LA DISTRIBUCIÓN ESCOLAR EN VIGILAR Y CASTIGAR DE FOUCAULT



En el siglo XVII, la distribución escolar que regía entre los jesuitas se basaba aún según el esquema de los ejércitos romanos: centurias divididas en grupos de diez o decurias. Pero a partir del siglo XVIII, “sobre todo a partir de 1762, el espacio escolar se despliega en delineamientos obligatorios” para procurar: homogeneidad en la clase; elementos individuales, dispuestos uno al lado del otro; hileras o filas en clase, formando pasillos; alineamiento de los grupos por edad; sucesión de las materias enseñadas, según orden de dificultad creciente. Cada individuo se mueve a lo largo de esta múltiple parrilla de elementos según su edad, rendimiento, conducta, méritos, etc. 

Innovación: se crea un puesto serial que permite superar los inconvenientes del sistema anterior: cada alumno ocupa un lugar, lo que facilita el control de cada cual y del grupo a la vez. Nueva economía del tiempo de aprendizaje, la escuela concebida como una máquina, una máquina de enseñar y de aprender (así como de vigila, jerarquizar, recompensar y castigar (referencia a J. B. de La Salle, Conduite des écoles chrétiennes, primer manuscrito data de 1706). 

Es decir, se trata de organizar el espacio para asegurar la identificación de todas las distinciones, esto es, para poder llevar a cabo una clasificación de la diversidad académica y conductual:

  • Colocar a los alumnos según su nivel de conocimientos o competencias, pues los que llevan la misma lección ocupan el mismo lugar.
  • O según el valor de cada uno, la bondad de su carácter, su aplicación, su higiene.
  • O según la fortuna de sus padres, un banco para los ricos y otra  para los pobres, para evitar que se mezclen y evitar el contagio de parásitos (¿metáfora salesiana?). 
El lugar asignado es fijo y decidido por el docente, que ejerce la función clasificadora. Con ello se pretende construir cuadros generales que pueden ser sometidos a registro, como una contabilidad, se pueden inspeccionar y vigilar, permitiendo constatar presencias y ausencias, distribuir enfermos o escolares según su grado de gravedad o aplicación, que viene a ser lo mismo a efectos clasificatorios: una manera de ocupar celdas. Estos cuadros son, a la vez, una técnica de poder y un procedimiento de saber.

La cuestión primordial: hasta qué punto la escuela actual sigue anclada en estos mismos esquemas de control y poder.


FUENTE: Foucault, Vigilar y castigar, Disciplina, cap. 1, págs. 149-151.

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