BASES ETOLÓGICAS DEL SALUDO HUMANO
Buena parte de la conducta social humana puede atribuirse a su animalidad desde un campo de estudio que puede ser intermediario entre la psicología social, la antropología cultural y la sociología, es decir, desde la etología humana, que estudia los rasgos de la conducta humana equiparables a los rasgos de la conducta animal. De esta manera, lo humano ya no se contempla como una inusual singularidad, como un salto desde la animalidad, sino como una prolongación de lo animal en lo humano, que acaba disfrazándolo bajo formas culturales.
La
etología humana...
"Por
su manera especial de plantear los problemas, la etología ilumina facetas poco
observadas del comportamiento humano y pretende con ello contribuir a la
autocomprensión del hombre. Orientada hacia otras disciplinas, se esfuerza así
también por entablar el diálogo con las demás ciencias del hombre."[1]
Los
estudios de Lorenz sobre la agresividad, por muy controvertida que sea su
extrapolación a lo humano, son un buen ejemplo de que no es del todo errado
suponer una conexión entre lo humano y lo animal.[2]
Los
estudios de Eibl-Eibesfeltd inciden más aún en esta cuestión, puesto que
relaciona aspectos de la conducta humana más cotidiana con la conducta habitual
de nuestros antecesores primates, es decir, que elementos que hoy consideramos
como manifestaciones culturales remiten a formas de hacer observadas en
primates actuales.
Este
autor, discípulo de Lorenz, detecta formas de saludo mediante contacto físico
que siguen patrones similares y ampliamente difundidos entre diversas culturas,
por lo cual no se puede atribuir a un proceso de contagio de una cultura
dominante sobre otra dominada. En general, el autor considera que pese a toda
la variedad de formas de saludo, se puede suponer que hay una base conductual
innata y de fondo hereditario (herencia evolutiva o filogenética, no la
puramente genética, que es individual). Todos los movimientos son similares en
todas partes y también lo son las reglas de procedimiento y la función del
ritual, que es la de generar vínculo social; todo ello induce a pensar en la
presencia de estructuras regulares innatas. Pero queda pendiente resolver cuál
es la base biológica de los rituales de saludo, pero tal cosa necesita de una
minuciosa observación comparativa, que es escasa. Como se verá en los sucesivos
ejemplos, es posible referir conductas humanas actuales a conductas semejantes
en primates:[3]
·
Dar la mano. No es una influencia europea, hay
testimonios de que siempre se han saludado así en diversas zonas de Nueva
Guinea, desde antes de la llegada de los europeos. Pueden encontrarse
variaciones en la forma ritual de darse la mano. Hay formas de saludo similares
en los chimpancés.
o
En la zona del lago Koprano, se sacuden dos
veces las manos y luego se sueltan con un impulso hacia abajo.
o
En la región de Telefomin, se entrelazan los
dedos índice y corazón con el dedo corazón del otro, y se impulsan las manos
hacia abajo, repitiendo la operación hasta tres veces.
o
Entre los kukukuku se estrechan las manos
y se saludan varias veces, se forma similar a los occidentales.
o
Pueden darse casos de entrelazamiento de los
antebrazos.
o
Entre los biami y los daribi se
dan un apretón de manos, también usual entre los occidentales. Al soltarse
chasquean el dedo corazón contra la palma de la mano y ha de oírse el
chasquido; en caso contrario se entiende que hay una falta de fuerza y el error
es acogido con burlas. Las mujeres se dan la mano sin chasquear los dedos. Este
ritual de comparación de la fuerza física se da también entre los occidentales,
pues al estrechar la mano hay que apretar para que el otro sienta nuestra
fuerza. En Homero se describe esta costumbre, y también aparece en la Biblia.[4]
·
El abrazo. Se produce también durante el saludo
amistoso. Se suele pasar un brazo por el hombro del amigo, y el otro brazo por
su cintura, y se acarician ambos, brazo y cintura. En algunas culturas sólo se
da entre miembros de un mismo sexo, pero en otras puede ser intersexual;
también es habitual entre parientes cercanos. Los chimpancés también se saludan
con abrazos.[5]
o
En la región de Goroka, y entre los bena,
se abrazan personas de ambos sexos, apretándose mutuamente con la región
genital y exclamando: serokowe, que puede traducirse como me como tus
heces.
o
En Samoa, el abrazo incluye un apretón de
mejillas, como entre los occidentales.
o
Los abrazos de niños a sus madres son
importantes, porque pueden considerarse como formas primitivas y más cercanas a
lo natural que otros saludos más ritualizados, son espontáneas y cercanas a lo
animal (natural), menos ritualizadas o aprendidas (cultural)[6].
