PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dimecres, 10 d’abril de 2013

HEMEROTECA: Rawls & Habermas (1998)


LAS CLAVES DEL CONSENSO

Julia Tamiris



John Rawls

El gran problema de la filosofía política desde el final de la Edad Media sigue siendo la manera de conciliar el orden social y la estabilidad política ideales con la pluralidad real. Hoy este problema es más agudo por la creciente diversidad de opiniones e ideologías y por la atomización que las sociedades tardocapitalistas están sufriendo. Todo ello dificulta sobremanera cualquier intento de fundamentar el consenso político.


Este parece ser el cometido del último gran libro de Habermas, Facticidad y validez [1992], donde el autor alemán desarrolla una filosofía del derecho adaptada a los cambios que han transformado las sociedades modernas, organizadas verticalmente, en nuevos órdenes sociales organizados horizontalmente. Ahora las pluralidades se hallan todas en un mismo plano, donde pugnan todas y cada una como pretensiones de validez legitimadas para convertirse en hechos. La teoría política ya no puede recurrir tan alegremente a formulaciones conceptuales apriorísticas, ni establecer principios formales o normativos superpuestos a todo este magma comunicativo, porque lo fáctico ha conseguido acaparar la validez que en la modernidad estaba reservada a las ideas. La razón práctica ha salido debilitada después de varios siglos de creatividad al margen de lo fáctico, y ahora está pagando el coste de sus excesos. Ahora hay que fundamentar el consenso en algo que tenga cierta relación con los hechos.


Según Habermas, la solución puede estar en la posibilidad de establecer un marco de relaciones que favorezca un proceso de negociación y compromiso permanente, de manera que la validez de los acuerdos se pongan continuamente en contraste con la validez de los hechos. Aquí es donde entra en juego la teoría de la razón-acción comunicativa de Habermas, que sería el marco teórico sustitutivo de la fracasada razón práctica. En este espacio comunicativo, de carácter ideal, las normas de derecho desarrolladas por una comunidad pueden articularse y ordenarse en coherencia con el orden de los hechos, es decir, con un estado de cosas horizontal, en un consenso donde pueden confluir todas las pretensiones de validez. Se constituye así una comunidad ideal de interpretación del mundo, cuyos miembros se entienden entre sí dentro de un marco intersubjetivamente compartido, y a través de un procedimiento racional aceptado por todos.


Rawls, un pensador que viene del liberalismo y no está como Habermas, contaminado de influencias marxistas, también reconoce que el fundamento más adecuado para una teoría del derecho ya no puede ser el ideal apriorístico de la razón práctica, sino más bien algún tipo de procedimiento para lograr el consenso. La diferencia entre Rawls y Habermas radica una distinta concepción del procedimiento en el que se fundamenta el consenso. Rawls se presenta como un liberal que pretende explicar el fenómeno de lo político desde una perspectiva de neutralidad que no hay en Habermas. Éste es un pensador comprehensivo, es decir, formula una teoría política con unas raíces metafísicas de las que depende y con las que interpreta el fenómeno político sesgadamente. En cambio, la propuesta de Rawls puede equipararse con la actitud del relativismo, en el sentido de que su liberalismo político pretende ser una metaideología.







Jürgen Habermas


Es cierto que Habermas lleva su teoría del derecho a un terreno mucho más amplio, de mayor alcance crítico, y no oculta que en conjunto es una teoría de la racionalidad, pero también es cierto que Rawls cae en la tentación de considerarse al margen de las ideologías. Ser independiente de las doctrinas comprehensivas del mundo no equivale a carecer de un marco ideológico, pues el liberalismo también tiene una propuesta sobre cómo organizar el mundo y participa en la pugna política con otras ideologías. En este terreno son los otros los que deciden si eres un competidor ideológico o no.







En cuanto a la discusión sobre la naturaleza del consenso, este asunto constituye una buena parte del Debate sobre el liberalismo político, libro que incluye la crítica de Habermas al texto Liberalismo político de Rawls [1993, traducido al castellano por Editorial Crítica, en 1996], la respuesta de Rawls y la contrarréplica de Habermas. La diferencia entre los autores es casi de matiz, pero no por ello desdeñable. 

Habermas concibe el consenso como un proceso de discusiones libres y reales realizado entre personas libres, reales y vivas, que se atienen a unas reglas procedimentales. El resultado es un acuerdo dinámico, contingente, cambiante, regulable, pero que se apoya en un fundamento estable: el respeto a las reglas, a los procedimientos para que ese consenso sea válido. En Rawls, en cambio, el consenso es logrado por personal ideales, situadas en una posición original en la que no se sabe el resultado final y, por tanto, todos los participantes buscarán asegurarse un posición final digna y sostenible. Es un resultado estático, propiciado por una situación ideal a la que han de adaptarse luego la acción política y la práctica jurídica.



El debate entre Habermas y Rawls puede parecer anodino, pero no lo es. Ambos comparten principios filosóficos importantes (kantismo, democracia), aunque divergen tanto en sus orígenes intelectuales como en sus respectivos talantes personales. Sus pequeños desacuerdos reflejan el conflicto abierto entre el decadente idealismo moderno y el pujante realismo posmoderno: ni Habermas ni Rawls renuncian a la racionalidad, pero los dos se dejan tentar por la fuerza de los hechos.















DEBATE SOBRE EL LIBERALISMO POLÍTICO
Jürgen Habermas y John Rawls
Barcelona, Paidós / ICE de la Universidad Autónoma de Barcelona, 1998
Traducción de Gerard Vilar Roca
181 págs.

FACTICIDAD Y VALIDEZ
Jürgen Habermas
Madrid, Editorial Trotta, 1998
Traducción de Manuel Jiménez Redondo
690 págs.


Publicado en Lateral, nº 46, octubre 1998


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