FÉLIX DE AZÚA REAPARACE



«Nuestra cultura ya no aspira a elevar: solo a distraer y divertir»

ENTREVISTA DE ALBERTO G. PALOMO PARA ETHIC, JUNIO DE 2026


Félix de Azúa (Barcelona, 1944) nunca ha sido un intelectual cómodo. Desde su irrupción como parte de los «novísimos», allá por los años 70, hasta su larga trayectoria como ensayista y columnista, el escritor barcelonés ha convertido la discrepancia en una forma de estar en el mundo. Académico de la Real Academia Española, novelista, poeta y figura habitual del debate público, en su nuevo libro, ‘Un fraude monumental’ (Debate), vuelve sobre una de sus obsesiones recurrentes: la relación entre cultura, poder y simulacro. El gótico aparece aquí no como un simple estilo artístico, sino como una construcción ideológica que Europa ha rehecho una y otra vez para explicarse a sí misma. Y, de paso, para engañarse. Azúa enlaza las catedrales medievales con los rascacielos financieros, el feudalismo con las redes sociales y el sentimentalismo político con la decadencia cultural de Occidente. 


En Un fraude monumental desmonta algunas ideas románticas sobre el gótico. ¿Le interesa más destruir mitos o entender por qué necesitamos creer en ellos?

No pretendo destruir mitos. Es algo que requiere unas capacidades que no tengo. Sí que me esfuerzo por entender su necesidad y su actual encarnación, tan populista como trivial.

Sugiere que el gótico fue también una tecnología de poder. ¿Cree que hoy las democracias siguen necesitando grandes escenografías para legitimarse?

No fue una tecnología de poder hasta la llegada de la burguesía, a partir de la Revolución francesa. Antes de eso fue simplemente la creación de la ciudad moderna. Y, sí, las democracias han construido algunos monumentos memorables, como la Torre Eiffel, pero no hay suficiente fuerza mental como para construir otros.

LEER MÁS...


Comentarios

ENTRADAS MÁS VISITADAS EN LA ÚLTIMA SEMANA

KANT Y LA MENTIRA

INTELECTUALISMO SOCRÁTICO

VERDAD O MENTIRA, UN DILEMA

PROTÁGORAS: SUBJETIVISMO Y RELATIVISMO

BASES FILOSÓFICAS DEL LIBERTARISMO: ROBERT NOZICK