PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 14 de gener de 2016

LAS MEDITACIONES METAFÍSICAS DE DESCARTES (1641)

Renati Des-Cartes Meditationes de prima philosophia in qua Dei existentia et animae inmortalitas demonstrantur. Parisis, apud Michaelem Soly, via Jacobea, sub signo Phoenicis MDCXLI. Cum privilegio et Approbatione Doctorum.


La primera edición aparece en París, en 1641, escrita originalmente en latín y dedicada a los doctores y decanos de la facultad de Teología de la Sorbona. Esta dedicatoria es importante, porque en ella aparecen seis de las objeciones que Mersenne ya había formulado al autor, antes de la impresión del texto, y que Descartes aprovecha aquí para responder. Se trata sin duda de una dedicatoria planificada para conseguir la aprobación de las autoridades eclesiásticas, que no se consiguió aunque así consta en la portada de la edición de 1741.
Comienza esta dedicatoria aduciendo que en su obra plantea la demostración de la existencia de Dios y la separación entre el alma y el cuerpo mediante razones filosóficas, no teológicas, con la intención de convencer a los incrédulos con razones de peso, sin recurrir a la fe ni a la gracia divina, que a los incrédulos no les afecta. Se trata del típico argumento de la filosofía para defenderse de los posibles ataques desde la teología, más fuerte porque está aliada con el poder político. Descartes intenta alejar así toda posible sospecha, mostrando argumentos oficiales próximos a sus propios argumentos filosóficos, para así hacer visible que no se separa de las Escrituras y se mantiene fiel a las prescripciones de la Iglesia. No hay duda de que tras esta dedicatoria está la reciente condena contra Galileo (en 1633).
En esta dedicatoria se adelanta a posibles obstáculos, advierte que algunas personas no van a entender todos sus argumentos, a causa de los prejuicios que abundan contra la filosofía. Y finalmente pide la aprobación de la Sorbona para este libro, ofreciéndose a corregir todo lo que le señalen, considerando que esta aprobación dará credibilidad a sus argumentos cuando sean leídos por los ateos.
No hay duda, estamos ante una dedicatoria preventiva, acorde con la necesidad de agradar a unas autoridades eclesiásticas que conocen perfectamente los desórdenes que la duda puede producir en los espíritus. Así acaba la dedicatoria, paradójicamente, ya que en este libro se expresan con meridiana claridad los beneficios filosóficos de la duda.
A la dedicatoria siguen un prólogo y un resumen del contenido de las seis meditaciones siguiente. En el prólogo hace referencia a que en el Discurso, publicado cuatro años antes, trató las cuestiones de Dios y el alma de forma superficial, lo que obligaba a una discusión más profunda una vez establecido el método adecuado para ello. Menciona también que la razón de haber escrito las Meditaciones en latín, y no en francés, responde precisamente a que se trata de un texto más erudito y dirigido a eruditos, ya que no debe estar al alcance de los no doctos.

Hay una segunda edición de las Meditaciones en 1642, impresa en Amsterdam, incluyendo las séptimas objeciones, obra de Bourdin. Hay una variación en el título: Meditaciones sobre la filosofía que prueban la existencia de Dios y la distinción entre el alma y el cuerpo del hombre.
En 1647 aparece la traducción al francés, obra del duque de Luynes. Recoge un conjunto de siete objeciones, cuyos autores fueron: las primeras, de Catero (¿?); segundas y sextas, de Mersenne; terceras, de Hobbes; cuartas, de Arnauld; quintas, de Gassendi; y séptimas, de Bourdin. Las objeciones y las respuestas son traducidas por Clerselier, y la edición fue revisada por el propio Descartes. Es aquí donde por primera vez se usa el título de Meditaciones metafísicas.
En particular, las Segundas Objeciones, de Mersenne, contienen siete partes, en las cuales aborda problemas clave de la formulación cartesiana: la distinción entre mente y naturaleza, la crítica a los argumentos sobre la existencia de Dios, la circularidad del sistema cartesiano, el problema de Dios como garantía del conocimiento humano, la crítica a los criterios de claridad y distinción, y la crítica al olvido cartesiano del tema de la inmortalidad humana, siendo que se anuncia al principio las Meditaciones en su edición latina.

Estructura. La estructura de las Meditaciones sigue linealmente el desarrollo de la filosofía cartesiana:
1ª meditación: la duda metódica.
2ª meditación: el cogito y la res cogitans.
3ª meditación: la existencia de Dios.
4ª meditación: el criterio de verdad.
5ª meditación: esencia de las cosas materiales y argumento ontológico.
6ª meditación: se demuestra la existencia de las cosas materiales y se señala la diferencia entre cuerpo y alma.





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