PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 11 d’abril de 2013

HEMEROTECA: Debray habla a su hija (2001)

Reseña mía del libro de Régis Debray, El civismo explicado a mi hija. Barcelona, Muchnik Editores, 2000.


RESEÑA PUBLICADA EN LATERAL, FEBRERO DE 2001




El viejo rebelde da lecciones de civismo a su hija de dieciocho años. También asesoró a Mitterand. Es curioso que Debray, seguidor del Che en Bolivia, sea ahora maestro de la corrección política, él que había sido el eterno incorregible. Por eso, este pequeño tratado de ciudadanía puede crear ciertas expectativas. Seguramente generará desilusiones.

Para empezar, el título no está bien traducido; el original es La République expliquée a ma fille, y el engaño no viene tanto de confundir lo cívico con lo republicano, que tienen puntos en común, como de ocultar que Debray habla sobre todo de la república francesa. Es una comparación constante entre la civitas americana y la francesa, con el trasfondo de una confiada exaltación de lo público. Todo muy correcto, pero siempre barriendo para casa. De un ex-revolucionario se espera más causticidad y menos complacencia con el sistema.

Régis Debray, hace unos años


Debray deja de lado un terreno mucho más provechoso, quizá demasiado teórico para un guerrillero, pero en el que Debray se ha medido necesariamente a través de la acción pura. Se trata de los límites entre el civismo y la legalidad. El derecho es el garante de la libertad (como ya adelantaron los atenienses, es mejor vivir bajo el gobierno de la ley que bajo el poder caprichoso de los hombres), pero en ocasiones no coinciden lo legal y lo legítimo, y en esas ocasiones el civismo suele ser un obstáculo para hacer legítima la ley. Cuando hay una revolución no sirve de nada esgrimir la ley y llamar al civismo. Ya se sobreentiende que una revolución se hace contra la ley establecida para imponer otra ley supuestamente más legítima, de modo que toda revolución justifica su relativo incivismo para después establecer su particular concepción de la ley. El civismo, por eso, no es una valor absoluto: hay momentos en que lo hombres se superponen legítimamente a la leyes.


Actualización: eso es lo que sucede con el llamado escrache, que quizás no sea muy legal, ni siquiera democrático, e incluso puede suscitat dudas sobre su eticidad, y sobre todo puede ser considerado incívico. Pero se ha convertido en la única respuesta popular ante determinadas injusticias del sistema, a menudo legales. Cuando las leyes atenazan a las personas, hay que contar con que algunas de esas personas desemboquen en conductas incívicas, como acosar en masa desde la calle a un vecino, a un igual que ostenta ciertos privilegios políticos, económicos y sociales. Así que recomendamos que Debray vaya y le explique el civismo al hijo de un deshauciado. A ver si se lo cree.






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