LA PARADOJA DE CONDORCET
«Condorcet conservó su fe en que la humanidad es mejor que los humanos que la encarnan y seguirá desplegando sus mejores promesas a pesar de ellos»
FERNANDO SAVATER para The Objective, diciembre de 2025
Hace bastantes años, atravesé un período de entusiasmo ilustrado. Por entonces tuve que traducir a Voltaire y Diderot, principalmente por razones pecuniarias pero en parte también por gusto. Leía todo lo que caía en mis manos sobre el Siglo de las Luces, me aficioné (por influencia de mi amigo Cioran) a la correspondencia de las doctas libertinas que regían los salones parisinos, peregriné a Ferney y hasta perpetré una novelita sobre Voltaire (El jardín de las dudas). Me habían hablado mis educadores tanto contra éste que no pude resistirme a su seducción, aunque mi preferido ideológicamente fue el sensual e imaginativo Diderot.
Pero en cuanto biografía, la que más me impresionó siempre fue la del considerado último de los grandes de la época, el único colaborador de la Enciclopedia y amigo de todos sus principales creadores, que participó activamente en el acontecimiento revolucionario que derivó de ella y trastocó el orden europeo: el marqués de Condorcet al que quizá no le hubiese gustado que me refiriese a él mencionando su título nobiliario. Otros títulos de nobleza intelectual y humana desde luego no le faltan, porque fue filósofo y matemático, secretario perpetuo de la Academia de Ciencias, antiesclavista, feminista, anticlerical, projudío, proprotestante, político reformista con Turgot durante el final de la monarquía y después protagonista durante la Revolución en la Asamblea Legislativa, de la que fue representante por París llegando a secretario de la misma.

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