LORENZO VALLA Y LA REFORMA RELIGIOSA
En esta obra presenta diversos argumentos para deslegitimar aquel acto político de Constantino:
- Argumentos jurídicos: carece de legitimidad, pues el emperador no tenía prerrogativas para dividir el Imperio, ni el Papa para recibir bienes temporales.
- Argumentos eclesiásticos: tal decisión es incompatible con el Evangelio.
- Argumentos psicológicos: tal decisión es incompatible con el interés de los hombres herederos del Imperio.
- Argumentos históricos: ausencia de testimonios complementarios o documentos paralelos; la historia real posterior a la donación muestra la continuidad del poder de los césares.
- Argumentos filológicos: el documento es falso, no puede ser del siglo IV, su supuesta datación real, debido a su estilo bárbaro y deteriorado. Es una burda falsificación.
Valla
aprovecha su análisis para criticar la situación de la Iglesia en su momento,
consecuencia de un proceso de corrupción iniciado dos siglos atrás, como ya
dante denunciara.
Alejandro
VI (Borgia) y Julio II, entre 1490 y 1513, intentaron hacer de la sede papal un
Estado fuerte, recuperando ciudades independientes e incorporándolas a los
territorios pontificios. Los argumentos de Valla se certifican con estas
acciones, y es a partir de aquí que comienzan los ataques más contundentes
contra la Iglesia, desde Lutero hasta Erasmo. Lutero, por ejemplo, aprobó en
1517 la edición impresa del Defensor Pacis de Marsilio de Padua y la Declamación
de Valla.
Por
otro lado, en su De professione religiosorum, Valla analiza la vida
religiosa y el sentido mismo del hecho religioso. Contrapone los términos laico
y religioso, dando mayor firmeza al primero y devaluando lo piadoso. Los
votos y virtudes clericales no lo son tanto, la vida laica es digna, el
ascetismo no es signo de virtud. Postula un primitivismo, una vuelta a la
antigua cotidianeidad, sin diferencias entre laicos y clérigos. La virtud no
solo es accesible a los clérigos. También critica la pretendida excelencia del
voto de pobreza, advirtiendo del carácter parasitario de los religiosos. La
excelencia se debe más a la acción, al riesgo, mientras que el clérigo deposita
en este voto su renuncia a la acción a cambio de una seguridad, mientras otros
se ocupan de ella. Así, pues, la vida religiosa no es sinónimo de piedad y
virtud.

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