PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dissabte, 30 de novembre de 2013

RESEÑA: cartas de Pasolini (1997)


Reseña mía del libro recopilatorio de 
Pier Paolo Pasolini, Cartas luteranas 
(Madrid, Trotta, 1997). 

Publicada en Lateral en algún número de 1997.















Cuando Pasolini murió asesinado en 1975, había dejado numerosos manuscritos;  Ediciones Trotta ha publicado una recopilación de algunos de sus textos dedicados a la crítica social. Crítica, desde luego, no falta en este libro, y de la más mordaz que pueda leerse. Está compuesto de dos partes bien diferenciadas: Gennariello, un tratado de pedagogía inacabado _y es una lástima, porque el hilo se rompe justo en el momento de mayor tensión_; y las Cartas luteranas propiamente dichas, que recogen una serie de artículos publicados en la prensa, sobre todo en Il Corriere della Sera, en los que Pasolini analiza la situación política italiana.
  
Escritos con un estilo directo, con la espontaneidad del columnista apresurado, en ocasiones escandalizado y en otras consciente de poder escandalizar a algunos lectores. Pero Pasolini no se refugia en moralinas; dice lo que piensa. Su punto de vista es el del intelectual marxista, pero heterodoxamente marxista y heterodoxamente militante. Podemos apreciar en estos escritos la situación de un italiano que se resiste a reconciliarse consigo mismo y con su sociedad, porque sigue viendo fascismo en su país, sólo que cambiado de máscara. Si el poder autoritario clásico trataba de imponer una concepción moralista o religiosa de la vida, frecuentemente con violencia, el poder del nuevo capitalismo ha conseguido imponer su concepto hedonista de la vida casi sin esfuerzo ni violencia; de lo que no duda Pasolini es de que se trata una imposición.

Encontraremos, pues, una denuncia descarnada y pesimista del hedonismo de finales de siglo: el hedonismo es la rebelión contra las formas del capitalismo rígido y disciplinario _que en Pasolini tiene nombre propio: fascismo. Pero piensa que esta rebelión está protagonizada por el propio capitalismo, que es la auténtica gran revolución de la derecha. Ser hedonista y rebelde era, en 1975, y ahora lo sería aún más, una forma de entrega absoluta al nuevo orden de cosas, un acto de obediencia, basado precisamente en la rentabilidad del desorden.

La de Pasolini resulta ser una visión contrapuesta al optimismo de Lipovetsky, autor de La era del vacío, que sostiene que la rebeldía y la ruptura frente al capitalismo disciplinario a través del hedonismo consumista, es la clave para la preservación de la paz y la sociabilidad, y que el hedonismo es la vacuna contra las guerras y el totalitarismo. La era del vacío es eso, un vacío casi deshumanizado, insulso y superficial, pero sin el peligro de las guerras y las tentaciones totalitarias. Pero Pasolini protesta precisamente contra este optimismo, porque es capaz de intuir que es posible la combinación entre hedonismo y fascismo, que es el tecno-fascismo. Y el protagonista de esa combinación es la Democracia Cristiana italiana, que representa a la nada ideológica mafiosa. Por eso pide insistentemente el procesamiento de sus dirigentes, adelantándose veinte años a los acontecimientos.

Como alternativa a la decadencia social que ha provocado el hedonismo consumista, Pasolini prefiere los valores tradicionales, el desorden, la pobreza y el vitalismo napolitanos al racionalismo padano; prefiere la mafia antigua, honesta consigo misma, al vandalismo criminaloide y sin sentido de la juventud italiana de mediados de los 70. Sabe que la revolución consumista y hedonista ha transformado el vitalismo de los valores subproletarios en la mediocre languidez clónica del pequeño burgués contemporáneo, contagiando al proletariado en su descenso a los infiernos del consumismo hedonista y fútil.

Es esta, pues, una reflexión sobre la decadencia de la burguesía italiana, asimilada a la necesaria masificación e instrumentalización del consumo. Recuerda por su talante al análisis que Italo Svevo realizara a principios de siglo en su trilogía triestina, retratando la languidez y senilidad de la burguesía del norte.

Precisamente por la anticipación de sus planteamientos, tenemos en las Cartas luteranas de Pasolini un libro imprescindible para interpretar qué ocurre en Italia y en Europa hoy mismo. Algunas de sus observaciones sobre las diferencias entre el Norte y el Sur de Italia resultan muy sugerentes en estos tiempos de separatismo padano, y permiten ver que las diferencias entre el Norte y el sur de Italia se remontan a la época de la industrialización, cuando el Norte recibió las inversiones necesarias y la mano de obra del Sur, y al mismo tiempo, en muchos locales de Turín se prohibía la entrada a los terroni, los emigrantes subproletarios del Sur.



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