PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 9 de novembre de 2013

BURLANDO EL PRIMER EXILIO (1803)


A finales de 1802, Mme de Staël publicó una nueva obra, Delphine, donde se proponía plasmar algunas ideas que venía cavilando desde tiempo atrás y que llegó a desarrollar con mayor precisión más tarde, en su Corinne. Se refería en esta obra a la instintiva desconfianza que, según ella, los hombres albergan hacia la inteligencia de las mujeres; también defendía el divorcio y atacaba por ello a la religión católica. Era un ataque a la política del Concordato. Bonaparte replicó a través de su prensa oficial, que criticó la inmoralidad de la obra.

Es más, todavía sin atreverse a prohibirle expresamente residir en París, y como en el momento de la publicación de Delphine ella se encontraba en Coppet, Bonaparte le hizo saber oficiosamente que era más sensato y prudente para ella quedarse temporalmente allí.


Más tarde, a principios de septiembre de 1803, Mme de Staël tomó por su cuenta la decisión de regresar a pesar de la prohibición de establecerse en París que se le había insinuado. Por previsión. Se instaló en una villa del norte, en Maffliers, entre Luzarches, donde Constant poseía propiedades adquiridas años atrás, y Saint-Brice, donde Mme Récamier veraneaba. Desde allí había dado diversos pasos para obtener el permiso de residencia que se le iba a denegar. Había conseguido la ayuda de todo el mundo, incluso parece que, por primera vez, la de Mme Récamier. 
Pero así no había conseguido más que irritar violentamente a Bonaparte. Recibió la prohibición expresa de residir a una distancia de más de cuarenta leguas de París. Tras un mes de reclamaciones e imploraciones se resignó, pero sin renunciar a la lucha. De un día para otro se declaró abiertamente enemiga de Bonaparte. Comenzó una nueva existencia de movimientos errantes que, llena de nuevos brillos y ruidosas crisis sentimentales, se prolongó hasta el final del Imperio.


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