esenciales para una ontología racionalista, pero se separan de él en algunos aspectos del desarrollo de esa ontología. Uno de esos aspectos es la duda. La duda metódica fue una parte esencial de la crítica de Descartes a la filosofía aceptada, y sin ella no puede entenderse cabalmente la fuerza con que Descartes establece sus postulados positivos: si la duda es tan radical que me conduce a examinar rigurosamente las condiciones de la verdad hasta los límites de la racionalidad misma (argumento del genio maligno), entonces todo aquello que encuentre capaz de superar las condiciones de la duda gozará de una certeza capaz de resistir los ataques de los especuladores, y podrá fundarse así la ciencia sobre algo seguro.

Sus seguidores, al recibir como adquiridas las conclusiones del sistema cartesiano, pierden precisamente la fuerza de la duda metódica. Sólo Descartes comprometió la necesidad interna de certeza. Los postcartesianos partieron directamente de la plataforma construida por Descartes, principalmente los tres grandes. Ninguno de ellos revisa las verdades heredadas, como sí hizo Descartes. En este sentido, al debilitar el alcance de la duda y del cogito, estas formulaciones se separarán de Descartes. Carentes del revulsivo de la duda, dan al método matemático su mayor empuje. Ninguno de ellos conserva el momento de la duda, sino que parecen instalarse directamente en el terreno de la verdad. Pero no solamente eluden ese momento, sino que realizan una crítica explícita contra el mismo.

Para Malebranche, el punto de partida no es la duda metódica, pero tampoco se apoyará en un estricto formalismo lógico, sino que reclama el derecho a la digresión. No obstante, la deducción matemática es para él el prototipo del pensamiento claro y seguro. Tal seguridad puede manifestarse en las ciencias exactas, pero no en lo relativo al hombre: no tenemos una idea clara del alma, sino tan sólo un sentimiento confuso de sus modificaciones.

Para Spinoza, la convicción de andar por el camino de la verdad no es la duda metódica, sino la geometría, el análisis euclidiano de la metafísica expuesta en forma de encadenamientos de definiciones y axiomas. Mientras que Descartes ha partido de la afirmación del cogito, Spinoza lo hace directamente de la certeza de la existencia de Dios (o Naturaleza), pero este comienzo absoluto supone, sin embargo, que ya se admite la validez del método geométrico sin discusión previa.

Leibniz también sobrepasará los planteamientos cartesianos sobre la duda, apoyándose en la matemática, el cálculo universal. Para él, le método formal lógico siempre será más satisfactorio que el método de la duda. Leibniz parte de verdades indemostrables establecidas como premisas y fundamento de toda demostración ulterior. A su manera, reconduce y manipula el concepto cartesiano de la duda, originalmente terapéutico, para convertirlo en una relación de grados de asentimiento y disentimiento, con un sentido más retórico que metodológico.



Cartesianos ortodoxos


  • Robert Desgabets (1610-1678), teólogo cartesiano interesado en estudios médicos (pionero en temas como la transfusión de sangre). Cercano al empirismo. Divulgó el cartesianismo en París y Toulouse. Autor poco estudiado, sus obras no fueron impresas hasta 1983.
  • Reticus (Regis, pseudónimo de Sylvain Leroy) (1632-1707). Era teólogo, médico y profesaba la filosofía cartesiana a raíz de sus inclinaciones hacia la fisiología mecanicista. Iniciado en el cartesianismo por Rohault. Fue uno de los defensores de Descartes en Utrecht, en cuya universidad enseñaba. Por lo demás, la relación entre ambos no fue afortunada: mientras que Descartes lo consideraba como su mejor alumno, el médico malinterpretaba sus ideas (hombre como ser por accidente), y acabaron rompiendo y Regis inclinándose hacia el empirismo.

  • Jacques Rohault (1617-1672). Se le considera el mejor especialista en física cartesiana. Pronunciaba conferencias, y en 1671 publicó un tratado de física que tuvo gran resonancia. Murió en 1675 sin resolver los problemas que la física cartesiana planteaba frente a los desarrollos newtonianos sobre la gravedad, que Descartes rechazaba como una noción oscura.
    Rohaul



Ocasionalistas


Hay una serie de autores menores que avanzaron la idea del ocasionalismo, desarrollada en profundidad por Malebranche, autor de su formulación más precisa y elaborada. Se trata de autores como: 

  • Gerauld de Cordemoy (1626-1684). Seguidor de Descartes, pero dentro de una línea que acepta el atomismo, la indivisibilidad de ciertas partículas simples y extensas. Cercano a gassendistas y libertinos. Se interesó también en el tema del animal-máquina y su diferencia con el hombre (lenguaje). Su logro más importante fue, sin duda, la formulación más temprana del ocasionalismo (Rodis-Lewis, op. cit., pág. 65).
    Cordemoy



































  • Johannes Clauberg (1622-1665). Teólogo calvinista, comentarista de Descartes en Alemania. En sus escritos se vislumbra la idea central del ocasionalismo.
    Clauberg

  • Arnold Geulincx (1624-1669). Desarrolla el ocasionalismo en los Países Bajos, concretamente en Lovaina.

Arnold Geulincx





















  • Louis de La Forgue (1632-1666). Amigo y discípulo de Descartes, es uno de los primeros ocasionalistas franceses, introductor del término causa ocasional.
    Un libro de La Forgue

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FUENTE: 


G. Rodis-Lewis, Descartes y el racionalismo. Barcelona, Oikos-Tau, 1971.


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