PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 8 d’octubre de 2015

PROTÁGORAS, LA RETÓRICA Y LOS DISCURSOS DOBLES

Acerca de la teoría de los discursos dobles (antilógica), según Diógenes Laercio (Vidas IX, 51; también Clemente de Alejandría, Miscelánea VI 65), Protágoras fue el primero en sostener que sobre cualquier cuestión existen dos discursos mutuamente opuestos y que a todo razonamiento puede oponérsele uno contrario, y fue el primero en aplicarlos con quien departía. Que fuese el primero en esto puede atribuirse al interés de Diógenes por encontrar un inventor mítico o histórico de cualquier innovación técnica, artística o intelectual (prôtos heuretés).
Hay otros testimonios relativos a esta cuestión. Séneca (Cartas 88, 43) escribe sobre Protágoras que "sobre cualquier asunto es posible defender, con la misma validez, una tesis como su contraria". Esteban de Bizancio señala también que Protágoras "hizo del argumento más débil el más fuerte y que enseñó a sus discípulos a censurar y a alabar a la misma persona" (Esteban de B., s. v. Ábdera).
La teoría de los discursos dobles viene a sugerir que hay dos tipos de argumentación correcta:
  • El argumento válido, en sentido lógico.
  • El argumento persuasivo, en sentido psicológico.


A partir de aquí se dan cuatro posibles combinaciones:
  • Argumento válido y persuasivo (ideal).
  • Argumento no válido y persuasivo (peligroso).
  • Argumento valido y no persuasivo (inútil).
  • Argumento no válido y no persuasivo (inactivo).


Una de las conclusiones que se deducen de esta clasificación es que la verdad, en sentido estrictamente lógico no se impone por sí misma, sino que es necesario que sea atractiva para los que la reciben. El componente psicológico puede ser crucial en una confrontación entre posiciones sobre cualquier asunto.
Los discursos dobles generalmente se producen entre razones o argumentos válidos i ponen de manifiesto la capacidad de persuasión de dos ideas perfectamente defendibles desde un punto de vista lógico. Así que, en estas circunstancias, que son las habituales en una discusión política o ideológica, no se trata de encontrar qué argumento representa la verdad, ni quién tiene razón, sino quién tiene más razón o más razones a su favor.
Por otro lado, esta idea de los discursos dobles, tan propia de la retórica sofista, está directamente relacionada con el relativismo protagórico. Protágoras habla de ella en las Antilogías. Algunos autores ven en los discursos dobles una propuesta dialéctica como método filosófico: evitar el monólogo, el discurso monológico (aunque pueda ser siempre entendido como un diálogo interior) para buscar la discusión con otras propuestas, acercándose al estilo socrático que Platón hará germinar en su obra (pero no ha de entenderse que Protágoras copiara a Sócrates, puesto que ambos coincidieron en el mismo espacio y tiempo, sino más bien que compartieron un estilo y un talante que podría denominarse erístico. En esta coincidencia de estilos y espíritu puede entenderse la simpatía de Platón hacia Protágoras. De todas formas, del diálogo platónico también puede decirse que es un discurso donde distintas voces son coordinadas por un único ser pensante y una única mano escribiente, que crea discusiones donde se impone finalmente una de las voces, aunque en ocasiones se produce un empate técnico).
Otra propuesta de los estudiosos ve en los discursos dobles de Protágoras un método pedagógico, un sistema de preguntas y respuestas orientado a desenmascarar los argumentos del contrario, puesto que toda tesis tiene su contrario. Los discursos dobles pueden ser sencillos ejercicios de dialéctica con un fin no filosófico, sino puramente retórico.
Pero los discursos dobles no hay que entenderlos como un mero método pedagógico, sino sobre todo como un procedimiento eurístico (synerótesis), es decir, "un sistema de preguntas y respuestas encaminado a descubrir las razones opuestas que subyacen a cualquier experiencia práctica o intelectual acerca del mundo (Melero, pág. 83, notas 9-10, citando a Untersteiner). Es decir, que la dialéctica de Protágoras tiene mucho que ver con la retórica argumentativa, pero escasamente con la retórica discursiva u oratoria. Aquí se juega con la pugna entre argumentos, sean válidos o persuasivos. El retórico ha de saber usar cada par de argumentos, y puede adquirir la práctica necesaria a través de los discursos dobles como ejercicio. Con esa maestría conseguirá replicar cualquier argumento de su contrincante en su propio favor.
A partir de aquí hay que considerar tres elementos que definen la retórica de Protágoras:
  • Su aplicación judicial, como acusación vs. defensa.
  • Capacidad para convertir el argumento fuerte en débil o viceversa.
  • El retórico no juega con la verdad sino con la verosimilitud que subyace en el mundo de las apariencias. Esto puede hacer pensar que Protágoras menosprecia la verdad, pero en realidad se deriva de una concepción relativista de la verdad.



Aristóteles advierte que estamos ante un tema central de la sofística. En el uso de los discursos dobles radica la capacidad de los sofistas para convertir el argumento más débil en el más fuerte, a condición de que ni uno ni otro posean una verosimilitud absoluta, sino aparente. Aquí radica la fuerza de la retórica y la erística, y su uso explica "la razón por la que la gente, con toda justicia [opina Aristóteles], soportaba mal la profesión pública de Protágoras" (Aristóteles, Retórica II 24, 1402a ss; el fragmento es más amplio de lo que aquí hemos citado). No es necesario recordar que Aristóteles recoge casi literalmente parte de la acusación contra Sócrates, al ser tomado como sofista.

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