LA CONTROVERTIDA TESIS DE HENRI PIRENNE

 


La irrupción del Islam en Occidente alteró sustancialmente la relación tradicional de Europa Occidental con Oriente, a través del Mediterráneo, situándola en una posición en que nunca, desde los albores de la historia, había estado: aislada, con un mar cerrado. Las invasiones germánicas no causaron cambios semejantes, porque simplemente fragmentaron la estructura política del Imperio romano, pero siguieron dependiendo del Mediterráneo para asegurar todos los intercambios económicos y culturales, como había sucedido hasta entonces. La invasión musulmana, sin embargo, cerró el mar a los pueblos cristianos y, con ello, todo lo que el mar proporcionaba y aseguraba. Por esto, el centro de gravedad europeo se desplaza al norte, y por ello, no por azar, los francos se convierten en el elemento central de la Europa de esta época. Es este el momento de inicio de la Edad Media, y no el tradicionalmente aceptado, el momento de la caída de Roma ante los bárbaros, en 476.

De ahí la otra tesis de Pirenne: sin Mahoma, no hubiera existido Carlomagno, al menos como figura central de la política en la Europa Occidental del siglo IX. Esto remite a uno de sus principales textos: Mahoma y Carlomagno (publicado inicialmente en la Revue Belge de Philologie et d’Histoire, vol. I, 1922, pp. 77-86; puede leerse el artículo en este enlace.

Este desplazamiento hacia el norte se aprecia al comparar el gran peso que tenía el Mediterráneo entre los merovingios, frente a la dinastía carolingia, desde el golpe de Estado de Pipino el Breve contra el rey merovingio Quiderico III, en 752), que rompe con la tradicional relación de los francos con el mar. Cuando su hijo Carlomagno es coronado emperador, en el año 800, de un Sacro Imperio Romano Germánico, cree estar recuperando la tradición antigua, pero en realidad la está rompiendo, señala Pirenne. El nuevo Imperio tiene de romano su vínculo con la Iglesia, pero nada más. Carlomagno se inclina hacia el Atlántico y el centro de Europa. El llamado renacimiento carolingio es más bien anglosajón, se aleja del mediterráneo y de Italia. Es un imperio continental que no se comunica con el exterior, y derivará en una situación de completo aislamiento.

Pirenne sostiene que las diferentes reformas y leyes promulgadas por Carlomagno tenían varios propósitos, pero no el estímulo de una economía que aspirase a recuperar el vigor anterior, vinculado al comercio marítimo. Critica Pirenne a los historiadores que ven a Carlomagno como un genial visionario. “Se ha pretendido, sin embargo, que Carlomagno realizó una política económica de amplia visión. Esto es atribuirle unas ideas que, por muy genial que se le considere, es imposible que tuviera […]. Estamos tan acostumbrados a considerar el reinado de Carlomagno como una época de renacimiento, que tendemos inconscientemente a suponer un progreso en todos los aspectos. Pero, por desgracia, lo que es cierto con respecto a la cultura literaria, al estado religioso, las costumbres, las instituciones y la política, no lo es respecto a la circulación y al comercio” (Pirenne, págs. 28-29).

Esta tesis es seriamente discutida por historiadores coetáneos: la decadencia comercial ya se había iniciado con fuerza antes de las invasiones musulmanas, como resultado de un proceso de empobrecimiento en la Europa occidental iniciado en el final del Imperio romano (Jacques Heers). En general, aún se discuten las razones por las que la economía de la Europa occidental se decantó por el norte (Berlioz, reseña de “Mahomet et Charlemagne” d'Henri Pirenne, L'Histoire, no 297,‎ abril 2005), a lo que se podría añadir el papel de la Peste Negra en la decadencia de los puertos mediterráneos, a partir del siglo XIV, pero eso es muy posterior al momento a que se refiere Pirenne (Jacques Le Goff et Jean-Nöel Biraben, La peste dans de Haut Moyen Âge, revista Annales. Économies, Sociétés, Civilisations, vol. 24, no 6,‎ 1969, p. 1484-1510). Por otro lado, se sostiene la tesis de que en el momento carolingio hubo un auténtico renacimiento, no solo cultural sino también económico, basado precisamente en la reforma monetaria de Carlomagno (el paso del uso del oro a la plata, aceptadas tanto en el norte de Europa como en el ámbito musulmán (Lombard). También se alude a que los contactos comerciales en el Mediterráneo nunca cesaron tras las invasiones musulmanas (sin embargo, los datos que aporta Pirenne son bastante precisos: el cierre de un puerto como el de Marsella es muy significativo en este proceso de decadencia comercial).

La tesis de Pirenne puede verse reforzada a partir de este estudio contemporáneo, de Frank Jacops (2026), en este enlace.


REFERENCIAS: 

Henri Pirenne,  Las ciudades de la Edad Media. Madrid, Alianza, 1972, cap. 1. (1927)

 

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