PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

divendres, 12 d’abril de 2013

HEMEROTECA: antropología urbana (2000)


Reseña del libro de Manuel Delgado, El animal público. Barcelona, Anagrama, 1999.



reseña mía publicada en lateral, febrero del 2000.


El interés por la diversidad cultural ha dado lugar a una imparable proliferación de estudios antropológicos dedicados a investigar las mil y una formas de la cultura humana. Sin embargo, a fuerza de concentrarse en las representaciones, se ha olvidado el escenario donde éstas se desarrollan. Los estudios empíricos, de campo, necesitan un fondo conceptual no tan empírico, vertebrador de los análisis que se realizan, y más aún si se trata de investigar las culturas urbanas, tan especiales tanto por su propia movilidad como por el escenario que ocupan, la ciudad.

El libro de Manuel Delgado, que ha obtenido el XXVII Premio Anagrama de Ensayo, pretende precisamente cubrir ese hueco en los estudios de antropología urbana. Tiene en cuenta la diferencia entre la ciudad y lo urbano; una cosa es el hecho empírico, el espacio físico en el que se unen los edificios donde habitan los humanos, y otra lo conceptual, las relaciones urbanas. Y puesto que lo urbano no nace simplemente de la suma de las casas que hay en una ciudad, este libro no es un análisis de las muchas culturas que florecen al amparo del escenario urbano, sino más bien un estudio de lo urbano en sí, como cultura, como forma de ser, como estrategia relacional. De esta manera puede entenderse cabalmente que la crisis de la ciudad no es sólo la degradación de sus centros históricos o de sus barrios periféricos: es sobre todo la decadencia del espíritu urbano.
 

El hecho de ser un texto con un fuerte componente conceptual no hace que este libro sea inaccesible. El autor recurre a múltiples fuentes, incluidas las literarias y cinematográficas, para explicar sus ideas, sin obviar la abundante bibliografía de fondo. El único reproche, acaso, es que todas estas interesantes referencias se encuentran dispersas en las citas a pie de página, y se echa de menos la correspondiente lista alfabética al final del texto.
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