En tales casos, se observan similitudes en todas las culturas humanas.
·
El beso. De amplia difusión entre pueblos
primitivos, también registrado en textos antiguos, como la Biblia, Herodoto,
Platuarco, etc. Algunos ponen en duda su vigencia, e incluso creen que es una
alternativa excluyente del saludo con la nariz. Eibl-Eibesfeldt piensa que el
beso es el resultado de la ritualización de una práctica mucho más arcaica y
animal, la alimentación boca a boca. En general, todas las poblaciones besan y
miman a sus hijos pequeños. Los chimpancés también se besan, por lo que es "probable
que ese comportamiento humano, igual desde el punto de vista formal, tenga
viejas raíces y esté por lo tanto ampliamente difundido".[7]
o
Los persas se saludaban entre iguales con un
beso en la boca, mientras que el inferior saludaba al superior con un beso en
la mejilla.
o
Los romanos no admitían el beso en público, ni
siquiera entre familiares.
o
En Papúa practican el beso como saludo, en
combinación con el abrazo. Entre hermanos puede darse el beso en la boca, entre
madre e hijo también, y esto desde antes de la llegada de los europeos. Los
kukukuku y los woitapmin besan en las mejillas y la cabeza, también las madres
a los hijos. No es tan frecuente el beso de los hombres a sus mujeres, pero sí
al revés.
o
Hay que resaltar que el beso cariñoso se
practica entre grupos étnicos de los que se presuponía que lo ignoraban. Otra
cuestión es el beso con carácter sexual: o se trata de un tema tabú, del que no
se habla, o ha sido reemplazado por el restregarse las narices.
·
Saludo con la nariz. Versión olfativa del beso,
dado que se intercambia arire, una especie de aspirar el olor del otro.
Puede tener varias versiones o rituales, pero en generales trata de una íntima
demostración de amistad. Esta práctica se da entre poblaciones de Polinesia y
alcanza a pueblos del norte, esquimales y lapones. Hay varias opciones:[8]
o
Tocarse las narices mutuamente, y restregarlas
una con la otra.
o
Tomar la mano del otro y restregarla en la
propia (referido por James Cook sobre los neozelandeses, en 1784).
o
Entre los esquimales del estrecho de Behring se
saludan palpándose varias veces con ambas manos desde el rostro hasta el
vientre, como contrapartida del tópico saludo con la nariz.[9]
·
Saludo con los ojos. Mediante el levantamiento
de cejas, gesto de afirmación como aceptación del contacto social. También se
produce una inclinación de la cabeza, movimiento de sumisión, reverencia
limitada a movimiento de la cabeza o como sí de aprobación, que con el tiempo
se transforma en un mero si afirmativo.[10]
·
Caricias en escroto y pene. Es una forma más
ritualizada de saludo. Puede tener un carácter de familiaridad (derivado de la
costumbre de acariciar el escroto a los hijos lactantes), pero sobre todo
implica un cierto grado de sumisión en el saludante (por ejemplo, cuando
también se roza el ano del saludado con el dedo y luego se lleva a la boca,
entre los chimbu de Nueva Guinea). También ocurre si el saludante ha de exponer
un deseo apremiante a un superior.[11]
·
Compartir el tubo de fumar. Es otro ritual de
vínculo. Entre los biami se da de forma ritualizada, como ofreciendo amistad a
los visitantes. Los hombres de la aldea ofrecen su tubo a los visitantes,
simultáneamente, cosa que se considera de buena educación. Pero los hombres no
pasan el tubo a las mujeres, sino que son ellas las que lo hacen entre sus
compañeras. El autor afirma no haber visto nunca fumar solo a nadie. El tubo de
fumar desempeña un gran papel en la vida cotidiana de los biami[12].
Se puede comparar este ritual de vínculo con los que siguen los fumadores de
hierba, en el intercambio de canutos.
[1] Eibl-Eibesfeldt,
El hombre preprogramado. Madrid, Alianza, 1977 (1973), pág. 17.
[3] Eibl-Eibesfeldt,
op. cit., págs. 211 ss. y 220-221.
[4]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 212.
[5]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 215.
[6]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 217.
[7]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 217.
[8]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 217.
[9]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 220.
[10]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 201.
[11]
Eibl-Eibesfeldt, op. cit.,
pág. 218.
[12] Eibl-Eibesfeldt, op. cit., pág. 220.
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